PORTADA  

 

 
      
  Othlo
Othlo / Humanidades / Pensamiento
 
 

 

Opina en el foro.

Contacta y opina con otros colaboradores de Othlo en la lista de correo.
Suscríbete al boletín de novedades de Othlo.
Colabora en Othlo.
 

 

FILOSOFÍA DEL VACÍO.
Apuntes introductorios para un ensayo de la nada

Gabi Romano
Foro de Pensamiento “errans sophia
gabiromano@fibertel.com.ar
Buenos Aires, Argentina

 

 

Conocer, esa aventura del adentro que nos relanza hacia afuera interrogándonos sobre la frágil definición de lo que se funde del afuera en los adentros y se cimienta del adentro en lo que deviene afuera, nos mueve la barca de las ideas hacia las mareas, los remansos o las tormentas si el puerto ha sido la Nada o el Vacío. Problematizar la Nada y su fusionado par, el Vacío, ha sido asunto propio de la delimitación de los opuestos y de un complejo proceso de invisibilización socio-histórica de los contrarios. Desde esta perspectiva puede afirmarse que la Nada y el Vacío, como campos de discusión, han ofrecido sus territorios para buena parte de las batallas epistémicas contra las máscaras categoriales del Absoluto.

La Nada, lugar de lo inconcebible para el eleata Meliso de Samos(1.) no se halla demasiado lejos de la militancia antivacuista de la metafísica del siglo XVII (2.). Pero recordemos también que la Nada ha sido atesorada voz donde se corporizó nocionalmente la angustia en un Heidegger, que torna a la filosofía interrogación estética y poética de sí. Al amordazado paso de la Nada por entre los conceptos de la Antigüedad de occidente hubo asimismo de oponérsele el lugar axial tomado por el Vacío –sunnyata- en la milenaria tradición filosófica oriental. ¿De allí que resalte la juntura Nada/Vacío como constituyente de un tipo de unidad discursiva contradictoria y multirreferencial que se remonta al principio de la historia de las ideas? Individualizar críticamente los tópicos de esta juntura es desbrujularse por entre un vasto territorio enunciativo que implica seguir los derroteros del Vacío. Un recorrido que, necesariamente, requiere de la apertura de interrogaciones varias acerca de las sucesiones y simultaneidades de sentido que configuran tal pliegue discursivo.

El oficio de pensar el Vacío estará signado por un continuo juego de remanencias singulares y transformaciones, por un arte de arqueologizar la especificidad discursiva de la Nada, por una estética del conocimiento equivalente a formular el cuerpo mismo de una episteme del Vacío. Bajo las complejas máscaras de la muerte, de la existencia, del Ser, del deseo, del amor, del ateísmo, del sexo, de la locura, o de la cosmogonía, los signos del Vacío y la Nada se presentan ante la mirada a veces lúcida, a veces ciega, de los microscopistas del pensamiento. De los peripatéticos a Deleuze, de Nietzsche a Vattimo, de Chuang Tzu a Sartre, de Buda a Heidegger, de los estoicos a Badiou, los concurrentes a la “Filosofía del Vacío”, lejos de instituir una ficticia intención de dar con el grund de la vacuidad, abren visibilidad a componentes epocales compuestos por dispersiones, por ráfagas de hiancias, poderosas cristalizaciones significacionales y campos relacionales siempre en estado de apertura, siempre debilitados por la fuerza multiplicante de la semántica plural de la Nada. Descartada entonces la estéril pretensión de dar con un origen definitivo de la idea del Vacío, esta misma renuncia no nos priva de propiciar la aventura de intentar dar con varias primigenias enunciaciones donde se bordea su naciente.

Poner en obra un pensar del Vacío, he allí una tarea de tensión en la que ensambla una tríada de preguntas que operará como soporte de un espacio reflexivo cuya intención intelectiva es intentar nuevos tránsitos por el resbaladizo laberinto que componen la Nada y el Vacío.

¿Es posible enunciar/verificar la existencia de una paleontología del Vacío respirando bajo los escombros siempre prófugos de la Nada? ¿Constituyen acaso, la Nada y el Vacío, cuerpos conceptuales isomórficos fundidos en lógicas de sentido que los amalgaman? ¿O acaso de trata de territorios de ideas suficientemente diferenciados como para constituir cartografías categoriales propias con poca -o ninguna- tangencialidad significacional?

Hacia éstos y otros posibles puntos de interrogación se dirigirá la ambición de incerteza de filosofar a orillas del Vacío.

Debilitada la barrera entre el sujeto cognoscente y el objeto por conocer, la interioridad se torna superficie del pensar y lo pensado se subjetiva en una alternancia poco apta para espíritus afines a la ordenada cuadrícula de la centrada ratio. En su juego de espejos frente al espejo, la Nada. En su espejo dentro del juego de los espejos, el Vacío. La Nada, esa mirada ciega que compone con su transparente lobreguez el reflejo en que ha de mirarse el Vacío, nos empuja abismalmente al mundo de los reflejos, de las ilusiones, de las superficies, de las intensidades, de los simulacros. Es que perecería ser que a la Nada, como al sol, no debe vérsela de frente. De allí esta enferma vocación de occidente por velar, por re-cubrir con la siempre fina capa del sutil engaño, los polifónicos rostros de das Nichtige(3.), pues si de cegueras se trata, la elección de nuestro sistema de creencias ha inclinado siempre la balanza a favor de la negación de los “agujereado”, el pánico ante las cavidades interrogantes, la entronización de lo lleno, lo pleno, lo visible, la materia, lo que es no más que otra forma de decir, la iluminadora Verdad. Desenmascarada la severa deformación, la voluntad de creer y la mentira como formas socialmente aceptadas de alteración perceptivo/cognitiva de lo real, la Nada es asunto inherente del Da-sein. Puesto que la illusio tiñe con su tinta los libretos del teatro de las fábulas tranquilizadoras, toda ficción ocultante procura distanciar de sí la incomodidad inmoral de las preguntas incisivas, apartando junto a éstas en un mismo movimiento, a los molestos Tiresias. La búsqueda de un “conocer” acerca del par Nada/Vacío -en tanto camino signado por la lógica de la exploración- obtiene de los indicios y huellas (por otra parte dejados tras el decaimiento del carnaval de las mentiras moralmente correctas y febrilmente sostenidas por los profetas de las hoy evanescentes completudes) sus primeras pistas. Lo pleno, lo lleno, lo Absoluto, lo todo, lo Uno, ofician como estrecho –pero profuso- camino estertóreo desde el que rastrear el lugar de depotenciación y amordazamiento de las ideas sobre el vacuismo.

Pero en esta dificultosa travesía encaminada a una posible arqueología del Vacío, mucho ha de sorprender y desorientar a quien incursione en su pantanoso territorio. Huellas dentro de huellas, abundancia de paradojas, dilución de precisiones vocabulares, restos invisibilizados por la historia de las ideas, vestigios semánticos que han perdido su rostro inicial, velos debajo de velos, y múltiples señales borrosas forman parte llamativa del lodo en el que, en más de un ocasión, se ofició la asfixia del Vacío. Siglos de cerrazón aristotélica no bastaron, no obstante, para firmar el Acta de defunción de la Nada. Una y otra vez, desde el contrapoder de las ideas, desde los márgenes subversivos, desde la férrea voluntad de los desfabuladores de la ciencia y la filosofía, desde las grietas de los saberes alternos, el Vacío y la Nada recobraron su silencioso pero valioso relato nunca del todo extraviado.

Una generosa disposición a onmibus dubitare es prerrequisito necesario pero insuficiente para un abordaje inicial de la Nada y el Vacío. ¿Se trata de conceptos desemejantes, diferentes o antinómicos? ¿Son intersustituibles parciales, sinónimos o signos cuyas cadenas de sentido poseen una independencia completamente ajena a la intersección? Resbaladizas inquietudes provenientes de las movedizas arenas del “tal vez”. ¿Qué disposición existenciaria se requiere para analizar el par Nada/Vacío? Pensar la vaciedad en cualquiera de sus dimensiones requiere de una decidida actitud de búsqueda, de sed, de hambre inhabitual por los encuentros con verdades polimorfas. Actitud de arqueólogo, pero también de constructor y artesano de pequeñas piezas. Ejercitación lúdica donde conviven la osadía, la sabiduría y el conocimiento entendido como μάθημα -mathesis. De allí que lo “filosófico” se dé cita en este recorrido enraizándose a través de la griega pareja vocabular que, nunca más exacta en su condensación, alude en sí a la alianza entre phileo –amar- y sophia –sabiduría-. ¿Y qué es sino radicalmente “filosofar” sino la agónica y voluptuosa decisión de dar un paso hacia el Vacío?

Pero he aquí que esta travesía hacia las vacuas regiones de la Nada se encuentra, ya desde su frágil puerto de partida, anegada por las aguas de lo insustancial, lo invisible, lo inconsistente ... en suma, de lo innegable. Dificultad no menor para nosotros, seres nacidos de las fauces de un occidente tributario del tiránico positivismo de la visión, de lo que “puede ser visto-tocado-mensurado”. Lumínico reino de la Razón donde el misterio de la pregunta por la serie opuesta a la antedicha (o sea, lo que “no puede ser visto-ni tocado-ni mensurado”) ha sido capturada bajo el nombre del dios epocal de turno y fijado a la producción veritativa a través de la trabazón absolutista de las respuestas teo-obturantes y sus derivados. Somos afortunados hijos e hijas bastardos de un espíritu de conocimiento tan abarcativo como esclavo de sus multiformes soberbias totalizantes, que habiendo entronizado en nuestras prácticas y deseos la tangibilidad de la materia hemos quedado en ese mismo acto atrapados por la crónica imposición de cierta lógica de la consistencia. Y es que el imperio de lo tangible acompaña su hegemón con la física fascinación por la luz (y con ella, por lo lumínico visible). Devoción por narcisistas completudes, culto a la sustancia, afán de producir materia deseante, obsesión por la negación de nuestro ser-para-la-muerte. Esta topología elemental de la consistencia y todas sus definiciones circundantes, opera como tablero sobre el cual se arman las partidas del pensamiento. Topología restrictiva, pues funciona apriorísticamente en la imposibilidad de lanzarnos hacia una episteme de la intangibilidad, de lo inconsistente, de lo no-visible, de lo inlumínico, de lo incompletable, de lo de-sustancializado, de lo sin-sentido, de lo no-sujetable al concepto de materialidad tradicional, o en definitiva, de la muerte.

Recupero aquí una feliz expresión deleuziana: la tarea de hoy es poner en circulación la “casilla vacía”. Tarea que desterritorializa y rompe lo regulado en el campo del pensar. Poner en circulación el Vacío y sus “”casillas” nadificadas será desdelimitar lo capturado por las imposiciones de sentido, imaginarizar nuevos horizontes para lo posible de ser pensado y, por ende, romper el largo sueño de lo que duerme bajo toda forma de denegación, de interdicción, de silenciamiento.

Hoy la nomádica Nada y el desértico Vacío son pasibles de ser nominados(4.). La exploratoria travesía a través de la naditud y el vacuismo empujan nuestras atentas orejas y nuestra sensibilidad intelectiva hacia una apreciación de la bifrontalidad de la vida, hacia la integración de otros composibles para la comprensión de lo “vital”, en tanto en ese viaje exploratorio prime una analítica capaz de sostenerse en tensión respecto de las disyunciones inclusivas que la habitan.

 

Nada es
donde todo es nada.
Nada.
Ni el feroz encanto de la belleza
ni la podredumbre de lo que fenece
ni su gusano
ni el ala
ni el viento
ni el roce
ni ese cercano resplandor
del que nace el calor
de saber
frágilmente
que aún
somos.  

Es vacío
vital
todo.
Todo.
Vacío es el cuerpo que se yergue
insolente de intemperie
vacío
el cielo que no nos corona
el destino inexorable de lo tocado
la más estremecida valva
el último signo elegido.
Todo
vacío
es.
Y nada
es
apenas
vacío.
Paradoja que duerme en la paradoja.
Simpleza que desata la simpleza.
Palabra que roza la palabra.  

Nada eres,
vacío,
y por ti
de ti
emerge la vendimia
de todo lo que es
aún siendo
lo que eres
pues nada es
donde todo es nada.
Nada.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Andrés, Ana, El lenguaje del vacío, en www.anaandres.com

Badiou, Alain. La ética, en revista Acontecimiento, número 8, Escuela Porteña, Bs. As., 1984.

Pierre Bourdieu. Le Sens pratique, París, 1980. Ed. de Minuit, (El sentido práctico. Madrid, Taurus, 1991).

Choses dites, París, 1987. Ed. de Minuit, (Cosas dichas. Buenos Aires, Gedisa, 1988). 

O poder simbólico. Portugal-Brasil, Difel-Bertrand, 1989. 

Beckett, L.C. A partir du Rien - Vide et Physique contemporaine -, en Le Vide, expérience spirituelle en Occident et en Orient. Monográfico, Hermès. Nouvelle série, 2, 1989, p. 316-327.

Bombassaro, L.C. As Fronteiras da Epistemología, Como se Produz o Conhecimento, Vozes, Petrópolis, San Pablo, 1992.

Bréhier, E. L´idee de neat et le probleme de l´origine radical dans le neoplatonisme grec, Revue de Metaphysique, 26 (1919), 1955.

Deleuze, Gilles, Felix Guattari El Antiedipo, Ed. Barral, Barcelona, 1973.

Derrida, Jacques. Posiciones, Pre-Textos ed., Valencia., 1977.

Foucault, Michel. De Nietzsche, la genealogía, la historia – En La verdad y las formas jurídicas, Gedisa, Bs. As., 1989.

Heidegger, Martin. Die Zeit des Weltbildes, [1938], en Holzwege, 1950. (trad. La época de la imagen del mundo, en Sendas perdidas, Ed. Losada, Buenos Aires, 1960).

El Ser y el Tiempo. Trad. José Gaos, México : FCE, 1951 (reimp.1987). [ed. orig. Sein und Zeit, 1927].

Nishitani Keiji. La religión y la nada, Ediciones Siruela, Madrid, 1999.

Panikkar, Raimon. El cero, en Papeles de la India, 1975.

Sunyata et pleroma: la réponse bouddhique et chrétienne à la situation humaine, en Panikkar, Le dialogue intrareligieux, París : Aubier Montaigne, 1985. [ed. orig. "Sunyata and Pleroma: The Buddhist and Christian Response to the Human Predicament", en Religion and the Humanizing of man, J.M. Robinson (ed.), Waterloo, Canada : Council on the Study of Religion, 1972.

Ribas, A. En los límites de la realidad: el vacío, en Mundo científico, La recherche, Nro. 202, junio de 1999.

La discutible craetivitat, en Cua dernos de Estudio y Cultura , Nros.9/10, desembre 1998, (traducido del catalán)

Sartre, Jean Paul. El Ser y la Nada – Ensayo de Ontología Fenomenológica, Trad. de Juan

Scavino, Dardo. Nomadología (Una lectura de Deleuze), Ediciones del Fresno/1, Buenos Aires, 1991.

Nietzsche, Friedrich. La genealogía de la moral, Madrid, Alianza, 1975.

Zerpa, Marcela. Nietzsche y la verdad – en Perspectivas Nietzscheanas Nro. 5 y 6 1998

 

NOTAS:

1. Meliso de Samos. Sobre la naturaleza o sobre el ser. En Parménides, Heráclito – Fragmentos, Historia del pensamiento, ediciones Orbis, Hyspamérica, Aguilar, Bs. As., 1983.

2. Vale aclarar en este punto que s i bien el Vacío como componente estructural del cosmos es una de las nociones centrales desprendidas de los postulados newtonianos, las luchas por la imposición de sentido respecto del Vacío tuvieron sus escaramuzas iniciales mucho tiempo atrás. Por mencionar algunos de estos antecedentes verdaderamente contrahegemónicos dentro de la filosofía de la ciencia, merecen un apartado especial dentro de la antigua cultura griega filósofos pre-científicos cuyas ideas atomistas sentaron de algún modo las bases para la futura física molecular: Leucipo (450-370 aC), Demócrito de Abdera (470?-380? aC) y Epicuro (341 - 270 a. C) , como también el poeta romano Titus Lucretius Carus (94?-55? aC), (quien escribió el poema épico De Rerum Natura) forman parte del “contrahegemón” desafiante del horror vacui antiguo. Siglos después, Pierre Gassendi (1592-1655), Torricelli (1608-1647), Pascal (1623-1662) y Guericke (1602-1686) desde el corazón de la modernidad europea polemizaron en torno a la idea de Vacío contra la postura antivacuista sostenida por la metafísica del siglo XVII encarnada en filósofos como Hobbes (1588-1679), Spinoza (1632-1677) , Descartes (1596-1650) y Leibniz (1646-1716). Ya en otro plano, e indisociable de la polémica creacionista, la teoría evolucionista de Darwin (1809-1882) quiebra la ligazón (cerrazón...) teología-antivacuismo abriendo todo otro nuevo frente de argumentaciones en torno al principio ex nihilo nihil fit.

3. Das Nichtige, traducible como “la nadeidad”.

4. Considerando a la Nada/Vacío como “campo de pensamiento”, utilizo aquí la expresión “nominación” en el sentido que Bourdieu da al término y en tanto la nominación compromete una deconstrucción de las especies de capital puestas en juego ese campo dado, los intereses de poder que desarrolla cada enfrentamiento simbólico de ideas, las posiciones engendradas por el juego de capitales intervinientes, etc. Bourdieu, desde la misma teoría de los campos, genealogizará las transformaciones y reproducciones, subversiones y conservación de las oposiciones características de ese campo. La lucha por la nominación y el poder de nombrar será, desde esta perspectiva teórica, un objeto de lucha semántica y simbólica singular.

 

GABI ROMANO

Gabi Romano nació en Buenos Aires, Argentina en 1966. Ha sido docente universitaria e investigadora en la Universidad de Buenos Aires. Como escritora, poeta y ensayista ha participado en compilaciones y en diversas producciones escriturales, en algunas de las cuales ha obtenido distinciones y premios. Desarrolló actividades en investigación literaria en el “Fondo Nacional de las Artes”. Desde el año 2001 dirige el Foro de Pensamiento “errans sophia”, un espacio de reflexión crítica sobre filosofía, ideas y literatura desarrollando desde allí investigaciones innovadoras sobre temáticas referidas a la Nada y el Vacío, la Epistemología del Amor y otros tópicos infrecuentes. Actualmente trabaja en investigación y docencia sobre “Estudios del Tango” en el espacio TangoStudies.

 

 

 



OTHLO
Revista electrónica

Asociación HuSe
CIF: G18538876
http://www.othlo.com
othlo@othlo.com
TF: (0044) (0) 7778379805
Manchester
United Kingdom

 
Dentro de
OTHLO:

 
Sobre
OTHLO: