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TOCAR FONDO.

Ana Belén Garrido Sendín
Madrid, España

 

El pasado 22 de agosto, mientras echaba un vistazo al periódico “El País”, encontré una noticia sobre Argentina (escrita por Alejandro Rebossio desde Buenos Aires) que decía, textualmente: “La audiencia elige quién trabaja. Dos parados argentinos compiten por un empleo en el concurso del Canal 13 'Recursos humanos'. Hasta ahora, los concursantes de televisión competían por dinero, fama, viajes o electrodomésticos. Los cuatro años de crisis de Argentina, con un paro del 21% y la mitad de la población por debajo del umbral de pobreza, han llevado a que el objeto de deseo sea un puesto de trabajo. Ésa es la recompensa que ofrece todas las tardes, de lunes a viernes, el Canal 13 de Buenos Aires a uno de los dos candidatos del programa "Recursos humanos". Como premio de consolación, un seguro médico. El espacio arranca con la emisión de sendos reportajes donde se resume la aciaga existencia de los dos aspirantes. Amigos y familiares relatan los sufrimientos del desempleado y exaltan sus virtudes. A continuación, el presentador, Néstor Ibarra -un prestigioso periodista local-, interpela en el plató a los dos parados para conocer su grado de aptitud para el trabajo en liza. Finalmente será la audiencia, por teléfono, quien designe al ganador”. (Artículo completo en http://www.elpais.es/articulo.html?d_date=20020822&xref=20020822elpepirtv_1&type=Tes&anchor=elpepirtv )

Mi asombro fue infinito. Después de que siempre había pensado que, tras "Gran Hermano" en sus numerosas ediciones internacionales, la televisión mundial había tocado fondo, ahora veía que la hipocresía humana podía ir aún más allá. No cabía imaginar que algo tan vil y rastrero pudiera gestarse en la mente de un grupo de periodistas, creadores del concurso. Qué decepción…

Me preocupa pensar que un puesto de trabajo, en un país económicamente destrozado, en el que hay semejante índice de pobreza y tal porcentaje de paro actual, por no mencionar sus 132.000 millones de dólares de deuda externa (con suspensión de pagos, por cierto), se haya convertido en un premio a ganar en un concurso televisivo donde, además, el juez es la audiencia cuyo criterio de selección, como bien sabemos, se basa mayormente en criterios de afinidad, simpatía y similares.

Esto plantea varias líneas de debate. Entre ellas, por ejemplo, la vileza que supone el jugar con las necesidades de una población en una situación tan lamentable y de un modo mas lamentable aún, la falta de moral de semejante concurso. Simple y sencillamente, indignante…

Todavía habrá quien piense que está muy bien que el premio sea un trabajo, gente que lo vea como una obra de “caridad”, todo un acto de buen samaritano por parte de los empresarios, pero quizá deba percatarse de que el trabajo es, y debe ser, un derecho, nunca un premio para un privilegiado. ¿Y qué hay del segundo premio, un seguro médico? Deplorable, al igual que deplorable es que aún haya países, en este mundo nuestro, donde no exista un sistema de seguridad social y sanidad pública.

Jamás entenderé como algo tan sumamente importante para todos, como el trabajo o la asistencia médica, puede ser un premio en un concurso de televisión ni cómo se puede jugar de un modo tan despreocupado y rastrero con la gente necesitada. Al igual que tampoco entenderé cómo la sociedad argentina se somete a semejante vejación.

Por otro lado, está el hecho de que Artear e Ibarra y Asociados, productores del programa, están recibiendo ofertas desde países como Estados Unidos (cómo no), Brasil, Israel y Reino Unido. Probablemente, el dinero que generará la exportación del formato recibiría una mejor inversión si fuera una donación internacional, desinteresada y a fondo perdido, destinada a fomentar la creación de puestos de trabajo de un modo digno y a sanear la economía del país. Pero claro… esto es un show y es igual dónde quede la dignidad del participante mientras el programa tenga un share increíble y los anunciantes se “peguen” por colocar su publicidad en los intermedios del programa.

Todavía Néstor Ibarra, declara: ‘A mí no me parece denigrante: no le pedimos a la gente que se desnude', y es cierto: solamente consiguen que el aspirante al puesto y su familia se humillen contando sus penalidades y lloren ante la cámara casi rogando y suplicando. 'Buscamos ponerle nombre al 21% de los desempleados', añade Néstor Oregón (ambos son creadores de semejante aberración). ¿¡No saben estos ‘señores’ que la dignidad de las personas también reside en lugares que poco o nada tienen que ver con desnudarse delante de una cámara!?. Y claro… cuando la necesidad aprieta, a veces es igual lo que uno tenga que llegar a hacer o a parecer, mientras pueda llevar las habichuelas a casa…

A fin de cuentas, esto acabará siendo una vuelta de tuerca más, que nunca debería haberse dado y que la masa aceptará como algo fabuloso, nuevo, genial, altruista… La mayoría de la gente pensará que es un bonito gesto por parte de las empresas, movidas, como siempre, por intereses que poco tienen que ver con el bien común aunque lo parezca (más bien se acercan a ese típico ‘primero yo, luego yo y si queda algo, para mi’)… pero me consuela pensar que, aunque sean pocas en proporción, aún quedan, y siempre quedarán, voces disidentes y cerebros pensantes que guiarán la cruzada contra semejantes insultos hacia la integridad humana.

 

 



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