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ALMÁCIGO 4
EN TIEMPO DE GUERRA II

Pablo Mora
http://www.poesia.org.ve
http://www.poiesologia.com
moraleja@telcel.net.ve
San Cristobal, Venezuela

 

Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra

La guerra la paz la paz la guerra

La guerra se agiganta con los siglos

en sus fauces carga el alarido de los hombres

La guerra conoce la maldad del hombre

desde que éste apareció en la tierra

La guerra se empecina en llenarnos

de ruinas y de pestes todo el universo

La guerra acaba con los sueños

de los bosques los jardines y los mares

La guerra acampa en cada aldea en cada pueblo

siempre que el hombre enceguecido la desata

A la guerra juega el niño con su hermano

inocentes de los dolores de la guerra

La guerra enfurecida llamarada

cercena la esperanza de la tierra

infatigable arrasa los rediles

que tantos soles costaron al pastor

encandila las praderas

donde siembran los hombres su ilusión

La guerra se ha olvidado de la paz

aturdida como está de tanta guerra

La guerra se apoderó del mundo

infernales son las noches de la guerra

A la guerra sólo la detendrá la misma guerra

sin que quede rastrojo ni sembrado alguno

Después de la última guerra

inútil será el sol sobre la tierra

Después quizás sea tarde

para comenzar de nuevo el sueño

Después tal vez no conozca

la tierra nueva vida ni nuevo florecer

El sol alumbrará desiertos

donde convivirán piedras con arena

Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra

La guerra la paz la paz la guerra

Una década de paso

los hombres en plena guerra desafiándose

en espera del primer ataque

ya listos los rehenes

Una Navidad exasperada

con poquísimos ribetes de paz

Tal nuestro sueño y tales nuestros días

En una barahúnda de amenazas

van los hombres decididos a acabarse en el primer encuentro

En verdad

de poquísimos segundos

depende el inicio fatal de la catástrofe

Todos la presienten ninguno la sopesa

Cada quien prepara la ofensiva o la defensa

cuando ésta ya no cuenta

Llamarada final estallará por todo el orbe

y arderán montañas llanuras y sembrados

Vendrán desolación llanto y alarido

Y si algunos se salvaren

será para tener que soportar

las plagas y el destierro

ya sin tierra

Una sola muerte

acechará a la vuelta de los días

que serán tan pocos como su propia suerte

de sobrevivientes finiseculares

Genios maléficos se apoderarán del mundo

y una nueva creación brotará del fondo de la tierra

y de todas las simas infinitas de los mares

Darwin empezará a tener razón de nuevo

En no se sabe cuántos días el mundo renacerá

y la tierra de promisión

será totalmente pródiga

como para que los hombres

empiecen a pelear de nuevo

Nada nuevo se verá bajo aquel nuevo sol

si una raza parecida a la nuestra volviera a aparecer

Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra

La guerra la paz la paz la guerra

La guerra que a todos nos preocupa

parece que será la última guerra

y no tendremos tiempo de saber de su espesor

Cuando más una que otra mariposa

algunos pececillos perdidos en la cuenca

o un colibrí venido de los cielos

se encargarán de recrear el universo

Y no habrá forma de convencer al hombre nuevo

si lo hubiera

que la paz dorada de los campos

que la frescura perenne de los parques

que la nieve de los altos montes

que la luz del trópico fulgente

son más que suficientes

para que ancle en ellos el amor

No habrá tiempo de escribir un nuevo Génesis

y menos todavía

de exaltar en hipérboles algún Apocalipsis

Tal vez

poblada la tierra nuevamente

cuando no vuelvan a caber los hombres

volverá la guerra por sus fueros

sin que pájaros peces mariposas

sean capaces de velar por ella

Pudiera ser la paz Pudiera ser la guerra

La paz la guerra la guerra la paz

Azul éste del Mar Mediterráneo

estela de soles inmortales

¿Cuántas gaviotas durmieron en tu sueño?

¿Por qué sin nombre los cielos se quedaron?

¿Cuántos soldados se esconden en tus simas?

¿Adónde fueron tus sueños a parar?

¿El sueño de la Grecia a dónde fue?

¿Dónde duermen tus estrellas en el día?

El mundo no te reconoce

sólo sabe de derrotas

Muchos titanes pretenden tu morada

millares de monstruos

se hospedan en tus antros

Los hombres comparten una misma guerra

La paz no descansa entre los mares

Azul éste del Mar Mediterráneo

estela de soles infinitos

El niño marinero de Alberti

ya no es ni morenito ni galán

Tampoco es el mar donde mejor se quiere Andrés Eloy

Ya al de ayer no se parece este mar

Se acabaron las obras maestras de los hombres

San Pablo no ha vuelto a navegar

Por tus aguas sólo navega el batallón

Azul éste del Mar Mediterráneo

estela de soles vagabundos

No dejes a los hombres sucumbir

que no hay Miguel Ángel sin Piedad

Azul éste del Mar Mediterráneo

estela de soles purpurinos

El sol de rodillas en el mar

a su creador eleva su plegaria

Las islas son capillas vespertinas

Los sueños azules de la tarde

prisioneros en las naves van

Hijos padres madres

todos añoran la esperanza

Cansados los barcos se saludan

en la púrpura regia de las horas

El rojo sol enrojecido

tiñe de sangre el vesperal

El grito del hombre frente al mar se quiebra

El mar impetuoso se desborda

Alarida la tarde cuando muere

Imponente cae el sol sobre la mar

Si de repente no volvieras

¿Qué sería entonces de los hombres?

¿Quién abrigaría entonces la esperanza?

Oh rojo sol enrojecido

viéndote hermano de la tarde y de los hombres

por ellos te suplico yo también

Triste la plegaria de la tarde

cuando el que oficia es el mar

Las olas comulgando en procesión

son realmente muy devotas

quizás ni dignas sean de tal pan

¡En la tarde es cuando comulga el mar!

Hoy por Occidente eleva su oración

Solas las aguas se quedan en la noche

Azul éste del Mar Mediterráneo

estela de soles moribundos

En esta hora tristísima del hombre

cómo tiritas tú también de frío

Son tantos los presagios de la noche

y tan pocos los sueños de los hombres

¿Jesús - diría Vallejo - qué hacer?

Azul éste del Mar Mediterráneo

estela de soles matutinos

Con la aurora vuelve el sol

sobre el lomo de las aguas

a galopar en el azul marino

Valéry no sé qué cementerio fue el que vio

Las naves y sus hombres fruncen

mientras tanto el ceño

desde las popas de sus días

El sol va creciendo

en el silencio implacable de las horas

Ciertamente alguien con el sol

inciensa al mundo

Azul éste del Mar Mediterráneo

estela de lunas amarillas

También la noche duerme en este mar

La noche ensimismada va también contigo

Un velón vigilante te cobija

con unas cuantas olas consentidas

Infinitas las noches en el mar

Pobre hoy al hombre

pocas estrellas lo acompañan ya

y la luna apenas si se acuerda de él

Negro toro a la noche nadie lidia

Todo tornóse frenesí

Muchas noches los hombres necesitan

para apaciguar tanta algarabía

Azul éste del Mar mediterráneo

estela nocturnal mediterránea

estrecha tantas costas tantas vidas

como abrazos le faltan a los hombres

ensancha tú la paz sobre la tierra

acuérdate por siempre de nosotros

que en esta hora de guerra planetaria

ya no sabemos ni con quien contar

ni si vamos de veras a vivir

Pudiera ser la guerra Pudiera ser la paz

La paz la guerra la guerra la paz

Alégrate conmigo, primavera,

y vamos a alumbrar de frente al mundo.

Desde antiguo la tierra te conoce

sin que el hombre comprenda tu presencia.

Despiértate conmigo, primavera,

y anclemos en el puerto de la vida.

Prontamente juntemos a los hombres.

Fieramente borremos sus fronteras.

Apúrate conmigo, primavera,

antes que el orbe todo se desangre

y todo sea cruel desolación.

Afíncate conmigo, primavera,

en las rosas pestañas de la aurora

y démosle un viraje a tanta sombra.

Y digámosle al hombre que te quiera,

que te acoja en las siembras de sus predios

antes que fieras guerras lo acorralen

y se queme la gruta de sus sueños.

Digámosle a la tierra que te siga

en la lumbre perenne de tu afán,

que cese la discordia entre su gente,

que la antigua paz vuelva a sus aldeas.

Digámosle al arado que abra surcos,

que no ceje en la lucha por la vida,

que falta por desgracia mucho pan.

Y digámosle al canto de los hombres

que no deje por nada de contar

con el pulso furente de la aurora.

Seguramente entonces nacerá

el árbol majestuoso de la paz

y asistiremos todos a la cena

sin que ninguno a la intemperie quede.

Comunitariamente brindaremos

en la huerta frondosa del trabajo

bajo la sombra de un inmenso sueño,

muy lejos de la sombra del patrón.

Por eso yo te invoco, primavera,

en esta hora tristísima del hombre

y te suplico por su suerte en pie.

Por eso te saludo, primavera,

te anticipo el abrazo de los hombres

desde estas barricadas de la guerra.

 

 



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