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RETO Y PORFÍA

Pablo Mora
http://www.poesia.org.ve
http://www.poiesologia.com
moraleja@telcel.net.ve

San Cristobal, Venezuela

 

 

En simétrico intercambio, se trabaja y se recrea, el que va atrás ve pá’lante y el que va alante voltea. En compartida sinergia, el pecho del medanal, el lucero entre la noche, en un hombre los demás. Nada fijo, todo flujo, cada luna con su ojera, cada palabra en la otra, cada sabana en conseja. Desde una misma butaca viendo a solas la vida: trama encantada al azar al margen del que la tira. Recuerdo, palabra altiva, parece que vas soñando, ninguno escoge, adivina, ni ve lo que nadie piensa. En claro lenguaje propio, evaluando, componiendo, para quien se halle dormido o siga en sueño durmiendo. ¡Quién ha visto dorodoro cantando con arrendajo! Sin dar tregua a la porfía en reto descomunal, el coplero Florentino, puntero en la soledad. Sabana, sabana, tierra que hace sudar y querer, parada con tanto rumbo, con agua y muerta de sed, una con mi alma en lo sola, una con Dios en la fe; sobre tu pecho desnudo yo me paro a responder: sepa el cantador sombrío que yo cumplo con mi  ley y como canté con todos tengo que cantar con él.

Buen jinete, buen coplero, conocedor de sabanas, baquiano de todo río, entre el bien, detrás del mal, entre la vida y la muerte, retumbar se oyó su voz tras la augusta claridad. Hombre en afán y paisaje, en arpa, cuatro y maracas, bandola, reto y porfía, contrapunteo de la vida, contrapunteo de la muerte, en el sitio convenido, perito en  copla y corríos, íngrimo y abandonado, en sabana fulgurada, reta toda  inmensidad. El coplero Florentino por el ancho terraplén, puntero en la soledad, la palma sin un vaivén, cantor de pecho cabal, catire quitapesares, arrendajo y turupial, parece que va soñando con la sabana en la sien. Mientras el cuatro me afine y la maraca resuene no hay espuela que me apure ni bozal que me sofrene. El bien y el mal de por medio, la siempre falsa verdad, el padre de la mentira, tentando y tentando va. Algo divino aletea muy dispuesto a rebelarse, el orden cósmico fija las reglas del huracán. Repugnante y asqueroso, seduce y tienta el espectro, aterra, abisma y ataca entre el chubasco lunar. Zamuros de la Barrosa, del alcornocal del Frío: albricias pido, señores, que ya Florentino es mío.  Monstruo terrible se enfrenta al hombre libre en galope, lo absurdo, lo pervertido, atenta en la oscuridad. Hombres, noches, dioses, sombras en honda fuerza sublime, en manos de la natura, echan su dado a rodar. Zamuros de la Barrosa, del alcornocal de abajo: ahora verán, señores, al Diablo pasar trabajo. Porque mientras llano y cielo me den de luz su caudal, mientras la voz se me escuche por sobre la tempestá, yo soy quien marco mi rumbo con el timón del cantar. 

Zamuros de la Barrosa salgan del Alcornocal que al Diablo lo cogió el día queriéndome atropellar. En compases de silencio negro bongo que echa andar. ¡Salud, señores! El alba bebiendo en el paso real. Rebelde el hombre se junta con destino, humanidad, sorprendiendo con sus santos a aquel que viene del mal. Enfrentamiento supremo el que se dio en la sabana mítica, libre, llanera, cuando aplaudió el horizonte ante el palique abismal.

 

 



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