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JUGUEMOS A JUGAR QUE SOMOS MADRES

Dr Marta R. Zabaleta
m.zabaleta@mdx.ac.uk
Honorary Visiting Senior Lecturer
Latin American Development and Gendered Cultural Studies
School of Arts
Middlesex University
Londres, Reino Unido
De su libro-collage de pseudo memorias, en preparación: ‘Dulce de Leche’
Canada
Febrero de 2003

 

Dedicado a: Dr. M.A. de Boer, a nuestros hijos, a la sobrinita Suyahi,
la Memoria de mi ex alumna Muriel Dockendoss, desaparecida en Chile en 1974

 

Nacimos personas. Como víbora que se atraganta con su cola, mujer hija única, ‘como Melpómene’, dijo mi padre

devine diosa de todas las tragedias, como mi madre.

 

‘Eres una mujer hermosa’.Lo siento, capitán- pero nos hemos conocido

un poco tarde. Erguido, bigotudo, armado, pintoso, como mi padre.

Soy la Libertad, os lo repito, una bandera, soy senos,

fui marsellesa.

 

Y soy quimera, un hecho y mil palabras. Aturdida, histérica, un ser cambiante.

Hundidos ya los dientes a patadas, soplando al viento los quijares

y bebida la sangre coagulada, rodeada de fieras amaestradas con su orina,

su semen, su ignorancia, sus cigarros.. .

 

La vagina que muerdes, pequeñito perroser que penetras

como un buitre, que cabalgas como a tu madre y la violas

como si fuera tu hermana, asesino, sin saber que tú eres también

parte del pueblo, gendarme, camarada.

 

Un número y violada: duerme, no llores, no te mates, mira volar las golondrinas

rojo y blanco, y en el campo, recuerda, serás el humor reverberante,

en el lecho sonríe colina sin bastiones. Tu juventud nos daba la esperanza.

No la llores, madre. Ella es estrella.

 

Muriel: en el despeñadero mapuche fuiste el fusil en alto,

llamarada, alumna, hija, tía, hermana, amiga, novia, esposa, compañera

amenazada entregada golpeada sucumbida, encima calumniada

Muriel acribillada.

 

Regaron los servicios con tu sangre, te entramparon, desnudaron, enlazaron,

penetraron, cinco, diez, quince, veinte, cien veces, asesinos blancos, vomitabas

y aun profanada, no delatabas, no llorabas, nada nos cambiaba.

 

Gritaba el golpeador, el gran dios de los genuinos zánganos,

de los colegas sin substancia, de los desarropados con miedo,

el dueño feroz de esa luz incesante con que trataron de desnudarte el alma.

 

No nos fusiles, no nos golpees, ya basta, mataste tu inocencia,

no dejes que te escupa quien te mate; el amante te abraza,

los padres te suplican, el centinela tiembla, y cuenta: otra vez

 

hasta diez, y vuelas: eres otra vez paloma y rojinegra, vestida de mil soles.

No la embarace, no la roce, no la hiera, mejor mátela, Coronel, y la embaraza,

la roza, la hiere, es una niña, gime, sangra, se abomina, y la hiena la mata...

 

Subiremos otra vez las escaleras adonde el sol calienta, la primavera va desnuda,

crecen las sierras y los volcanes rugen, hablaremos de los partos, juntas las manos

jugaremos a jugar que todas somos Madres. Porque nací persona.

 

 

 



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