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HASTÍO.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
17 de diciembre de 2000.

España.

 

Trabajas con ciertas desganas cuando pasas un tiempo haciendo lo mismo, lo mismo de siempre, saludando a la misma gente de siempre, viendo las mismas caras, observando aquella mancha que sigue estando en el mismo de sitio de siempre, los objetos siguen ocupando los mismos lugares, la misma señora de la limpieza, el jefe con la misma cara de cabreo y siempre atrapando y soltando el teléfono que constantemente suena, y siempre los mismos proveedores y las mismas empresas, los mismos compañeros de trabajos, la misma nómina mensual, apenas sube un dos por ciento anual o más o menos en función de la negociación colectiva o dependiendo de la inflación o índice al precio del consumo y chorradas económicas, los mismos pasos cansinos, todos los días laborables levantar la misma hora, el mismo trayecto diario, el mismo desayuno, la misma hora para comer, los mismos vecinos, los mismos saludos, las mismas caras, el sol sale y se va y viene la noche, un día más, un día menos, todos los días igual, el compañero cuenta esto y aquello relacionado con el chiste verde, siempre verdoso, el otro compañero con las bromas de siempre, el otro muy serio que devuelve cara de pocos amigos, el otro deprimente, lo mismo, hay dejadez profesional, no aguanto, progresivamente nos cuestan trabajo coger las herramientas de trabajos, estamos hartos de teléfonos, de holas, de coger el boli, nos cuestan trabajo enorme coger bolis, y como si fuera una guerra nos casi matamos literalmente para conseguir un boli, una goma, un folio, nadie se atreve ha hacer mandados, siempre está el buenazo que lo hace todo sin rechistar y lo aguanta todo. El compañero comunista que dice que el trabajo está por encima de todo, y venga con lo mismo, verdaderamente le dije que como estamos trabajando para eso mejor no trabajar, nos cuestan trabajo trabajar, como nos cuestan señalar con la mano dónde están las cosas cuando alguien nos los piden, nos cuestan trabajo devolver el hola, y es un fenómeno generalizado en el mundo laboral, la ley del mínimo esfuerzo dicen, no creo, sino estamos en una mecánica rutinaria, como ese hombre que diariamente hace lo mismo con respecto a su mujer o familia, todos los días igual, y si no encuentra modo gozoso es como estar mortalmente aburrido haciendo todos los días igual todos los días y sin novedad en el frente.

Hombres y mujeres grises, que salen de las fábricas, de los ayuntamientos, de los organismos oficiales, de las grandes superficies, los que toman los autobuses de la ciudad, evitan cruzarse las miradas, evitan hablar, están como dormidos, cuando dormimos estamos despiertos y cuando estamos despiertos estamos dormidos.

Nos incrustamos en el tiempo cronológico, a las ocho o nueve de la mañana al trabajo, a las diez de la mañana media hora para desayunar, a las dos a comer, y por la tarde otra vez al trabajo, y así diariamente. Alguien presume de veinte años de servicios a la empresa. La empresa regala un reloj de oro, lo muestra orgulloso.

Envejecemos en lo rutinario, sin tener la oportunidad de estar vivo, no son trabajos creativos, aburridamente realizamos funciones, como el mulo realiza sus funciones sin rechistar, como el mulo que da vuelta y vuelta para moler guiándose por una zanahoria que crea la ilusión o hace mover sus pasos. Plus de productividad, plus de asistencia, trienios, plus de antigüedad, pagas extraordinarias... El último día del mes o a principio del mes cobramos, firmamos las nóminas.

Asimilado por el sistema, por la maquinaria laboral, por la estructura estatal o empresarial, muchos pierden sus identidades, es como una pieza más que rinde o mediorinde a duras penas, el aburrimiento es el síntoma preponderante, el compañero comunista dice que el trabajo rehabilita pero el otro compañero que no es comunista sino anarquista dice que trabajo quiere decir esclavitud. Pero los tiempos que corren apenas hay discusiones políticas, los tiempos que corren cambian el mercado laboral y el trabajo está sujeto a cambios, a temporalidades, contratos temporales, a reconversiones, a formaciones permanentes, a prejubilaciones, y una larga lista de gentes desempleadas.

La alegría de trabajar es rara, he visto pocas gentes alegres por el trabajo, quizás los trabajadores como albañiles o fontaneros habría algunos contentos por que son contentos y muestran sus alegrías en el trabajo, pero son raros, las gentes son alegres cuando no trabajan, los días festivos hay desmanes, como respuestas al aburrimiento, y si no, estamos en los extremos, o fiesta total o trabajo total.

Como dijo un articulista, Gabriel Albiac, los sindicatos son pagados por el estado y realizan funciones administrativas, burocráticas, si no me equivoco. Dijo un compañero. Y también desconfía plenamente de los funcionarios, “pandillas de ineptos”, por que en vez de trabajar hacen trabajar a otros, incapaces de mover dedos, con miradas perdidas, en su mayoría, según comenta el compañero, son como muertos vivientes que trabajan aburridamente, eso no quita que hayan algunos que verdaderamente trabajan .

Verdaderamente, encima que acudo a trabajar a duras penas, resistiéndome a la asimilación empresarial, escucho esas cosas realmente que me hace desanimar en el trabajo. Desánimo generalizado. Esperamos la próxima nómina.

El poder absorbente del trabajo, te desidentifica, de desubjetiviza, eres un número, con tus plus de productividad, con tus plus de asistencias, con tus pagas extras. No eres tú, eres un aburrido que trabajas aburridamente. Aún más en esos contextos hay que luchar para recobrar tu identidad.

“No es una opinión personal, sino una experiencia, estarás de acuerdo o no, me da igual, la nota general: el aburrimiento, sin novedad en el frente”.

El aburrimiento, tedio, en el trabajo, en la calle, en la familia, en ti mismo, en todo, todo empaña en aburrimiento.

Entras a trabajar, sensación kafkiana, enumerado, estampillado, numerado, marcado...

Ambos compañeros de ideas distintas, el comunista y el anarquista, disertan, conversan, discuten, se declaran la guerra dialéctica, llega la hora del fin de jornada, me largo velozmente, relax, me olvido. El mecanicismo se adueña de nuestras vidas, el reloj marca las pautas de nuestras vidas, hastío, aburrimiento, el fin de mes esperamos firmar la nómina.

 

 



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