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UN HOMBRE EN EL PISO.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
20 de diciembre de 2000.

España.

 

Antonio había decidido visitar el piso de estudiante de una amiga. Parecían por lo principio formar pareja, subyacía un deseo primigenio de formar pareja, pero ambos dudaban, habrían que pasar primeramente por la fase de conocerse, adoptan rictus de dudas, no saben si van a meter la pata, no están seguros de si querer desear el uno del otro o al otro... según como se mire. Su amiga, Patricia, hace tiempo le hablaba, el día que se conocieron en una especie de malentendido, de tropiezo, bajo cualquier pretexto, llegaron a conocerse, como dejarse llevar por la vida y siempre hay alguien que tropieza con una misma piedra o distinta piedra, Patricia dijo que estaba soltera y sin compromiso, momentos después de darse un trago de cerveza añadió... en realidad estuve ocho años con una misma persona, trece años mayor que yo, ahora mismo está trabajando en un hotel en una isla lejana. Antonio tenía bastante curiosidad, se dio un trago de cerveza y se le cruzaron por la cabeza pensamientos sobre el hombre en cuestión... tenía bastante curiosidad, pero bueno, conforme iba diciendo algo sobre el hombre que estuvo acompañándola y conviviendo juntos en ese piso durante ocho años iba hilvanando en su mente conceptos sobre el hombre en cuestión, pero no atrevía preguntar demasiado... sino por ejemplo... algo que iba surgiendo, ella comentaba que tenía gran vida social, pero últimamente como que bebe mucho, que sale menos que antes, y que era guapo... se corrigió después... y sigue siendo guapo. Pero es muy mayor.

O sea, eso le añadía cierta dificultad para profundizar relaciones de amistad y sexual con Patricia, ya que aparecía un macho por medio, que no conoce, y tuvo gran lazo de unión con Patricia. Se atiborraba de pensamientos, dudas, al igual que daba tragones de cervezas, mientras hablaban en ese pub nocturno y en bares. Y daban vueltas por la parte vieja de la ciudad.

Con todo ese preámbulo, decidió... Patricia dijo que podría visitar el piso cuando quisiera, él fue un día de esos, llamó al portero electrónico, ella acudió al balcón, se reconocieron, ella abrió la puerta, Antonio subió la escalera hasta un segundo piso, estaba la puerta abierta, y entró directamente al salón. Estaba la mesa camilla, había muchos apuntes, en ese momento estaba Patricia estudiando determinadas asignaturas de la facultad de Psicología, le faltaban dos o tres asignaturas para terminar la carrera, ambos estaban sentados junto a la mesa camilla. Parecía el piso vacío, no había demasiado ruido ni denotaba presencia humana salvo ella.

Estuvieron ambos hablando sobre cualquier cosa, pero había cierta distancia en el trato humano, no estaban muy seguros de proseguir una relación de amistad, había mutua desconfianza, cosa que Antonio le importaba bien poco, se dejaba llevar, tenía curiosidad por el mundo de ella, por los símbolos que desprendía ella, y a parte tenía enorme interés por ella, había cierto interés afectivo, pero sobre todo lo que interesaba era el misterio humano, la problemática de ella, sus dificultades sociales, lo que sea, como buen psicólogo social que es Antonio iba más lejos aún que ella, ella no se dejaba conocer, no quería estar bajo el capricho de la mirada de Antonio, y había algo en Antonio que la atraía pero también desconfiaba, también había algo que era difícil estar con Antonio, había atracción pero también repulsión, Antonio se daba cuenta de eso, Antonio tenía frecuentes episodios de inhibición que dificultaba sus relaciones sociales, pero le importa bien poco, son cosas particulares, era ella la que ponía frecuentes resistencias al trato humano con Antonio, a la enorme curiosidad psicoanalítica que tenía Antonio, ese era uno de los grandes obstáculos, le contaba muchas cosas a Antonio, como si perdiera su intimidad, pero llegaba el momento en que perdía su interés por Antonio. A veces la vida se torna complicada. Todo eso lo anotaba meticulosamente en una libreta cuando llegaba a su casa, Antonio repensaba esas situaciones sociales.

Estaban ambos sentados en sillas de aneas, junto a la mesa camilla, Antonio estaba muy seguro que no había nadie en ese piso de estudiante (un piso que despertaba especial curiosidad, por ser un piso viejo, con techos altos, y puertas de madera viejas, y el mobiliario es más o menos viejo, donado por amigos y cosas así) pero minutos posteriores se oían ruidos extraños, no estaba muy seguro de donde provenía, pero azuzaba el oído y parecían provenir de un dormitorio cercano al salón, una puerta intercomunica el salón con el dormitorio, notó que la puerta estaba entreabierta y sin que ella se diera cuenta trató de averiguar con su vista qué había tras esa puerta, como estaba entreabierta pudo ver una cama de hierro viejo y colchón que se hunde demasiado, y la cama estaba desecha, se veía sábanas muy blancas, como recordaba que eran sábanas que cuando era pequeño usaba su abuela, y notó movimiento, había alguien, por lo que se notaba era un cuerpo humano, un hombre, que aún estaba en la cama hasta pasada mediodía, era casi la una de la tarde (Patricia le contó una vez que suelen trasnochar demasiado, Patricia estudia por las noches, ese hombre –que se trataba del amante que fue de ella durante ocho años y convivían juntos en ese piso y en ese dormitorio dormían juntos como buen matrimonio pero realmente no están casados- con cierta frecuencia y cada vez menos iba por ahí por las noches a tomar copas y estar con los supuestos amigos).

-¿Por qué no me has dicho que estaba tu amigo en el piso?

-Ah, creí que te habías dado cuenta.

-No me di cuenta.

-Ese era el hombre que te dije.

El hombre, mayor de cuarenta años, con bigote, se levantó de la cama con cierta dificultad, desperezaba, bostezaba, tenía un mal aspecto, recién levantado de la cama, tenía legañas, despeinado, soñoliento... Se acercó a la mesa camilla. Patricia escuchaba a Antonio, tenía interés en la palabra de Antonio, pero cuando el hombre con bigote se acercó a la mesa camilla, saludó a Patricia e hizo un gesto de semirreconocimiento hacia Antonio, el hombre habló algo y Patricia pasó inmediatamente a interesarse por la voz del hombre, y volver de nuevo a enamorarse del hombre, así pasaba, como se dio cuenta Antonio, se enamoraba y desenamoraba con frecuencia (una vez le dijo a Antonio que es un hombre guapo, que bebe mucho, que le hace daño... no físico, sino psicológico pero que lo quiere... cosa que avivó enormemente la curiosidad de Antonio). Antonio pasó a ocupar un tercer lugar, de las tres personas, que no despertaba curiosidad en Antonio, Patricia atendía a su amigo y se hablaron...

-Bueno, me voy, tengo otras cosas que hacer. –dijo Antonio, y se largó del piso, que ambos siguieran en esa cosa tan complicada que aún no comprende.

 

 



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