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EL VENDEDOR DE RELOJES.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
21 de diciembre de 2000.

España.

 

Es un hombre curioso, le encontré en una nave inhumana industrial, hablaba con quien le daba la gana, y además vendía relojes, a los trabajadores y a los visitantes, yo era uno de los visitantes de esa nave industrial, buscaba determinados materiales de carpintería. Los trabajadores de esa nave industrial creen que es un tipo loco, un tipo que te para y te empieza hablar, no importa que le diga o no le diga, es lo de menos, que le asienta o no, es igual, ese hombre te empieza a hablar de cualquier cosa, y encima mostrando el reloj para ver si compras, es un vendedor de relojes. Recordaba eso de que muchas gentes hablan pero no escuchan. Es un fenómeno curioso, habla de su vida, de su antepasado, de sus experiencias recientes y si el otro cuenta algo no le interesa, por que lo que acrecienta su capacidad de habla, de articular sonidos, es la referencia a sí mismo. Su vida. Su yo. Ese yo-yo, juguete infantil, al menos cuando pequeño veía que se trataba de un juguete de moda, tira de la cuerda y ese carrete vuelve, un ir y venir, presencia y ausencia, off y on. O sea, que muchas gentes hablan para sí. Hablas a otros pero en realidad habla a sí mismo. Una posición muy egocéntrica, muy yoica. Si lanzas una flecha con el arco la flecha en vez de ir a la diana vuelve hacía el disparador de flechas. Es un efecto bumerán.

En esos lugares, zonas industriales, soy dado a angustias, a sentimientos de extrañeza..., extranjería (aunque soy algo extranjero en
mi tierra), no encuentro lugares humanos, culturales, todos se entregan al trabajo y pensar en la nómina del fin del mes y los días festivos y
vacacionales. Un materialismo puro y duro.

El vendedor de relojes parecía un estafador, de una barriada marginal próxima, por toda su pinta que llevaba, la pinta de un estafador, pero para nada, se trata lisamente de un loco, como dicen los que trabajan en dicha nave industrial. Tenía una buena cantidad de relojes, de diversas formas y precios. Los hay de gran quilate, escuchar gran quilate es remontarse a pensamientos de lujo, esos relojes probables de oro de gran quilate no suelen llevar muchas gentes por su alto precio, pero gentes así y asá, ejecutivos algunos, estafadores de tal, suelen llevar relojes de tal calaña, tal como con cierta frecuencia veía por ahí y al azar.

¿Se trata de relojes provenientes de robos...?, por lo visto parece legalizado, y no despertaba demasiada sospecha de que sean relojes robados, si no, no estarían tan expuestos al público, al conocimiento del público general, los relojes robados se venden bajo cuerda.

Como entre otros, rehusé mi interés por esos relojes, di a entender que no me interesaba, pero el vendedor de relojes hablaba, le producía
frecuentes placeres hablar sobre relojes y sobre sí mismo, no le entendía nada, no importa, lo que le interesaba es que estuviera ahí, como otros, como depositario de sus palabras, es lo mismo como si hablara contra una pared.

No me despiertan interés esos relojes, no suelo llevar relojes, y si llevo por cuestiones laborales y cosas así, llevo un reloj barato de numeritos luminosos de esos, que no son de agujas, eso es como... no me acuerdo cómo llamarlo, y es de marca japonesa, que venden como churros, y he comprado varios a lo largo de varios años, en función de la rotura, de la pérdida o lo que sea, siempre me compro más o menos los mismos, baratos, de fabricación japonesa, negros, parecen plásticos negros, que marcan hasta los segundos, aparecen días y tiene alarma y cronómetro, que apenas uso, solamente me interesa saber la hora y a veces los días que estamos. No me interesa los quilates ni los suizos y las agujas ni la distinción relojera, no entiendo por qué me tiene que prolongar palabras y palabras sobre relojes que no me interesan, pero por lo visto es una gran fascinación para el vendedor de relojes hablar de relojes, meterse en el mundo a veces técnico y que entenderían mejor los verdaderos coleccionistas de relojes suizos y otros, pero por lo visto algo tiene que ver el mundo de los relojes con el vendedor de relojes, al menos algo marcado en su vida, de hecho le despierta un gran interés hablar de relojes... lo que no vende son relojes japoneses, por lo visto no le interesa los relojes japoneses.

Es curioso, todos los apartan por su locura, y sin embargo, en esos lugares industriales, el vendedor de relojes cuando abre la boca las gentes se sienten como cohibidas, como que las palabras del loco les afectan, como un niño pequeño que hablara sobre los defectos de las personas mayores, los trabajadores de esa nave industrial sentía mucha vergüenza cuando el vendedor de relojes le hablaba, por algo trastoca en la verdad del otro, como si se dedicara a tocar las llagas de otros, poner descaradamente el dedo en la llaga del otro, el loco pone el dedo en la llaga o en la falta del otro, y así iban los trabajadores y visitantes o compradores, rehusando en la medida de lo posible el trato con el loco... y sin embargo, es como un payaso, en esos lugares mecánicos, inhumanos, materialistas, un tipo así aunque sea loco y vendedor de relojes, da lugar a un pequeño resquicio de humanismo.

Un payaso, mejor, un clown (tal como me comentaban directores de teatro, mejor la palabra clown, por que payaso tiene sentido peyorativo), como un clown, un Otro juguete, divertido, frente a un mogollón de seriedad y mecanicismo. A veces, determinados locos, psicóticos y demás son como clown, y que levantan sonrisas o hacen sentir vergüenza. Y eso me remitía a recuerdos sobre clown, una directora de teatro me hablaba sobre la importancia a la hora de relacionarse con los demás un modo de jugar con el otro, ese ímpetu de los niños que se relacionan a través de los otros a través del juego (no podemos olvidarlo, ya que me viene a la cabeza, la importancia del juego en las relaciones intersubjetivas)...

Pero realmente no veía al vendedor de relojes con ganas de jugar, sino se quedaba como una estatua y se ponía a hablar, moleste o no, es igual, “como te iba diciendo, los relojes son bonitos para llevar en la pulsera, ya que mis antepasados daban mucha importancia a las pulseras...”

 

 



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