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CHANTAJE.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
22 de diciembre de 2000.

España.

 

Vive cerca de la Plaza de Toros, es un barrio que pertenece al distrito municipal de Plaza de Toros, como resuelven los planos municipales, o barrio Plaza de Toros. Siempre ha sido una zona tranquila, pero cercana a la Plaza de Toros, hay zonas sanitarias (Hospitales, Facultad de Medicina...etc.) y sus calles siempre son muy transitadas. Los aparcacoches ilegales aprovechan el gran movimiento de coches que aparcan y se van, para sacar algunas monedas facilitando aparcamientos y supuestamente vigilar para evitar probables robos... Luis es una persona muy distinguida, que vive cerca de ese edificio monumental Plaza de Toros, con muchos arcos..., y muchas gentes acuden a ver toros o conciertos musicales de vez en cuando. Es un engorro vivir cerca de ese Símbolo nacional. Más que nada por el trasiego de gentes. Luis tiene una gran vida social, es abogado, y a parte tiene suficiente dinero como para enterrar a todos los vecinos del bloque de viviendas donde reside, que es un decir del barrio, pero es un dinero de herencia, y algún dinero de más que saca por su profesión, tiene un bufete para ejercer su profesión. Va a la cafetería y es uno más, conocido, respetado, y siempre está hablando con alguien, su gran vida social le facilita todo, tiene una gran habilidad para intercomunicarse con otros.

Pero curiosamente, en un momento dado en su vida, todo se vino abajo, su gran vida social se vino abajo, y se escondía del trato humano, salía en
lo indispensable (por su trabajo y algúna que otra obligación), pero ya no va a las fiestas, a los espectáculos sociales, cumpleaños de amigos, siempre muy dado a la sociabilidad, sino que cada vez sale menos del piso donde reside. Un vecino suyo supo la causa de ese descalabre, de ese desmoronamiento de vida social, la caída de todo un edificio de vida social, ya que estaba muy pendiente de lo que pasaba en el entorno social del abogado Luis.

El barrio, protestaban los vecinos, como que se iba degenerando por la abundante presencia de aparcacoches ilegales (gentes que apenas se ven –como cucarachas que aparecen no saben dónde- y son muchos de ellos adictos a la droga llamada heroína que se inyectan en venas, yonquis, y que parecen estar en fase terminal como dicen, superdelgados, casi cadavéricos, muchos de ellos sidosos, etc., sin fuerzas para robar, ya solamente hacen esfuerzos de facilitar aparcamientos y pedir a cambio la voluntad...).

Se trata de un aparcacoches ilegal la causa del desmoronamiento social del abogado, de la angustia del abogado, ese aparcacoches ilegal, sin apenas fuerzas para hacer daño a nadie, sin embargo, asustaba totalmente al abogado (para el abogado ese aparcacoches ilegal, de larga melena, y algo de barba, superdelgado, y algo alto –un poco más de uno ochenta y cinco de altura, es para el abogado como un chantajista y que cede a los chantajes por miedo, a parte de una angustia tremenda que evita salir para no toparse con el “chantajista”, surge de lo más profundo de sí mismo un miedo incalculable). Eso supo el vecino, que lo supo todo, pero y, sin embargo, no decidía actuar a favor del abogado, que para nada se conocen, pero viven en el mismo bloque y la misma planta pero escalera diferente... más que nada pensó el vecino que lo tiene merecido, por su arrogancia y su estupidez, cosa que directamente le dije que era una pasada, no hay nada que hacer en casos así... pero me parecía algo absurdo, pero para el abogado no era tan absurdo, se tornaba tan real, se sentía tan perseguido por el aparcacoches ilegal incluso hasta sus sueños... En principio empezaba que a cambio de aparcar el coche tiene que dar tal dinero, monedas... luego que tenía hambre y que le comprara un bocadillo, incluso iba al piso del abogado para pedir algo más... y todo ese mogollón que supo el vecino.

El abogado, para suplir, amortiguar, la angustia, tomaba cantidad ingente de pastillas que recetó el psiquiatra, ya que la cosa empeoraba, y sentía frecuentes accesos de locura, y también otras muchas cosas... Es cierto, por diversos motivos diferentes al abogado, los vecinos del barrio pedían a las autoridades (ayuntamiento, subdelegado de Gobierno nacional, policía nacional, policía municipal, etc.) que purgaran el barrio de parásitos (son palabras fuertes pero que se dicen) ya que afean la imagen del barrio, provocan delincuencia, los niños no pueden salir perfectamente, no están dispuestos a ser chantajeados o como el deseo del abogado, que desaparecieran de la faz de la tierra ya que provocan fuertes angustias y toman vidas sociales restringidas, ven restringidas sus vidas sociales...

Y efectivamente, por la fuerte presión vecinal, acuden furgones policiales, se llevan a unos cuantos aparcacoches ilegales a la comisaría, a la espera de mandarlos al sótano del juzgado y luego ver la cara del juez y luego ver de qué va la historia, si mandarlos a la prisión provincial o soltarlos (generalmente los sueltan, ya que no hay delito por medio, no han cometido delitos, solamente aparcan coches y piden la voluntad y no demuestran chantaje –para el abogado encuentra difícil demostrar que hubo chantaje, al menos hacia su persona-)

En fin, todo eso fue la historia. Pero lo verdadero de toda esa historia de chantaje hacia el abogado lo sabe solamente el vecino, un veinteañero, que un determinado momento me contó lo siguiente... “En realidad, sabes, todo ese chantaje, para que mentirnos, fue real, pero provocado, ¿Por quién?, por un enemigo del abogado, un hombre envidioso y que ejerce también la profesión de abogacía, le habría dicho algo al aparcacoches ilegal determinado y a partir de ahí surgió, provocó, todo ese desmoronamiento social del abogado Luis... sabes, hay fuerte competencias en el barrio entre los diferentes bufetes de abogados, y esos temas me han interesado y supe de primera mano a través de mis contactos con los aparcacoches ilegales, además estoy haciendo una práctica para la facultad... y todo me viene como anillo al dedo... Lo que no supe que provocara tanto, que fuera tan fuerte, sabes... está casi al borde de la muerte, con los ojos que salen de la cara, pálido, como un muerto viviente, que necesita diversas pastillas para amortiguar su pánico, la angustia, la fobia social y todos esos términos que vienen por sí sola”...

La verdad, pensé que hay muchas gentes envidiosas, crueles, que hacen daños a los demás, no supe que esas cosas se practicaran... La verdad es que casi rompo mi amistad con el vecino veinteañero y tuve un fuerte deseo de ayudar al abogado, por muy cínico que fuera, no creo que esas cosas se merezcan a cualquier ser humano, es como tocar con el dedo la llaga, una llaga dolorosa...

Después supo la verdad el abogado, por mi conminación a que lo contara todo al abogado, recobré la amistad de mi vecino, y el abogado progresivamente ha ido recobrando su vida social, saludando a las gentes, devolviendo sonrisas y felicidades, como todos los días...

 

 



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