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DESPRENDIMIENTOS.
(Diario de Carolina)

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
26 de diciembre de 2000.

España.

 

El espacio vacío que deja el bar ese, solamente estaba el camarero, que no había clientes, era algo raro, ya que siempre estaba lleno, y más en estas fechas navideñas, y se ha cambiado de camarero y ahora resulta que no hay nadie, y no veía que el camarero sea fastidiante, molesto, todo lo contrario, no molestaba a nadie, con su silencio, sus pensamientos, tampoco estaba muy molesto por la nula presencia de clientes, acudí a sacar un paquete de tabaco en una máquina expendedora de tabaco, introducir determinadas monedas en función del precio del paquete de tabaco, un paquete de tabaco Fortuna Light, el televisor estaba encendido, o al menos notaba que el televisor estaba encendido, se oía esas voces, había bastante espacio para moverse en el bar, esperaba no encontrarme con borrachos que era habitual, borrachos que simulan gentes normales con familias y tal y no ven los otros lo borrachos que están. En la calle había cierto frío, no tanto para ser la fecha en que estamos, leí en alguna parte dedicada al consumo de hachís, gentes expertas en eso del hachís, que tienen su página web y una revista que se vende en kioscos determinados, que las hojas del cannabis sufren los efectos de los cambios climáticos, comprobados científicamente. Los institutos de enseñanza secundaria vacías, en este veintiséis de diciembre, después del bombo nochebuena y día festivo Navidad, este veintiséis como algo triste, la resaca dirían, ayer por ejemplo daba la sensación de que había una dictadura, la dictadura de la Navidad, en un cruce de calles principales, chocan un par de coches, y en vez de discutir se dan de manos, es normal, estamos en Navidad, se perdonan todos, hasta los vagabundos tenían caras sonrientes, estamos en Navidad. Como algo pegajoso. El sueño que tuve anoche era un poco raro, era una especie de sótano de vivienda en construcción, donde en el techo había que colgar un gancho para algo, y resulta que en el techo había muchos cables eléctricos, y tenía que buscar el lugar ideal para colgar el gancho de hierro que servía de soporte una cuerda para colgar algo pesado, no se sabe, pedía consejos de electricistas, y dijeron que así hay que hacer, pero llevado por mi torpeza casi me dio un calambrazo, como esas cosas torpes de niños chicos que ponen dedos en los enchufes y reaccionan y lloran por que les han dado calambrazos.

Parecía impresionante los momentos de uniones familiares, y que iba por la calle y observaba que grupos de amigos mostraban momentos felices, y que estaban en sus derechos, pero algo les molestaban que alguien no compartiera la felicidad navideña, por tanto si te sientes algo desorientado y no compartes la felicidad navideña inmediatamente eres algo raro, extraño, diferente, objeto basura, marginal, inútil... Y gentes normales, que ahora me viene a la cabeza, lo de desprendimientos de basuras, de heces, de mierdas, que son algo ajenos a ellos, las redes de alcantarillados en pleno funcionamiento, los vertederos de basuras a rebosar, la venta masiva de papel higiénico (y ahora que se me viene a la cabeza que muchas gentes les dan vergüenza extra llevar un rollo de papel higiénico a la vista de muchas gentes, como me acuerdo hace años en mi adolescencia, en un camping junto a la playa, gentes que esconden rollos de papeles higiénicos, como si fuera algo ofensor, como si mostrara esa cosa que forma parte de nuestras vidas, y que siente vergüenza que el otro sepa que naturalmente cagamos... hay una película de Buñuel en la cual muestran un grupo de gentes que en el salón en torno a una gran mesa, surrealistamente, cagan y conversan, y hay uno que se levanta, y dice con cierta vergüenza que va al servicio, entra al servicio y la cámara buñuelesca nos muestra esa imagen del tipo comiendo, y sentía placer... no podemos olvidar el placer que nos produce cagar, de hecho hasta algunos se llevan libros, periódicos o lo que sea para prolongar el placer de cagar a gusto leyendo, y que prolongara tal placer, incluso se tiran horas enteras encerrados en el baño para cagar a gusto...). El hombre no admite la muerte, siempre el que se muere es el otro. El perro cuando muere no sabe que muere, sabemos que estira la pata. Ya que he hablado del bar vacío, me acuerdo de una mañana que iba a una cafetería para desayunar, y no había nadie... hasta que me di cuenta que la camarera estaba enterrada en el baño, cagando a gusto, es un suponer, salía del baño y acudió a su puesto, pero en el fondo olía a su mierda, sabía que ella sabía que yo lo sabía, simulando un tanto sobre mi sospecha echaba spray, era peor el remedio que la enfermedad, olía perfume rosa con mierda, pero el olor de la mierda era más fuerte, tengo que admitir que el desayuno no era apetecible, pero olvidaba y pensaba otra cosa, y eso que la camarera era tan sociable, eso sí, gorda, o casi gorda, pero muy sociable, de carácter fuerte, no me mola ir a ese lugar, me recuerda el olor. Insistiré que en la vida está esa “felicidad” que nos alimentan y nos apartan, pero también está esa otra cosa que no admiten la sociedad, sus propias heces. Una persona mayor le dice a un niño, ¿Y tú, que quieres ser de mayor?, el niño le contesta... me gustaría trabajar en las alcantarillas. La persona mayor, molesta, dijo, calla niño, esas cosas no se dicen. Avergonzado. Si uno que se dedica a la limpieza de la red de alcantarillado tuviera talento literario y tuviera el deseo de escribir esa vida subterránea... en el periódico local alguien relataba esas experiencias, ratas que para qué, de un gran tamaño, como gatos de grandes. Espeluznante. Aún siguen sonando cohetes... como cohetes espaciales que nos vienen, la estrella navideña, y Belén conflictivo actualmente hablando. Estómagos a rebosar en el Primer Mundo, sangres alcoholizadas, mentes ilusionadas con bombardeos navideños.

 

 



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