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REDUCIR EN CENIZAS.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
5 de enero de 2001.

España.

 

Es una profesora divertida, vive sola, tiene un apartamento, enseña Geografía. En clase cada vez que explicaba los alumnos estaban muy atentos en sus palabras, los dientes de la profesora son blancos inmaculados, le gusta viajar a cualquier parte del mundo, en torno a ella había bastantes habladurías, leyendas, cualquier cosa. Entra en la clase, se sube a la tarima y dibuja en la pizarra estratos geográficos, o un volcán en erupción, cada vez que explicaba dibujaba para explicar mejor, es una profesora muy nerviosa, muy activa, y sus labios dibujaban una sonrisa triste, a veces ofrecía un rostro patético, muchas veces se maquillaba para amortiguar el efecto patético de su rostro.

Tenía un gran interés por los alumnos. Escuchaba de uno en uno (no siempre, depende...), flexibilizaba hasta lo necesario los métodos pedagógicos hacia quienes tenían especiales dificultades de aprendizaje, alumnos conflictivos, alumnos de capas sociales desfavorecidas... La profesora tiene un sentimiento compasivo demasiado exagerado, que me parece muy empalagoso.

Bueno, casi nunca me dirigía la palabra, siempre estaba en clase anotando sus explicaciones y a veces dirigía mi mirada hacia ella pero no me correspondía la mirada, ni necesidad tenía, y cuando tenía dudas sobre algo levantaba la mano y no se dignaba en darme la palabra, por que por lo visto había algo en mí que mejor ignorarlo, por lo que sea rehusaba en la medida de lo posible a mirarme o darme la palabra.

Soy un adolescente, me llamo Julio, y vivo en el barrio. Eso lo sabe ella, aparece en su bloc de notas como tuve la ocasión de observar, me llamo Julio, tengo quince años y vivo en el mismo barrio que ella, y que no suelo dar demasiados problemas, según el bloc de notas que se le olvidó guardar en el bolso, y fui a entregárselo. Fue en la cafetería del instituto. Ella estaba sentada en una de esas mesas solitariamente tomando un café con una tostada, me acerqué a ella para devolverle el bloc de notas. Ella me dio las gracias, dibujó forzadamente una sonrisa, que me pareció patética, y me invitó a que me sentara junto con ella y pidiera lo que deseara. Pedí un café con leche.

Me tomaba mi café con leche, noté su fisonomía, su cuerpo, sin mirarla del todo, disimulaba mi mirada, no le preguntaba nada, ella sentía cierta vergüenza mi presencia silenciosa, es cuando progresivamente iban saliendo palabras de su boca...

-¿Cómo va con los estudios?

-Bueno, hago lo posible. No me van muy bien las matemáticas, he decidido que sea una amiga estudiante que me diera clases particulares de matemáticas en su casa. Pero por lo demás creo que me defiendo. A trancas y barrancas, ¿Sabes?, no soy muy bueno estudiando.

-¿Te gusta la clase de Geografía?

-Sí, está bien, lo explica todo tan bien, es raro encontrar profesores como tú, que lo explique todo con tantas ganas y pasión y con el interés que muestra. Es raro eso.

-Realmente decidí ser profesora, me gusta la profesión, aunque es una profesión muy dura, muchos profesores se deprimen y todo eso, y más en los tiempos que corren donde no hay autoridad frente a los alumnos, los alumnos hacen lo que quieren y tenemos que adaptarnos a las circunstancias, lo que pretendo hacer es enseñar de manera más divertida, si no veo que es todo una pérdida de tiempo, no interesa estudiar... En principio estuve varios años sin enseñar, fue un golpe muy duro afrontar la enseñanza en institutos así, tuve una depresión muy fuerte, me metí en religiones y lugares así, tomaba pastillas antidepresivas, la verdad es que fue un golpe muy duro, pero luego he ido superando mi depresión y progresivamente he dominado la profesión con cierta dificultad, aunque es algo cíclico, me convierto... como el Ave Fénix, me reduzco en ceniza y luego resucito, así, cualquier cosa... Si quieres que te diga la verdad... Un secreto... Entre los dos... No sé si decírtelo...

-¡Dímelo, no pasa nada, confío en ti, en el fondo eres una buena profesora y muy humana!

-Bueno... he sido injusta contigo, no te daba la palabra ni te miraba, te trataba como un trapo sucio...

-No importa, no me he sentido mal por eso, no le daba importancia, no me he sentido ofendido por eso, no pasa nada...

-Es que en realidad eres un chico maravilloso, hay algo en ti que me hundes totalmente, tuve varias experiencias de esas, si prestara mucha atención en ti ME REDUCIRÍAS EN CENIZA.

-¡No entiendo eso! ¡Para nada te reduciría en ceniza, al contrario, admiro tu interés por ayudar a los alumnos a estudiar y todo eso, no trato de incordiar a nadie...!

-Pero insisto, hay algo en ti que me reduces en ceniza, algo que me produce llama y no hay apagafuego que valga, es algo que va más allá de todo, quizás tu mirada, quizás tu voz...

-Nunca he escuchado algo tan absurdo, creo que deberías restar importancia a eso, todo lo contrario, no te miro tan mal ni te hablo tratándote como una estúpida, ¡Todo lo contrario!

-Entiendo, pero en este momento me estás reduciendo en ceniza...

Entonces comprendí todo. Por eso no me daba la palabra ni me dignaba mirar. Le dije que no importaba, que siguiera explicando y bueno, como si las cosas siguieran igual que siempre... Pero se oían voces en los pasillos del instituto, rumores, que la profesora de Geografía determinados días acudía al instituto con una gran dosis en el cuerpo de barbitúricos, antidepresivos y bebía con frecuencia hasta emborracharse, no hacía demasiado caso a esos rumores, pero un día me la encontré en el pasillo a una hora donde todos los alumnos estaban en clase, y yo llegué tarde y eso, la encontré sola casi desmayada, pedí ayuda a un profesor de filosofía (en realidad su amante, el profesor de filosofía admiraba mucho a la profesora de geografía, años posteriores convivieron juntos... y el profesor de filosofía hacia todo lo posible por ella). Un día le expliqué todo al profesor de filosofía la confesión de ella, me entendió todo, redobló su interés en ayudarla.

Entonces comprendí algo más de la profesora de Geografía, la de la sonrisa patética, la que mientras explicaba dibujaba en la pizarra capas geográficas, o un volcán en erupción...

 

 



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