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LEJÍA.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
21 de enero de 2001.

España.

 

En esa fábrica de lejías, tampoco recordaba si se trataba de fábrica o un gran almacén, con muchas cajas de lejías, eso recordaba, era muy niño, había bastantes lejías, es algo curioso, antes de toparse con una rana o con un escarabajo se topa con lejías, un producto químico que me parecía fuerte, si recuerdo haberme preguntado qué ocurre si me bebo lejía, ya de antemano supe que era un peligro beber lejía, de hecho aparecía el símbolo del pirata, no sé, pero se empleaba ese símbolo, no era la del pirata, era el símbolo de un cráneo cruzado con dos huesos largos, sus propios huesos, esa afición por las calaveras en diversas generaciones, en décadas, siglos, las calaveras, esos conventos, esos monjes que tienen lugares para guardar sus huesos o conservar los huesos de sus antepasados, momificar, qué horrendo, eso es peor para los niños observar esas cosas horrendas, no sé por qué hablan de morales y eso no se puede ver y aquello sí, y ver un muerto embalsamado dentro de una urna en tal capilla de tal iglesia es algo que durante años me producía terror infernal. Había y hay grupos musicales que utilizan como mascotas la calavera, o el cráneo. En las guerras dejan muchas calaveras. Es muy divertido un videoclip que vi recientemente de música bakalao o algo así, es una chica que entra en una sala de fiesta y por alucinación (un poco en relación al consumo de drogas última generación, al menos es el mensaje que he captado) veía bailes de calaveras, o entra en el wc y se encuentra a una pareja calavera practicando el sexo... O sea, ¡Basta ya de calaveras! Junto con un amigo gitano (dijeron que era gitano) decidimos arrojar las cajas de lejías al suelo, jugamos, hasta que llegó un trabajador que nos expulsó del lugar, temía algo peor, que nos castigaran, que nos pegaran o lo que sea, no, sino amablemente nos echaron del lugar, el lugar de las lejías. Cada cosa en su lugar. Siempre pensaba en las lejías, ese olor tan fuerte, a veces desagradable o agradable, eso de los gustos no está nada escrito, no hay límite entre lo dulce y lo repugnante. La orina es repugnante, mejor no saber nada, y sin embargo si nos dejamos llevar por el deseo sexual nos dan igual esos lugares de la orina o de la caca o esa boca, o sea, nos gusta lo repugnante o nos repugna, según el estado anímico...

Amablemente nos expulsaron del lugar. O cuando entré en un Teatro de un colegio de mis hermanas, alguien mayorcito me expulsó del teatro, y sigo aún sin comprender, no arrojé nada, ni rompí butacas, pero y sin embargo era molesto, ¡Qué hice!, sigo sin saber. Hay muchas cosas sin saber en la vida de cada cual.

Ahora que soy mayorcito comprendo que no puedo decir cualquier cosa, ni entrar en muchos sitios a no ser que me echen de lugares así o asá, voy a lo mío, sé lo que puedo molestar o no, con mucha educación respondo a esa persona o aquella, por ejemplo, hay muchos lugares que están prohibidos fumar, siempre llega alguien de turno con mucha responsabilidad que me advierte de la prohibición de fumar en esos lugares, le digo que lo siento, no me he dado cuenta y con mucha amabilidad apago el cigarrito. Por ejemplo, todos los vecinos de mi bloque de viviendas se reúnen para tratar entre otros asuntos sobre la prohibición de fumar en los ascensores, y común acuerdo para sacar una partida presupuestaria de la comunidad destinada a colocar cartelitos en el ascensor muy visual por cierto donde señale la expresa prohibición de fumar, ya he sido amonestado varias veces, lo siento señores, no me he dado cuenta, lo tendré en cuenta, de la noche a la mañana uno no cambia fácilmente las costumbres. Eso, todo eso lo comprendo, pero hay otras cosas tan nimias, tan absurdas que siempre llega alguien señalando con el dedo. ¿Qué le importa a un compañero de trabajo que cambie de marcas de tabaco como de sombrero?, ¿Qué le importa que yo me levante de la silla así o asá, con cierto ímpetu y todo eso? ¡Qué manía!

No idealizo situaciones, no trato de romper normas, no trato de ser un incivilizado, sino actúo a mi manera, y en la medida de lo posible observo las reacciones de los demás, en muchas situaciones mido mi comportamiento, mis decires, ya que puedo salir malparado. Me gustaría aprender el arte de mimetizar, o ser un mimo, o pantomimo, para simular los comportamientos de los otros, pero eso también puede ser molesto, ya que si mostrara el espejo al otro, el otro se vería fatalmente, molesto, puede explotar en cólera. Tengo mucho que aprender, lo cierto.

La lejía sirve para muchas cosas, para limpiar fuertemente los restos sucios del baño, desinfectar se dice, para limpiar el suelo, para lavar ropas blancas y dejar más blancas posibles, la lejía descolora, cae una gota de lejía en un pantalón de color y de inmediato se come el color, la lejía come mucho, como por lo pronto los colores, también come gérmenes. Supe de antemano la peligrosidad de la lejía por que inmediatamente asocié calavera con lejía, lejía es igual a calavera, y algo he visto de calavera, era muy pequeño y aún no sabía leer, y el dibujo era suficiente para indicarme la peligrosidad sobre la lejía, me produjo algo extraño, como posteriormente pensé sobre las drogas, el gusto por lo prohibido, no es ninguna tontería, se sabe que muchos niños han sido víctimas de accidentes domésticos y demás, niños que han bebido productos químicos, niños que se han quemado con el fuego de la cocina, niños que han puesto los dedos en los enchufes... La cantidad de lejías dispuestas a trasladar a otro sitio, a transportar en camión a diversos puntos de ventas, no había visto tantas cantidades de lejías, nos producía curiosidad observar, oler, ese producto químico.

 

 



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