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PESADILLA.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
25 de febrero de 2001.

España.

 

Es algo esporádico, me pasa de vez en cuando, esa cosa incomprensible adueña mi cuerpo de vez en cuando, la llamaré pesadilla hasta nueva orden. Pesadilla. De niño, cuando estaba especialmente griposo, esa cosa rara adueñaba mi cuerpo, una cosa es el sueño y otra la sensación. El sueño realmente espeluznante, ningún país totalitario podría comparar a ese sueño que tuve, hombres enanos en un desierto trabajando para los crueles gigantes. Con aniquilación, anulación total de sentimientos. La afectividad totalmente suprimida.

Podría comparar mis sueños en estado puro de pesadilla con aquellos cuadros pesadillescos que recuerde haber visto de Goya. La sensación es más bien de pura frialdad, una sensación mecánica, como si todos mis miembros corporales estuvieran rellenos de plomos y pesaran, una frialdad como la del acero inoxidable. Se podría decir que se trata de una pesadilla kafkiana.

Anoche no tenía gripe ni nada por el estilo, pero esa pesadilla monstruosa, esa sensación extraña se apoderó de mi cuerpo y de mi mente. Y quise experimentarlo a tope, cómo lo sentía, me sumergía hasta el último átomo de mi cuerpo, esa sensación, explorar esa sensación extraña.

Progresivamente iría acostumbrándome a esas sensaciones extrañas, en vez de asustarme pues lo acogería y los saborearía totalmente, haciendo una introspección total, me dio por ahí.

Como un país totalitario, en todos los sitios la estatua del mismo dictador, las gentes vacías y autómatas y asustadas y perseguidas policialmente y controladas científicamente, y falta de libertad total o semitotal, trabajadores masivos haciendo funciones monótonas, la palabra amor es suprimida, la palabra amistad también, solamente odios y enemistades, es el lenguaje común, el hecho de hablar conlleva violencia, y si algunos se atreven por la compasión o el amor todo ello sin la contrapartida, la otra cara de la moneda, amor y odio, compasión y enemistad, como algo viscoso que empaña todo. Enfermedades mentales a raudales. En el silencito total de aquellos vericuetos burocráticos algún niño gritaba y lloraba a la vez, de modo incomprensible para los demás.

Y las gentes anuladas sentimentalmente, afectivamente, hablan el discurso del poder, hablan en plan científico, en plan discurso universitario. Cada cual experto en sus campos de saberes, todos son científicos hasta el panadero o el fontanero.

Si no estás en la onda científica te catalogarían inmediatamente de salvaje, de marginal, de alguien extraño que habla en idioma diferente. ¿Por qué esa pesadilla?, ¿Por qué tengo esas pesadillas? En lenguaje aséptico, cogen pinzas y alcanzan objetos a estudiar milimétricamente, y los gigantes con movimientos mecánicos aplastan con sus grandes pies por error a determinados hombres enanos que trabajaban para los Gigantes.

En el desierto, con anulación de masa vegetal, el cambio climático frecuente, ver un sapo en un minúsculo charco es la novedad para el Instituto Científico de Especies Extrañas.

En una larga travesía de escapatoria, me escapé a través de una ventana de un edificio monocolor científico asustado por las imágenes horrendas de eminentes científicos que veían algo anormal o raro en mí que destacaba del resto, atravesé bosques artificiales, me topé con Gigantes que se pusieron nerviosos frente a la visión de mi persona, y hacían temblar al mundo con sus grandes pisadas, me di de bruces contra una gran muralla y me hice sangre en la frente. Estaba totalmente asustado.

Me sentía como ratoncito perseguido por gatos enormes de cabezas gigantes, como había en la ciudad oscura. El río que atravesaba la ciudad estaba lleno de aguas fecales, y vi un tipo de pez feísimo, que saltaba del agua, hambriento, tiene forma de pez extinguido que había en la época de los Dinosaurios, o algo así. Me asustaba todo, todo tan contradictorio, tan Científico y a la vez tan Absurdo.

Y los jóvenes, con cabezas cuadradas, acudían a espectáculos de masas, y con desdén pisaban gusanos que encontraban por las aceras. Una clase de gusano un tanto estrambótico, con forma poco conocida por mí, sucesivas metamorfosis para adaptarse al ambiente contaminante.

A pesar de la frialdad de las relaciones humanas, me he ido acostumbrando a mostrarme amable con las gentes, ser tratados como son, con consideración, por que todo lo contrario se convertirían amenazantes, me harían la vida imposible, por ser extraño y salvaje mis relaciones con ellos, era algo que he ido descubriendo, no podría mostrarme como soy, sino tenía que guardar las formas, no expresar mis dudas sobre la Realidad, y aunque la persona que encontrara de frente si no encontrara la oportunidad de escaparme, salir del paso, obligatoriamente tendría que mostrar rostro amable y ser amable en el trato humano, a no ser que salga malparado.

La pesadilla. Dentro de la pesadilla, desde pequeño las Autoridades Científicas trataron de enderezar mi vida, observaron anomalías en mí, catalogarme como alguien no adaptable en la sociedad, y eso no era tolerable para los Gigantes. Por eso fui educado en colegios especiales para niños problemáticos, visitaba comisarías, lugares de inspección científica de conducta, y las gentes en la medida de lo posible se extrañaban de mi aún no adaptación en lo social, sino de mi empeoramiento. Cada vez me mostraba más salvaje, y a la vez descubrí que lo más auténtico de mí para nada era cedido..., no cedía, para mi mayor sorpresa, a pesar de todas las torturas, no cedía, seguía incólume.

Por eso, mi pesadilla en estado puro, esa sensación extraña que tuve, tuve que introducirme en la pesadilla, no asustarme, para comprender el absurdo... por que me era absurdo todo eso.

Como si inmediatamente uno estuviera dentro de la Realidad Virtual y tratara en la medida de lo posible salir de ese juego virtual, por que es tan pesadillesco, salir de la Realidad Virtual.

He tratado de describir mis pesadillas, no sé si he ido encontrando palabras para explicármelo, a veces tuve esa sensación, de no encontrar palabras para explicarme, y se queda así, como sensación extraña, sin catalogar por mi raciocinio.

 

 



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