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EL ROBO DE MI COCHE.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
20 y 21 de abril de 2001.

España.

 

Era mi primer día de clase en un edificio grande donde hay varias aulas y los parados reciben clases de formación profesional ocupacional o de reciclaje profesional. Realmente estaba un tanto desganado, el edificio está lejos de mi lugar de residencial, y bueno, cogí mi coche, me desplacé hasta el edificio de enseñanza, que está situado en el otro extremo de la ciudad, en un barrio que en comparación con otros barrios de mi ciudad es más pobre y donde hay un alto índice de delincuencia y drogadicción, el edificio está en ese barrio marginal pero dentro de ese barrio marginal el edificio de enseñanza para los parados se sitúa dentro de la zona tranquila dentro del barrio marginal, o sea, que yo sepa, nunca he visto nada raro ni me ha pasado nada, quizás más allá del gran parque (que tiene un aspecto de abandono y con bastantes roturas –bancos rotos, farolas rotas, jardines descuidados-), el gran parque linda una parte del edificio de enseñanza.

Ese primer día de clase era un poco aburrido, las presentaciones, la profesora explica los objetivos del curso de “reciclaje profesional” (como personas tenemos que reciclarnos profesionalmente, como si fuésemos productos de reciclaje, el mercado laboral nos exigen reactualizarnos profesionalmente –como las reactualizaciones permanentes de las diversas versiones informáticas- o sea, vamos a la par con la evolución del mercado laboral...). Teníamos que rellenar documentaciones. Para eso de cobrar subsidios en función de algo, si vivimos lejos, o si tenemos hijos, o si tenemos minusvalías..., y nos advirtieron que a la tercera falta sin justificar durante un mes significa la expulsión del curso y retirar el subsidio por desempleo. O sea, las cosas son tan estrictas, las gentes tienen que acudir a los cursos de reactualizaciones. O de formación profesional ocupacional. O como se llamen.

Bien, yo tenía el coche aparcado en una calle situado entre el gran parque y el edificio de enseñanza. A la hora del desayuno, la media hora libre para desayunar o hacer lo que antoje, salí de clase a la calle para ir a una cafetería y tomar café con leche y tostada. Pasé por la calle donde aparqué mi coche (un coche mediano, eso sí, algo viejo) y me topé con dos viejos conocidos, son dos personas de mi misma edad, aproximadamente treinta años, que suelo verlos con frecuencia en ciertas conferencias que se da en el centro de la ciudad que tratan sobre cuestiones de filosofías y políticas. Me topé con ellos y nos saludamos y estuvimos hablando algo sin importancia. En ese momento, en un movimiento instintivo miré donde tenía aparcado mi coche y realmente no estaba mi coche, en su lugar una plaza de aparcamiento vacío, o sea, lo más seguro es que me hayan robado, por que no creo que se lo lleven la grúa municipal ya que es un lugar de aparcamiento y todos aparcan sin problemas y además no hay señales que prohíban el aparcamiento de coches, entonces me dije que me han robado el coche, es lo más seguro, y ciertamente preocupado por ese robo de mi coche, se los comenté a las dos personas que estaban hablando conmigo, viejos conocidos, ellos se dieron cuenta de la desaparición de mi coche, le dije que se han llevado mi coche, que es un hueso duro de roer, que se lleven mi coche que apenas tiene valor económico, que es muy viejo, no entendía el por qué me han robado el coche. Las dos personas se hablaron entre sí, y el más bajo de los dos me dijo: “vente conmigo, te ayudaré a encontrar tu coche”.

Fui detrás de los dos, me di cuenta que el más bajito me conducía por zonas realmente que no conocía, fuimos hasta el fondo del parque y luego atravesamos una gran avenida, y luego nos topamos con otro parque pero más pequeño que el anterior, y ese parque que está más descuidado que el anterior tiene debajo un parking municipal, o sea, que se baja por una escalera hacia el parking municipal, el parking municipal se recubre con un parque, bajamos una escalera y me di cuenta que es un parking municipal que deja de ser municipal y está cerrado y quien habitan en el parking son una legión de yonquis que encuentran su espacio para consumir la droga dura, se pinchan y un número menor de gentes fuman heroína, y realmente esa imagen de yonquis que se esconden del mundo real y encuentra su lugar para drogarse realmente era una imagen patética, me producía como un shok mental. Eran decenas, famélicos, superdelgados, desdichados, jóvenes y algunos más viejos que sobrepasan la barrera de los treinta años y que son los veteranos, los experimentados...

Me llamaba la atención dos o tres personas que tenían aspectos de sacerdotes que ayudaban desinteresadamente, por amor a los oprimidos, a las víctimas de la cosa injusta, con todo el brío, con toda la energía ayudaban a los heroinómanos al menos tener lo básico de alimentación y cuidado y ayudar incluso a introducir agujas para aquellos que los precisan, aquellos que ni siquiera encuentran venas para meter la aguja.

Realmente la visión de todo eso me producía algo mareante, angustioso, otra vez con la historia de las catacumbas, de las vidas en catacumbas, aunque no sea catacumbas.

Al final, tras conversaciones entre los sacerdotes y la persona bajita que me ayudó a encontrar mi coche y yonquis experimentados, pudieron dar con mi coche y al final convencieron al ladrón de mi coche sobre la conveniencia de devolverme mi coche, todo un montón de lío difícil de explicar, pero en definitiva pude dar con mi coche, y más cuando el ladrón vio a la persona bajita conocida por mi la cosa se resolvió en un flash de intercambios de miradas. Realmente el autor del robo de mi coche era un adolescente, que le daba por robar mi coche a modo de diversión, como jocosamente comentaban las dos personas conocidas por mí y que me ayudaron a encontrar mi coche.

 

 



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