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PODRÍA SER...

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
23 de abril de 2001.

España.

 

José fue a la casa de su hermana, su hermana estaba algo enferma, no tan grave pero que no podía levantarse de la cama, tenía la cara muy pálida, en realidad los médicos no dan con su enfermedad, y eso que ha visitado varios médicos, tantos privados como públicos. Los privados por su prestigio y alto coste económico despliega tal cantidad de última tecnología a parte de desarrollar plenamente el tercer ojo clínico o la ultraintuición (no es broma, tienen tal seguridad que se creen dioses con tal de sacar unos cuartos). Realmente José fue a la casa de su hermana ya que ella llamó por teléfono inalámbrico desde su cama, para que le hiciera un favor, que diera un paseo a su hija, o sea, la sobrina de José. La sobrina, que se llama María, a primera vista, tiene algo inquietante, tiene cuatro años, es algo rebelde, su mama no sabe qué hacer con ella, más cuando está malita en la cama.

José es una persona muy apocada, y que juega muy poco con los niños, y algo triste, melancólico, y realmente su sobrina María es la sobrina preferida, se lo dice a todo el mundo, que es su sobrina preferida, de las pocas palabras que ha intercambiado con María fue el momento más gratificante de los pocos que le ha dado en sus vida. Y se lo dice a todo el mundo. Dice que qué pelo más bonito, tan cortito, negro y sedoso, qué ojos tan grandes y curiosas, qué rostro más humano y bello, eso insiste siempre, como algo que le impacta. José fue a ver a su hermana, que estaba en la cama tapada, muy tapada, como si quisiera construir un capullo de seda, la cara totalmente pálida, y raras veces podía articular palabras, y nadie sabe lo que le pasa, los médicos dicen que ocurre esto y aquello, pero no coinciden en los diagnósticos de los médicos. Había un médico de seguro, un médico rural, que dijo que lo más seguro se tratara de un problema mental y que lo suyo fuera un psiquiatra o psicólogo. Hubo varios profesionales de la mente, desde diversas ópticas, uno que le daba por el masaje, otro por las pastillas, otro por la cura por la palabra, otro por que tenía que levantarse de la cama y actuar socialmente, en fin, diversas maneras de tratar el problema mental supuesto.

Desde la cama, la hermana de José dijo: “¿Por qué no me haces un favor?”.

José miraba taciturnamente a su hermana. Su hermana empezaba de nuevo a articular palabras... “Mi hija..., no puede estar mucho tiempo conmigo, necesita salir un poco, como estamos en verano no hay escuela y en esta casa de campo realmente tiene poco contacto con otros niños. Si deseas dar un paseo por el pueblo, le compra caramelos y todo eso”.

José escuchaba con dificultad lo que decía su hermana, ya que hablaba muy bajito, y dijo que vale, de acuerdo, que dará un paseo a María. María estaba sentada en una mecedora cercana al tocador del dormitorio de su madre, con la mirada dirigida hacia a su madre y en parte jugando con una muñeca vieja de madera y trapo (su muñeca preferida).

María escuchaba lo que decía su madre, que su tío comprará caramelos en el pueblo, y que la llevará a los columpios... María no decía que sí o que no.

José la llevó al pueblo, ella a veces miraba a José y a veces no, no iban cogidos de las manos, sino como islas separadas, que separa un corto mar, a corta distancia, que José controlaba los movimientos de María para que no se pierda. No se dirigían mucho la palabra. Ella iba con su tío como una obligación más. Eso frustraba mucho a José, el no encontrar un vínculo de comunicación más fluido y más humano con su sobrina, la comunicación puede ser a través de la palabra o jugar. Su sobrina se recataba algo, quizás como un reflejo del recato de su tío. Su tío hizo lo posible para que ella se lo pasara bien en el pueblo, la llevó a los columpios (que no había apenas niños), la ayudó a montarse en los columpios. Luego compró chucherías en la tienda de chucherías, la dependienta dijo: “oh, qué niña más bonita. ¿Es tu hija?”. José escuchaba la emoción de las palabras de la dependienta. “No, más quisiera, es mi sobrina”. María pidió a la dependienta de la tienda de chuchería caramelos mentolados, y una bolsa de palomitas.

En esos momentos silenciosos de paseo por el pueblo cercano a la casa de campo de la madre de María (una casa de campo con larga tradición familiar, primero era de la familia de los abuelos –o quizás tatarabuelos terratenientes que luego conforme pasaban los años perdieron poder económico, hoy día vive la hermana de José y María, con recursos económicos suficientes, la hermana de José es profesora de Inglés en la Facultad de la ciudad que está a cincuenta quilómetros de la casa de campo, y que coge el coche casi habitualmente para desplazarse a la ciudad y en verano se queda siempre en la casa de campo con su hija, por cierto, el padre de María, el marido de la hermana de José, murió hace un par de años por accidente de coche de modo brutal cuando volvía de la ciudad a la casa de campo, que frecuentaba bastante la ciudad por que tenía un estudio de Arquitectura y hacía bastantes proyectos de arquitectura para gentes respetables económicamente hablando –todo eso lo supe a través de los comentarios de los campesinos que trabajan la tierra cercana a la casa de campo, y realmente no supe el nombre verdadero de la hermana de José, el nombre de José y la de su sobrina lo supe por que los campesinos conocen a ambos personalmente, a José que es muy buena persona pero que es una persona muy apocada, y a María que es una niña muy bella pero que está en un ambiente familiar no propicio para su infancia, todo eso supe a través de los campesinos, en cuanto a lo que cuento aquí, la relación de los hermanos y todo eso lo he descrito imaginando escenas pero no tan imaginados, ya que sorpresa, José me lo contó casi todo en la tasca del pueblo -, luego pasaron por generación a determinados hijos), María por fin dijo algo... “¿Por qué no vamos a la casa de mi tío Luis?” El tío Luis es el hermano de su padre muerto por accidente de coche, también tiene una casa de campo pero más pequeño y algo abandonado y algo más pobre económicamente hablando. Y que está casi en el límite del pueblo. A escasas distancias de donde se encontraban, ellos se encontraban en la plaza pública del centro del pueblo. Su tío José asintió, vale, vamos a la casa de tío Luis. Cedía a los deseos de María.

Fueron ambos a la casa de campo de Luis, la verja de entrada estaba abierto, cerca de la verja de entrada había una perrera, un enorme pastor alemán que estaba amarrado con cadena en la caseta ladraba despiadadamente, alarmado por el ladrido del perro Luis se asomó por la puerta principal de la casa, vieron de quién trataba y fue directo a saludar a la sobrina María. “Oh, pero mira quién está aquí, ¡María, cuántos días sin verte!”. Los dos jugaban, dejando en un tercer plano a José que contemplaba con envidia cómo jugaban y cómo se comunicaban cariñosamente. María habló... “Mamá quería que yo saliera con mi tito José. Estuvimos en el pueblo. Ahora quiero estar contigo. No quiero irme con tito José ni con mamá!” Luis trató de comprender a su sobrina, que todo pasa, que hay que seguir con mamá, y ella lloraba, no quería estar con mamá, que se aburre viendo día tras día a su mamá malita en la cama. Después de varias horas, José no pudo que su sobrina volviera de nuevo con José para ir a la casa natal (María nació en esa casa de campo de la hermana de José). Y como José no podía arrancar a la fuerza a su sobrina, llegaron a un acuerdo con Luis, que fuera Luis quien se la llevara a la casa natal, a la casa de la hermana de José. José se fue desconsolado. Sin comprender esa actitud de María, quizás sea que José y su hermana falla en algo. Podría ser...

 

 



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