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UN HOMBRE EXTRAÑO.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
10 de mayo de 2001.

España.

 

El hombre salía por la mañana, bueno, no tan mañana, un poco antes de las doce de la mañana, desde que perdió el empleo disfruta del subsidio de desempleo, y además es un hombre que no cree demasiado en el trabajo, en la productividad, es más bien ocioso, perezoso, un tanto raro en comparación a la masa trabajadora, siempre ve la realidad con desdén, y además no es fácil comprometerse, las chicas mayoritariamente abandonan o no aguantan las rarezas del hombre, se comporta como un gato, quién se acerca al gato, tan independiente, tan solitario, algunas mujeres se preocupan por él, eso no es bueno en la sociedad, que el hombre sea tan alejado de los acontecimientos, de los sentimientos de los demás, algunas mujeres creen que el hombre necesita una buena dosis de realidad social, de comprometerse con la colectividad y un largo etécera, cosa que el hombre no está por la labor. Es una rareza. A veces tiene complicaciones mentales. Salía por el portal del bloque de vivienda donde reside. Cruza la calle y se planta en un kiosco de prensa. Se compra un periódico, la dobla y la coloca debajo del brazo. Y camina. Había quedado con una extraña mujer (que habían quedado para esa mañana en una cafetería). Una vez dentro de una cafetería que siempre se llenan de gentes que se hablan entre sí, comentando cualquier cosa, siempre ruidosas, vio que la extraña mujer estaba sentada sola esperándole al fondo de la cafetería, en una mesa con dos sillas, ella daba vueltecita a la cucharita del café, como dando a entender que estaba ansiosa por un encuentro con él. Aunque ella disimulaba un poco, disimulaba que no tenía mucho interés por él, pero en realidad era un interés enorme hacia el hombre extraño. Ambos son extraños en la ciudad, con vidas pocos convencionales, que no siguen la corriente, que no siguen las convenciones sociales, ella viste muy rara y es algo poeta y holgazana. Él es alguien que no le interesa los acontecimientos civiles, sociales, es asocial, y muy independiente, y siempre pensando en sí, muy ensimismado y muy preocupado por sí mismo y concede poco interés por los problemas ajenos, comprende que eso es un problema, lo más mínimo esa actitud tan autista del hombre es sistemáticamente rechazado por la convención social tal como él pensó, así es difícil vivir dignamente, lo comprende, pero no sabe si eso es por su carácter, por la carga de la herencia o qué, no lo sabe. Ella se levanta y cede el asiento al hombre, que aún tenía el periódico bajo el brazo. Ella fija la mirada sobre el periódico.

-¿Qué periódico lees?.

-Uno local.

-¿Te interesa las noticias’

-Esto que es, ¿Una entrevista?

-No. ¿Quieres un café?

-Vale.

Ella se levanta y va directo a la barra del bar e intercambia unas palabras con el camarero y luego vuelve a la mesa. Ve que el hombre está como muy pensativo y que no le da importancia al encuentro. Ella está como muy interesada por él. Por momentos sentía sentimientos amorosos, le caía bien, y hablaba ella con bastante frecuencia sobre cualquier cosa. A él también le interesa ella. Quizás halla alguna química. Él piensa que ella no es como otras que siguen la corriente, las convenciones sociales, sino una mujer muy independiente que respeta las decisiones de los otros y no compromete demasiado al otro.

-¿Qué te dedicas? –dijo ella, después de decir cualquier cosa relacionado a los accidentes menores de la sociedad, la vida civil, los coches que hay en la ciudad que mejor sería tirarlos a la basura como en los juegos de los niños, como piensa ella, tan estrambótico sus pensamientos.

- A nada, a estar muchas horas en casa.

- ¿No te aburre?

- No. Prefiero estar en casa antes que hacer tonterías por ahí. En realidad me dedico a coleccionar fotos de periódicos, noticias, y me conecto al internet, ¿sabes?, y dedico bastante a ver basuras exquisitas, veo propagandas, leo lo que escriben las gentes, hago mis tonterías, anoto cualquier cosa en mi diario personal, colecciono basurillas digitales, ¿sabes?, todo eso me excita.

- Ya, vives solo y te dedicas a navegar en internet y escribir basura lo que dices...

- No, escribir cosas.

- Bueno, escribir cosas. Y tienes una página en web, ¿se dice así?

- Sí, como quieras.

- En la cual enlazas páginas estúpidas, noticias estrambóticas, escritos de otros, o simplemente escribir mierdas.

- Sí.

- Ajá, me interesa tus historias.

- ¿Cómo?

- Sí, me interesa tus historias.

- No puede ser.

- ¿El qué no puede ser?

- Que te interese mis historias.

- ¿Por qué no?

- ¿Sabes?, no me interesa nada, no creo en el trabajo, me dedico a pasear, a leer tonterías, a ver fotografías, a escribir mierdas. ¿Cómo te puede interesar eso?

- Es tu creatividad.

- Pero no, tía, tu eres poeta, aunque no lo admita, al menos haces algo interesante, no te entiendo que te interese mis mierdas.

- Sí, me interesa tus mierdas.

- Soy rechazado, reprobado, no soy productivo, y hacer mierdas o ver mierdas es como tener pajas mentales, ¿sabes?

- Me importa poco lo que digan las gentes, o lo que pienses lo que es una paja mental. Me da igual.

- No te entiendo, tía.

- Eres un coñazo.

- Además no entiendo esta conversación y menos este encuentro.

Los dos tipos extraños convivieron juntos, y ambos coleccionaron fotografías basuras, les gustaban buscar basuras literarias.

Realmente lo que pasaba es que ella se enamoró perdidamente de él. Simulaba bastante, se hacía la indiferente, como un modo de atrapar al gato insumiso.

Una vez, ella le convenció que no tiene sentido llamar basuras a esas cosas, que es muy relativo, pero él dijo que basura se refiere a aquello que no sirve o no son asimilados por la maquinaria editorial y tal o comercial, y que son como desechos sociales, y que además estaba muy interesado por los fenómenos de listas de correos electrónicos donde gentes anónimamente soltaban sus miserias, sus frustraciones, lo oculto socialmente, por eso es tan fanático de aquella parte que no se muestra en la vida social o las convenciones, el internet para el hombre es un modo de estar con los fueras del sistema y él es uno de ellos, aunque ella comprendía totalmente desde el principio cree que es una pasada dedicarse bastante tiempo a esas cosas más o menos “basuras”. Una vez sacó por impresora una fotografía que encontró en internet que muestra un grupo de gentes que viven en chabolas en medio de un vertedero de basura de una gran urbe, y lo que se sorprendió era el cómo estaban hechas las chabolas, con basuras empaquetadas, era un modo de hacer paredes fuertes y techos fuertes. Y cómo animales comían basuras. Pues esa imagen le gustaba.

Ella ganó varios premios de poesías. Iba a distintos lugares de encuentros con poetas. Él rechazaba esos encuentros. Cada vez mas se separaron ambos, se distanciaban progresivamente. Ella conoció a un poeta que habla sobre la conveniencia de unir a las masas sociales para hacer una gran revolución social, a partir de eso, la cosa iba por otros derroteros. Ella se separó de su amante, no soportaba la vida tan ajena a los acontecimientos sociales (por primera vez le insultó de ser un parásito, el respondió que realmente de eso iba, que el prefiere ser parásito que uno seriado o estampillado, y que no quiere vivir en el Gulag, fue una discusión fuerte y absurda, ella le llamó sucio burgués y no tener sensibilidad o no comprender a las masas humilladas, él le dijo que son fantasías sexuales de ella, ella le contestó ¡mierda freudiano! o lacaniano, lo mismo da, la cosa se calentó), tan al colmo del colmo, y entonces ella se hizo sindical de izquierda revolucionaria, y es secretaria de la sección formación para los parados en el área centro de la ciudad y tal. El hombre, consciente de que ella ha recogido todas sus cosas del apartamento y guardar en maletas y largarse del apartamento, consciente en la mañana casi la doce de la mañana cuando descubre que la mujer no estaba a su lado y que se había ido definitivamente, se levanta, nota que el subsidio de desempleo se está agotando, mal día, dijo, se levantó, encendió el ordenador, tomó el café con leche y magdalenas mientras navegaba en internet y consultaba el correo electrónico. Pasada las una de la tarde salió a la calle, cruzó la calle y se plantó en el kiosco de siempre, compra el periódico y pone debajo del brazo. Tiene vagos recuerdos de la mujer que convivió con él durante tres años y que compartían aficiones tan raras. El kiosquero le ha reservado varias revistas de fotografías y unas cuantas sobre noticias curiosas y extrañas del mundo.

-Para que luego no te acuerdes de mí.

-¿Qué dices?, me acuerdo de ti todos los días, que sería de mí si ti y el kiosco.

El kiosquero se reía mucho de las ocurrencias extrañas del hombre cliente fijo del kiosco, y que tiene cierto lazo de confianza mutua, a pesar de que ve el kiosquero al hombre cliente fijo algo extraño y maniático y bastante perezoso. El kiosquero de repente dijo...

-Ah, se me olvidaba, me ha dejado una nota una mujer...

-La mujer esa...

-No, es una mujer muy extraña, tendrá unos treinta años. Realmente me deslumbró por su belleza.

-Sí, entonces no sé quién es.

-Es rara. Vive en un edificio en frente al tuyo.

-Ya. Pero no la conozco.

Miró la nota. Escrito a mano. Con rotulador rojo.

Aunque no me conozca, yo te conozco de verte diariamente comprar el periódico y otras publicaciones. Creo que eres interesante. Me daba vergüenza hablarte, te he visto varias veces, y me quedé prendada de tus palabras que intercambiabas con el kiosquero. ¿No te importaría quedarnos en la cafetería Capricho a las doce de la mañana de mañana miércoles? Yo te esperaré. Si no estás de acuerdo, no pasa nada.

Besos.

En fin, se levantó un poco más temprano de lo habitual. Compró el periódico. El kiosquero deseó suerte. Realmente no entendía eso de suerte que le profirió el kiosquero. Lo tomaba como una rutina. Va a la cafetería. Ve a ella sentada sobre el taburete junto a la barra del bar. Se dio cuenta que era ella por que saludó con la mano. Intercambiaban palabras.

-¿Deseas un café?

-Vale...

 

 



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