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EFECTO DE CASUALIDAD.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
25 de junio de 2001.

España.

 

Efecto de casualidad, como (golpe de) efecto que se produce con el palo del billar al dar a un determinado punto de una bola, la bola blanca, es tan geométrico, nunca aprendí a producir (golpes de) efectos en la mesa del billar, ni geometría espacial, efecto de casualidad, por carambola, me topé con un antiguo compañero del barrio. Seguía siendo más o menos el mismo que cuando era adolescente, un poco más mayor, pero su semblante seguía siendo el mismo, su tono de voz, sus gustos por la vida, y sus incesantes canutos de porros, tan apegado al efecto del hachís. Es cuestión de carácter, de gusto...

Fue en aquel pueblo, de tantas cuestas, calles con cuestas para arriba y para abajo, yo subía una cuesta y él bajaba. Yo estaba en una acera y él en la otra. Nos reconocimos al instante. Veía como siempre su fisonomía imponente, como mirando por encima del otro, como muy orgulloso de sí mismo cuando está a solas consigo mismo, y denotaba cierto temblor en su cuerpo como si resonara una música en su interior, en efecto, tan aficionado a una música popular, siempre andaba con la radio en su cerebro, se sabía un montón de canciones, de melodías, y sus pensamientos cuando está a solas consigo mismo es música, melodías, canciones... Al verme se despertó de su ensoñación musical, de su ensimismamiento musical. Crucé la calle, di la mano, pregunté de cómo iba, pregunté que adonde iba, me dijo que iba a un portal, a un piso, a comprar una “tabletita” de hachís. La “tabletita”. Recordaba que diariamente tenía su tabletita, un día más grande otro días más pequeño, según lo que halla comprado. Me preguntó si quería acompañarle, para ir a ese piso y luego compartir unas caladas, bueno, le dije, vale. No tenía mucho que hacer, y bueno, hace tiempo que no di unas caladas al hachís, no es que me apeteciera mucho, pero para dar un cierto retoque al día aburrido en ese pueblo que no tenía nada que hacer pues nada fui con él.

Me iba relatando por el camino su vida, el trabajo, sus problemas, y me iba preguntando por mi vida, le dije más o menos lo mismo, el trabajo, mis problemas... Y de súbito se puso a tararear una canción, se puso a cantar. Y no intercambiamos palabras hasta llegar al portal donde íbamos. Ya en el portal, subimos un solo tramo de escalera hasta llegar a la planta primera, una puerta estaba abierta, era el piso donde vende hachís..., mientras mi compañero intercambiaba unas palabras con la vendedora de hachís (casi frisa los cincuenta años, pelo despeinado recogido por un moño casi a la altura de la coronilla, hablaba la mujer muy desenvuelta mientras en las habitaciones se oían ruidos, gritos, niños que juegan gritando, la televisión a toda voz, el marido o no se sabe cantando como un borracho).

En ese momento, mientras mi compañero intercambiaba palabras y luego la mercancía y el dinero, a cambio de dinero tal mercancía, a cambio de la mercancía tal dinero, todo intercambio, un intercambio tan natural que él supo por rutina, por repetición, realmente yo tendría que aprender ese intercambio tan natural, empezando con el golpe de vista y todo eso, todo eso tan acostumbrado por mí pero se me ha olvidado, una cierta ritualización del comprador de hachís y del vendedor del hachís (es ilegal, ¿para cuando venta legal y menos adulteración?), como las ritualizaciones de las gentes que venden automóviles y compran automóviles, están las figuras del vendedor, están las figuras del comprador, todo eso se me repetía en la cabeza, y el comprador de frutas y el frutero gritando a viva voz como ocurre en la plaza del pueblo, todo intercambio. Mientras intercambiaban, en ese momento, a esa hora de la mañana, vi como dos personas (aspecto bastante lamentable, harapientos, pero muy jóvenes) subían la escalera hasta la segunda planta y con bastante nerviosismo para comprar no hachís (eso es la primera planta) sino heroína. Nos miraban, me miró como tratando de sonsacar algo de dinero pero la vendedora de hachís con un lenguaje no verbal los ahuyentaron. Me dijo la vendedora de hachís que tuviera cuidado por que lo mismo estarían en la calle y esperarían para cualquier cosa. Uno de los consumidores de heroína, después de haber comprado la porción, la mercancía, la papelina, no esperaba demasiado, se introdujo la heroína en la misma escalera, en el acto se produjo el efecto en la cabeza (heroína de buena calidad), el otro se metió un pico en el mismo portal. Tenían miradas perdidas.

Salimos del edificio, cruzamos la calle, fuimos a un parque, nos sentamos en un banco para sentarse de hormigón armado, intercambiamos palabras, intercambiamos el porro. Le estuve comentado sobre los distintos golpes de efectos con el taco en la bola del billar, buena idea, fuimos a un billar, buscamos una mesa de billar libre, intercambiamos palabras con el dueño del billar, una hora equis pesetas, jugamos al billar...

 

 



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