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LA AFORTUNADA.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
19 de julio de 2001.

España.

 

Me duele el brazo izquierdo. No mucho. Esta mañana al consultar un panel en un piso y al ver que había muchas personas en el recibidor tuve un cierto impulso de salir inmediatamente y bajar la escalera del bloque de viviendas y me resbalé. Maldita escalera. Me encontré con un colega en la calle, le dije que me duele el brazo izquierdo, esa maldita escalera, me he resbalado. No es para tanto, pero algo molesto. El colega se reía, carcajeaba por cómo le contaba la caída en esa maldita escalera. Y me invitó a un café y me contó una historia. “Bueno, pensé en una empleada de gasolinera. La que estaba siempre según su turno horario tras un grueso cristal, en la caja, ahora las gasolineras se han modernizado bastante, con más sistema de seguridad. Ahora son los usuarios, los clientes, quienes tienen que echar gasolinas a sus coches, previo pago en la caja, la cajera pulsa el botón del ordenador, tienes que decir en qué surtidor estás y si es gasolina súper o sin plomo y demás. Pensé en ella a través de una cierta experiencia para mí sigue siendo inexplicable, extraño, la empleada no tiene algo que destacara, generalmente supe que siempre se consideraba secundaria en todo. Sale la jefa de esa estación de gasolina y la empleada se empequeñece, la jefa es muy presumida, se viste bien como si acudiera todos los días a fiestas importantes o a bodas, realza sus atributos sexuales, cómo no, centran las miradas de los hombres en sus abultados y bien proporcionados pechos y sus falditas tan cortitas, y siempre la cara muy pintada. Pero en el fondo la encontraba muy presumida, en principio despierta curiosidad pero luego pierdes interés. Bueno, pues la empleada se sentía muchas veces infravalorada, de escaso interés, con su gruesa gafa para corregir sus dioptrías y miopías, es bajita y delgada. Su relación con los demás desde su puesto de trabajo es fría, es normal, ser fría con los demás en ese trabajo, tiene contestaciones muy secas y racionales, bueno son detalles de esas personas que trabajan en la gasolinera, no sé por que describo tanto, todo eso es lo de menos, es un modo de poder explicar cierto fenómeno para mí extraño y entonces pensé y rebusqué recuerdos, como el que inmediatamente rebusca en una papelera papeles inútiles, a la búsquedas de ciertas anotaciones, de ciertos datos... Recuerdo que también había un guarda jurado con su uniforme, y que hay cámaras de vigilancias. Bien, pues yo había aparcado el coche en uno de los surtidores para gasolina súper. Memoricé el número del surtidor. Y fui directamente a la ventanilla de la caja. Allí estaba la empleada. Estaba en mis pensamientos y ensimismado, no me fijé en ella. Dije la cantidad que quería: dos mil pesetas gasolina súper en el surtidor cuatro. Ella inmediatamente coge el dinero y pulsa un botón del ordenador. Listo, dijo ella. Había otra mujer cliente que también pidió tal cantidad a la cajera más o menos en el mismo tiempo que yo. Y en un santiamén vi surgir un billete de cinco mil pesetas. Pensé en ese billete, me dije: es de la mujer cliente que estaba en el mismo momento que yo. Algo así. No di importancia. Quizás no me fijé bastante de cómo surgió el billete, pero era como el mago que saca el conejo de la chistera, como arte de magia. En ese instante es cuando me fijé directamente a la empleada de gasolinera y vi su cuerpo entero y me fijé en su mirada interrogativa y entonces preguntó: “¿Es tuyo el billete?”. Mi respuesta inmediata fue que no. Pero en todo caso estuve pensando: si soy tan despistado... no estoy seguro, estaba seguro que en mi faltriquera no llevara más de dos mil pesetas, pensé y repensé, averigüé... no, estoy seguro que no es mío. Ella estaba preocupada, salió de la caja y se dirigió directamente a un coche de la mujer esa que pagó más o menos al mismo tiempo que yo, la mujer por lo que veía negaba que fuera de ella. La cajera volvió a su lugar de trabajo con el billete en la mano. Bueno, el caso es que lo olvidé. Qué más da, en el fondo cuando vi a la empleada me dije que se lo merecía. Frente a tanta hipocresía que es objeto en la empresa y siempre considerada ninguneada o secundaria en relación con los otros compañeros de trabajo y generalmente con los clientes, me dije que ella se merece esas cinco mil pesetas, que se la guardara y que eso fuera así todos los días, ocurre cada dos por tres en determinados vagabundos que por ejemplo alguien anónimamente deja una bolsa de plástico con muchos billetes, con millones de pesetas, y el vagabundo sorprendido no sabe quién dejó eso, no ocurre siempre, pero muy raramente ocurre. Bueno, el caso es que me olvidé de eso que me llamó mucho la atención, la del billete de cinco mil pesetas que al azar surgía. ¿Podría ser mío?, probablemente, o de aquella mujer cliente, también. Pero era difícil probar, yo lo negué, estaba muy seguro que no era mío, y la mujer cliente también. Un día un amigo me invitó a la fiesta de su cumpleaños. Siempre se lo monta a lo grande y van muchas personas. El cumpleaños se celebraba en su apartamento. Casi una veintena de personas. Almuerzo y luego charla y escuchar música. Puso varias mesas para que cupiera más gentes, los que no pues comían de pié. Yo estaba sentado, y al lado mía se sentó una mujer que no me fijé demasiado por que estaba hablando con otro, pero al tener curiosidad me fijé de quién se trataba quien se sentó a mi derecha y... ¡era ella! La empleada de aquella gasolinera. - Hola, hum... me llamo Eusebio... ¿no trabajas en una gasolinera? - Oh, sí, claro, todos me conocen por que trabajo en la gasolinera, van tantas gentes... me llamo Elisa. - ¡Encantado de conocerte! Ah, sí, me acordaba de ti. Te recuerdo una vez por que apareció un billete de cinco mil pesetas y me pregutabas si era mío, y estaba muy seguro que no era mío ni de aquella mujer... no sé si recuerda. - ¡Sí!, oh, me dije de quién era... ¡de verdad! ¡si es tuyo te le devuelvo! - O sea, que te quedaste con el billete. - Sí, no era de nadie, estaba preocupada. - ¡De alguien podría ser! ¿Sabes?, ocurre con frecuencia con gentes despistadas. Estuvo un tiempo pensando. Y me observaba. Como si estuviera preparando para decirme algo, como calculando las palabras a decirme. - Tu y yo. Nadie más. ¿Sabes?, ocurre con frecuencia. Me alarmé. - ¿Con frecuencia? Y eso. - No lo sé, no encuentro explicación. - ¡Pero Elisa!, ¡eres una afortunada! - Sí, no encuentro explicación, nadie reclama su billete. Entonces qué hago. Es como una paga extra. - Vaya paga extra. ¿Con cuanta frecuencia ocurre? - Casi diariamente. - ¡Casi diariamente! - Sí. - ¡Y nadie reclama su billete! - Nadie. - Y no has comentado eso... no sé como se dice eso, en los centros de trabajo hay centros de devoluciones o algo así... no sé como es eso. - Sí, centros de devoluciones. Nadie me hace caso. Dicen que estoy loca.

- ¡Loca! - Sí, dice que estoy dando dinero. Y trato de demostrar que es al contrario. Realmente les importan bien poco. Lo que me extraña es que te dieras tú cuenta de eso. ¡Cómo te diste cuenta! - No sé, no se me escapó ese detalle. Fue como salir un conejo de una chistera. - ¿Por qué no me lo dijiste en ese momento? - Bueno, no lo pensé... realmente me dije que te merecía eso. Además te veía algo enfadada y no quería meterme en tus asuntos. - Bueno... realmente siempre estoy enfadada por que... ¡me consideran fea, me considera nada! Mi jefa siempre alardeando y con hombres musculosos y yo como una estúpida trabajando. Oye... de verdad, si es tuyo el billete te lo recompensaría con cualquier cosa, ¡vale!. - Para nada, no tienes por qué recompensármelo. En ese momento el amigo que festejaba su cumpleaños me llamó para que fuera a ayudarle a poner música... - Bueno, Elisa, me llama, seguiremos hablando. Bueno, mejor, pienso irme, no voy a aguantar la fiesta, dame tu número de teléfono si deseas.

- ¡Sí, de verdad! - ¡Sí! Me interesa tu historia. - ¡De verdad! - ¡No te lo estoy diciendo! Venga, que me voy. - Vale, mi número es...”

Bueno, esa es la historia que quería contar. Es la de un colega, la historia de un colega con esa empleada de gasolinera. En el fondo le caía bien, se caían bien, son amigos esporádicos. Me duele el brazo izquierdo. Bueno, me hizo pensar esa historia.

 

 

 



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