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RATAS.

Miguel Ángel Sánchez Valderrama
miguelasv@terra.es
http:// neurosistotal.blogspot.com
26 y 27 de julio de 2001.

España.

 

Cada vez que pienso en ti se me va el santo al cielo, sería una sensación extraña, quién pensaría recorrer las calles de la ciudad observando cada una de los escaparates de las tiendas sin por ello perder la esperanza.

Siempre estaría andando; al pie de la Catedral, junto a una plaza, había un mendigo que pedía y tocaba la flauta, la ciudad alarmada por la abundante presencia de vagabundos y maleantes, me hizo recordar ciertas frases de una persona en un piso, ella hacía recortes con periódicos y guardaba las fotos más impactantes, no entendía su manía de hacer recortes de periódicos, que guardaba celosamente en distintas carpetas, la cama sin hacer, la pereza que le embarga, el fregadero con muchos platos sin lavar. El ambiente en la ciudad es apacible, en verano, no hay tanto nerviosismo como en invierno donde los niños van al cole y los mayores con sus responsabilidades. Siempre estaría andando, la mayor ilusión no es adquirir un coche sino cómo prescindirme del coche. El carril bici atraviesa la ciudad entera. Junto a la Catedral hay una cafetería, la camarera vestida normalmente de calle, digo esto por que me extrañaba que no se vistiera como las demás como las otras cafeterías por estricto cumplimiento laboral, en esa plaza de la Catedral, las camareras con sus uniformes, salvo esa cafetería de esa mañana que estaba la camarera con signo de cansancio, a cualquier hora con signo de cansancio, como el signo, la señal, que echan los indios con el humo del fuego, signo como comunicación, los indios se comunicaban con humos de fuego. La ciudad de Ana me resultaba agradable. A pesar de ciertas asperezas que pudieras encontrar. Sé qué Ana se encuentra en su apartamento, pero no lo puedo asegurar, no tiene hora fija, eso es lo que me fastidia de ella, que no dispusiera una hora para poder verla en su apartamento, si está pues suerte y si no pues otra vez será. Esa mañana no estaba, entonces me fui a la cafetería de la Catedral. No sé si se llama La Catedral o De la Catedral, da igual, todos conocen a la cafetería como de la Catedral. El tiempo se me diluye, las palabras también, no encontrar un rumbo fijo, el olor agradable de las plazas de la ciudad que hay en el casco viejo de la ciudad, allá van las gentes a comprar frutas, pescados... Hay un bullicio alegre por las mañanas. Qué pensaría de Ana, si ella recorrería estas plazas, para comprar... ¿Qué estaría pensando en esa mañana? Por la noche, por un callejón oscuro, veía una rata, que salía de improviso de un contenedor de basura, una rata tan grisosa, solitaria, que corría velozmente, y me imaginaba, me preguntaba si la ciudad estuviera de improviso invadida de ratas sería un problema sanitario, cómo, epidemia, un mal que aqueja a la ciudad, tornándose pesadilla. Solamente vi una sola rata, enorme, que salía del contenedor de basura, también hay otras muchas, pero no es un problema mayor para las autoridades sanitarias. El cronista más famoso de la ciudad, que diariamente describía la ciudad, la política, sociedad... en el periódico local, estaba en esa mañana tomando su café en la cafetería de la Catedral (Cafetería “De la Catedral”, salí a mirar el letrero) y anotaba algo en su cuaderno, suponía que era su próximo artículo del periódico. ¿Cómo sé que el cronista de la ciudad? Por su cara, aparece en la foto del periódico. Le veía muy orgulloso. Se encuentra muy a gusto en esa cafetería, tomando su café, y anotando lo que viene a la mente o el próximo artículo, solitariamente. Me acerqué a él, él denotaba signo de distancia, como marcar un muro, poner parapetos, para no acceder a su territorio imaginario, me eché un poco atrás, qué me importa el tipo ese, por muy famoso cronista de la ciudad sea, me importa bien poco, pero vi que abría un poco su boca, “¿Eres de la ciudad?”. Me preguntó con cierta dificultad. Dije que no soy de la ciudad, que vengo de visita. “Ah, bienvenido seas”. Bienvenido sea, podría decirme bienvenido a casa, muchas de las alfombras que colocan en las puertas de los pisos ponen “bienvenido”. Puso una alfombra. Me hubiera gustado tener una alfombra voladora y volar. Las brujas volaban con la escoba. Se me ocurrió preguntar si en la ciudad hay muchas ratas. Parecería ridículo, un tipo como ese esperaría que le preguntara sobre la historia de la Catedral, del monumento característico de la ciudad y que domina buena parte de la ciudad, pero las ratas... más bien sería una pregunta que te podría responder un barrendero, pero no vi barrendero en esa mañana, en toda la mañana, no vi barrendero. Lo que esperaba, puso un gesto gruñón, en principio no quiso contestarme..., pero luego accedió: “¿por qué te interesa saber las ratas que hay en la ciudad?”. No sé, se me ocurría, anoche vi una enorme rata en un callejón oscuro. “Ah, pues nada, la política sanitaria de la ciudad funciona, eso no quita que alguna vez veas ratas, siempre hay ratas, pero no hay cifras alarmantes, sino están dentro de la normalidad estadística”. Eso quiere decir que abundan ratas, lugares por donde no se ven. “Como en todos los sitios, al menos en ciudades civilizadas”. La ciudad de Ana es civilizada. Con muchos parques, jardines, monumentos interesantes que son visitados por innumerables turistas... Encendí un cigarrillo. Estaba en la entrada de un cine. Un enorme cartel anuncia el estreno de una película, aparece el tipo con sombrero y ella muy guapa. No se me quedaron los nombres. Un hombre y una mujer a escasos metros de la entrada del cine, clownes, jugaban con niños divertidamente. Es la acera de paso de Ana. Si no la encontraba en su apartamento pues la encontraría en esa acera. En concreto, en la entrada de cine. La vi venir a varios metros, la vi salir de una bocacalle y dirigirse a la entrada del cine, sabía que me encontraría en la entrada del cine. Me resultó extraña su cambio de imagen, llevaba un pantalón vaquero y una camisa blanca. Me saludó, quiso saber cómo me encontraba en la ciudad, le dije que estuve mucho tiempo en la cafetería de la catedral, y que me encontré con el cronista de la ciudad que escribe en el periódico local y que le pregunté sobre la “estadística” de ratas. Ella se reía de mi estupidez con las ratas. Pasaban coches por esa calle principal, había un taxi aparcado, cogimos el taxi para desplazarnos casi en la periferia de la ciudad, en un gran parque, para ver los jardines y hablar, cruzamos un puente sobre un caudaloso río, en ese río vi flotar dos o tres ratas enormes muertas, señalé a Ana las ratas muertas, pero ella no vio ninguno. Claro, en el momento de señalar a las ratas flotantes la corriente de agua se llevó a las ratas flotantes, hasta desaparecer. Me acordaba de una persona que de repente se iba de la cabeza, por lo visto las drogas no le sintió bien psíquicamente y de repente veía por todos los lados serpientes o salamanquesas o enormes tarántulas, bichos e insectos, me preocupaba por mi propia salud mental: lo mismo vería ratas por todos los lados. Cambié de tema de conversación y me interesó la vida de ella, ella me contaba sus dificultades laborales, sus dificultades con las personas, en fin, problemillas de ellas, pero mi mirada siempre apuntaba a los contenedores de basuras, veía gatos enormes, gatos satisfechos y orgullosos, como saciados después de alimentarse bien, pero aún no veía ratas. De pequeño me preguntaba cómo el sexo femenino en mi hogar (mi abuela, mi madre, mis hermanas...) se asustaban al ver ratas o ratones, también de pequeño veía en televisión cómo el elefante cuando ve una rata o sale huyendo o se sube sobre la mesa (como ponía en dibujo animados), cómo se asustaban ver un bicho así, es un animal como cualquier otro, pero luego sí me producía cierto asco al comprobar que abunda en mundos sucios y se alimenta de cualquier cosa y no se sabe qué y sus ojos vi una vez algunas con ojos inyectados de sangre... bueno, lo que sea, luego no simpatizaba demasiado con las ratas. Estuve como una semana con Ana en esa ciudad. Luego llegó la hora de despedirme de ella, cogí el tren, me desplacé hasta mi ciudad natal a cientos de quilómetros. Cuando llegué a mi ciudad natal, lo primero que hice era desayunar en una cafetería próxima a la estación de tren, mientras tomaba mi desayuno contemplé la pantalla del televisor. Noticias Última Hora: La ciudad x. es invadida por ratas, se temen por la seguridad de sus habitantes, se creen que es una epidemia pero es inexplicable... Las ratas.

 

 



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