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MULTIPLICACIÓN.

Pily
http://www.ccapitalia.net/ngc
ngc@ccapitalia.net
Febrero - abril de 2000.

 

... hacia el verano del 2095...

Stella tomó asiento sin prestar atención a su interlocutor, y tras cinco minutos exactamente, aun continuaba frente a él con la mirada perdida como si de un muñeco de cera se tratase, y así continuaría indefinidamente, no movería un solo músculo hasta que él no hiciese algo al respecto.

Pero antes de comenzar, Bogg aún tuvo tiempo de observar que aquella mujer de mediana edad y apariencia virginal, había continuado perdiendo peso, ¡desde luego que lo había hecho!, y si seguía así quién sabía cómo podía acabar... Asimismo también se empezaban a observar las primeras canas en su electrizado cabello. Definitivamente era una pena...

– Entonces seguiremos adelante según lo previsto ¿no es cierto señora Urnikov?

Los diminutos ojos grises de Stella empequeñecieron aún más enfocando furiosos el objetivo:

– Hallen, señora Hallen, ¡no sé cuantas veces he de decirle que se dirija a mí como Stella Hallen! Aunque legalmente no seamos marido y mujer, nosotros nos consideramos un matrimonio, doctor.

– Bueno, eso quería decir, lo siento – Bogg estuvo a punto de echarse a reír puesto que ya no conseguía intimidarle. Aun así no lo hizo, se merecía todo el respeto que pudiera inspirar teniendo en cuenta su desgracia, pero era cierto que no podía evitar provocarla. Aquella mujer era tan susceptible... – ¿entonces, lo ha pensado bien señora Hallen? ¿Sigue dispuesta?

– Sí, los dos estamos dispuestos. – Puso mayor énfasis en su pronunciación, aunque el tono de su voz continuó sonando extraordinariamente hueco –. Es cierto que quizá hemos esperado demasiado tiempo pero ¿quién iba a imaginar que Dave, que sus días... – tragó procurando dominarse – iban a terminar tan pronto? – Respiró profundamente sacando las pocas fuerzas que aún le quedaban, para ello hubo de concentrarse en su único anhelo –. Queremos ese hijo como sea doctor.

Stella miró fijamente a su interlocutor zambulléndose en sus propios pensamientos, pero el triste reflejo que ahora cubría como un fino velo sus pequeños ojos, no fue captado por Saull Bogg, y éste comenzó a incomodarse.

... Aquello le había ocurrido a menudo con el resto de la gente, pero nunca con ella. Por este motivo no entendió que a esas alturas lo estuviera haciendo, aunque quizá ese era su modo de vengarse por haber sido provocada sin motivo justificado. No estaba seguro de ello, no obstante nunca había mostrado curiosidad hacia él, ni diversión, ni indiscreción, y ahora para ser la primera vez, se estaba pasando de la raya. Sí, le debía estar haciendo mucha gracia su aspecto, la suma en sí de lo que era, o al menos, de lo que la gente se empeñaba en ver, un pobre individuo bajito, prácticamente calvo, y cómo no, con un grave problema de sobrepeso...

– Ya veo la escasa importancia que le da al hecho de que a estas alturas sigamos sin poder confirmarle un éxito rotundo – Bogg estaba verdaderamente ofendido – no se trata sólo de la concepción de un nuevo ser, señora Hallen, aun llevando todo el proceso a buen término debe tener en cuenta la posibilidad de que puedan surgir nuevos inconvenientes, aún más de los que ya hemos barajado y que quizá estos últimos obstaculicen definitivamente su desarrollo. Hay demasiados factores en juego ¿sabe? – Stella fijó su mirada en la de él, su estúpida perorata comenzaba a parecerle verdaderamente innecesaria –. Asimismo tampoco parece preocuparle el sacrificio que requerirá mantener vivo este proyecto, el giro que dará su vida cuando salga de aquí con su hijo en los brazos huyendo de la sociedad y prescindiendo en la medida de lo posible, de mantener una relación estrecha con otro ser humano. Recuerde que lo que vamos a hacer está desautorizado por el propio gobierno, este tipo de operaciones se encuentran específicamente fuera de la ley, por lo tanto su aislamiento será total hasta el fin de sus días, de otro modo podría levantar sospechas y verse inmersa en un escándalo...

Stella acabó reaccionando, su aparente autocontrol terminó por pasar a la historia:

– Lo sé perfectamente, conozco el plan al dedillo y se lo repito ¡espero que por última vez!, estamos dispuestos a arriesgarnos, a realizar cualquier sacrificio... – Stella enmudeció visiblemente consternada – «¿estamos?, pero sí, Dave... Dave...»

Saull guardaba silencio mientras mordía pensativamente su labio inferior. Debía estar seguro de que la determinación que había mostrado desde un principio la insípida dama, continuaba ahí, intacta. Ése era su trabajo además de colaborar con el resto del equipo cuando definitivamente decidieran seguir adelante dándola el hijo que tanto deseaba...

Stella continuó apenas con un hilo de voz:

– Y ahora lo único que le pido, doctor, es que dejen de atormentarme innecesariamente y que se encarguen de hacer su trabajo lo antes posible, por mi parte prometo hacerlo lo mejor que pueda.

– Lo haremos, cumpliremos con nuestro trabajo, créame.

Continuó para sí – «pero aún falta un detalle».

El holograma de su secretaria personal, interrumpió proyectándose en el centro de la modesta sala. La nueva presencia había sido precedida por suaves y cortos pitidos, pero el dúo no escuchó esta sutil advertencia.

– Señor... – los dos individuos la miraron ávidamente y su pequeña cara redondeada se sonrojó – acabo de recibir el informe que me pidió acerca de los últimos exámenes psicológicos realizados a la señora Stella Urnikov – Stella Hallen se mordió la lengua – según el especialista todo está en orden, ¿quiere que le transfiera una copia para revisarla en estos momentos?

– No gracias Silvia, puede retirarse.

La mujer lumínica obedeció desapareciendo al instante.

– Bien... – Bogg volvió su atención rápidamente hacia Stella – supongo que se siente satisfecha ¿no es así?

– No dudé de mí en ningún momento, doctor – su actitud volvió a ser la de siempre, nuevamente cada músculo volvió a su lugar. Aquel informe era lo que ambos necesitaban para concluir aquella última entrevista de una vez por todas.

– Lo imagino, pero incluso ahora, con el resultado del informe psicológico en mi poder y aun a riesgo de poder parecerle descortés puesto que personalmente sé cuál es su respuesta, sigo viéndome en la obligación de recordarle que aún tiene la oportunidad de echarse atrás si lo creyese conveniente, si lo ha pensado mejor o algo no la convence... Nadie la reprocharía nada, ya lo sabe, toda esta operación se ha puesto en marcha por y para usted, pero como la dijimos en un primer momento, si decidiese suspenderla incluso el día anterior, es decir ahora mismo, todo quedaría en un simple proyecto.

El cerebro de Stella Hallen dio un par de saltos mortales. No podía creer lo que estaba oyendo. Aquel miserable no sólo estaba insinuando que debía resignase a perder a su marido puesto que ya no se podía hacer nada por él, ¡no podían hacer nada por él!, sino que además debía renunciar a lo que se había convertido en su única razón de vivir, lo único que le daba las fuerzas suficientes para seguir luchando ¿y por qué? ¡Por comodidad!

Sintió unas ganas enormes de golpear su mandíbula, pero en vez de eso optó por controlarse, si daba rienda suelta a sus sentimientos podía echarlo todo a perder:

– Debe estar bromeando.

– No, en absoluto, esta es su última oportunidad de olvidar todo este asunto. En realidad estaría en su derecho ya que las garantías que la ofrecemos no son del cien por cien... Mañana procederemos de una vez por todas y cuando el nuevo ser haya sido engendrado, el contrato que firmó con nosotros será definitivamente irrevocable.

– ¿Pero cómo es posible que pueda pensar ni por un momento que yo...?, ¿que he podido cambiar de opinión? – Se abalanzó prácticamente sobre la mesa –. ¡No he tomado esta decisión por egoísmo, ni siquiera porque piense que voy a sentirme sola, doc-tor! Todo esto lo hago por amor, ¡amor!, ¿sabe lo que es eso? Quiero a mi marido y no voy a permitir que él me abandone del todo. Espero no tener que explicarlo de nuevo ¿me ha escuchado? – El tono de su voz subió varios decibelios más –. No sé si pretende intimidarme. Sé que ustedes darían cualquier cosa porque me echase atrás, porque dejase las cosas tal y como están, porque no les complicase más la existencia y simplemente me limitase a vivir como una pobre y desdichada viuda cuando Dave... Si es eso lo que intentan, me temo que pierden el tiempo. Creí haber dejado claro que estoy dispuesta a conseguir lo que me he propuesto pase lo que pase. ¡A cualquier precio! ¿O acaso aún no lo tiene del todo claro doctor?

Bogg prefirió no contestarla inmediatamente, ¡pero era cierto que lo tenía claro!

Cuando aquella mujer fue a darles su ultimátum ya lo había arreglado todo, si no la ayudaban, su plan tendría efectos retroactivos, su suicidio constaría sin lugar a dudas como un asesinato puesto que para cumplir con sus amenazas estaba dispuesta a quitarse la vida. Y dejó muy claro a quien le imputarían este trágico suceso...

La mente del científico volvió a dar cabida a las interminables amenazas de ella:

– ... no tengo miedo a enfrentarme a lo que haga falta ¿Y usted, es ese su caso?

– Bueno, verá, yo... – el científico recapacitó durante unos momentos, con aquella mujer debía medir continuamente sus palabras – he de confesar que tengo mis reservas, sé que es muy probable que nada falle puesto que supervisaremos la evolución del nuevo ser junto a usted, bueno, no literalmente... pero sabe a qué me refiero. Cualquier problema que pudiera surgir en un futuro sin que éste haya sido tenido en cuenta anteriormente, será solventado, eso se lo aseguro, – sonrió satisfecho – y también que se hará en el menor tiempo posible y sobre todo sin levantar sospechas, sabemos cuál es nuestro trabajo. Lo cierto es que casi podría asegurarle que será feliz, sin embargo...

–¡No empiece otra vez! – Su tono varió insólitamente –... por favor.


... Diez años después...

Se habían tomado ciertas medidas de seguridad para que ambas mujeres pudieran entrevistarse a solas, y por ello ahora una mampara de cristal dividía la sala en dos. ... Abogada y cliente tomaron asiento la una frente a la otra...

Stella esperó impacientemente sin poder hacer otra cosa dado que su cerebro no dejaba de dar sucesivas vueltas, pero Susan no parecía tener demasiada prisa: Se había acomodado en primer lugar dejando su maletín en el suelo, liberando así sus movimientos, después cruzó sus largas piernas, apoyó ambas manos sobre una de sus rodillas, y ahora sonreía con su hermosa cara cuadriculada a la otra mujer, tomándose el tiempo necesario para poner mentalmente cada cosa en su sitio. El primer encuentro siempre le había resultado el más embarazoso, y conociendo la reputación que precedía a esa mujer, suponía que aquél lo iba a ser aún más. Aun así decidió que lo mejor era empezar cuanto antes.

– Siento lo ocurrido señora...

– ¡Hallen!

– Hallen... la verdad es que me hubiese gustado conocerla bajo otras circuns...

– Gracias, pero así son las cosas abogada. – Su voz sonó desafiante al otro lado de la pantalla –. Sabía que esto podía llegar a suceder así que no se preocupe.

Susan Tallie sostuvo tranquilamente la mirada de la otra mujer. Mientras se prolongaba aquel incómodo silencio, observó el arrugado rostro de la detenida mientras ésta, retorcía cada vez más inquieta la parte superior de su blanco uniforme institucional.

La abogada abrió fuego una vez más:

– Bien, agradezco que intente ahorrarme lo que ha supuesto eran formalidades entre abogado y cliente, pero lo crea o no, en realidad desearía saber cómo se encuentra, señora Hallen, y si es posible me gustaría que contestase con la misma sinceridad que ya veo la caracteriza.

Stella alzó su ceño incrédula, sin saber qué decir por primera vez.

– ¿Y bien?

– Teniendo en cuenta lo sucedido creo que estoy bastante bien, gracias y... – se ruborizó durante un instante – le agradezco su preocupación.

Susan le dio las gracias asintiendo ligeramente:

– Tenemos mucho trabajo, así que si no tiene ningún inconveniente me gustaría comenzar cuanto antes.

– Por supuesto.

– Bien, cuénteme cómo empezó todo.

– Ya sabe cómo empezó todo ¿no es cierto? No veo por qué tiene que perder su tiempo conmigo. No podrá defenderme. Cuando firmé el contrato sabía a lo que me arriesgaba, ahora sencillamente he de responsabilizarme de mis actos.

Susan tomó aire soltándolo después muy lentamente:

– Stella... me permite llamarla por su nombre de pila ¿no es cierto? – Hallen afirmó en silencio – Gracias, también usted puede llamarme Susan si lo prefiere, de hecho me sentiría más cómoda y supongo que de eso se trata, de que lleguemos a entendernos... bien Stella, quiero que me lo cuente todo ¿de acuerdo?, limítese a hacer lo que la pido y después únicamente yo decidiré si tenemos posibilidades, pero hasta que llegue ese momento la pido por favor que coopere. Adelante pues.

Stella observó pensativamente a su representante. Ciertamente parecía muy joven, quizá no llegase ni a los veinticinco, y aunque su experiencia tanto personal como profesional aún debían ser insuficientes, su resolución resultaba impresionante, asimismo su inteligencia y carácter parecían suplir con creces su transitoria carencia... Sí, Susan Tallie parecía saber ingeniárselas muy bien, y de algún modo Stella comenzaba a sentir cierta afinidad.

– No sé muy bien por dónde empezar.

– Podemos hacerlo por el motivo principal.

– ¿Motivo principal? – Sonrió sarcástica, después se encogió de hombros –. Todo lo hice por amor, así de simple.

– ¿Por amor a un androide?

Stella se envaró automáticamente:

– ¡Dave no era sólo un androide!

La abogada la observó gravemente en tanto buscaba las palabras idóneas para convencerla una vez más de que aquello no era un ataque.

– Sé que Dave significaba mucho para usted, si no hubiese sido así ahora no estaríamos intentando encontrar el modo de defenderla ante un tribunal. – Penetró a su cliente con sus increíbles ojos negros –. Pero quiero que comprenda que únicamente estoy intentando cumplir con mi trabajo lo mejor que sé y para ello he de ser directa, ¿comprende? Stella ¡yo no la censuro!, la respeto créame, y siento que haya tenido que pasar por todo lo que ha pasado, pero eso no cambia absolutamente nada, los hechos son los hechos, y yo me veo en la obligación de remitirme a ellos...

– Agradezco su comprensión Su... Susan, – Tallie sonrió agradecida – pero él era una creación maravillosa a pesar de los hechos, y esa creación convivía conmigo día y noche, en mis peores y mejores momentos, me entendía casi a la perfección. ¡Cuidaba de mí siempre! ¿Sabe lo que significa tener cerca a alguien así?

– No, pero... – estiró la falda de su traje haciéndose la distraída, debía encontrar el modo de manifestar sus pensamientos sin que aquello pudiese parecer otra nueva embestida – entiendo que intente conferirle humanidad por haberla hecho sentir bien, aunque no debería olvidar que ése era su principal cometido, estaba programado para ello. – Volvió a visualizar directamente a su cliente –. Estamos hablando de un androide de compañía Stella, por lo tanto debemos tener presente que no intentaba satisfacerla en el sentido que podría hacerlo un ser humano, quiero decir movido por sus propios sentimientos y siempre esperando despertar algo en usted a cambio. Dave simplemente seguía su programación, ¡no podía actuar de ningún otro modo!

– Ciertamente, y así fue al principio, los primeros meses podría decirse que era un individuo mecánico en todos los sentidos, pero su comportamiento finalmente cambió...

– ¡Espere un momento! – Tallie se precipitó sobre su asiento –. ¡Eso es imposible!

La acusada tomó aire contemplando a su representante al otro lado de la barrera transparente. Recapacitó durante unos momentos, había estado a punto de mentirla del mismo modo que se había engañado a sí misma durante su intenso romance, pero algo dentro de ella, quizá el deseo de ser honesta con aquella mujer, la hizo contarlo todo tal y como había sido sin añadir ni quitar nada.

– No, no lo es. No me estoy refiriendo a que dejase de comportarse como lo que era, nada más lejos. Lo que ocurrió en realidad fue mucho más simple. Sencillamente llegó un momento en que no pude controlar mis sentimientos y un buen día me eché en sus brazos suplicándole comprensión, necesitaba desesperadamente que me correspondiera de algún modo... ¡Que lo hiciera como fuera! ¡Como fuera! ¡Estaba dispuesta a aceptar todas sus limitaciones y carencias! Pero Dave no comprendió qué pretendía de él, no encontraba una explicación lógica a aquel sentimiento al que yo llamaba amor, así que no pudo actuar satisfaciéndome aunque quisiera. Intenté entonces explicarle qué ocurría en mi interior, qué era lo que él despertaba en mí, le hice partícipe de mis sentimientos, de todos, incluso de los más íntimos. Detallé al máximo mi estado emocional y...

Susan alzó su ceño estupefacta, interrumpiendo por último a su cliente:

– ¿Perdóneme Stella pero con íntimos se refiere a ín-ti-mos?

– Sí ¿qué tiene de malo?

– ¡Pero... usted sabe perfectamente que un androide no puede satisfacer a un ser humano! ¡Fueron privados hace años de sus...!

– Lo sé, pero hay otras formas, y permítame decirle algo – contempló malhumorada a su representante – debería abrir más su mente, al fin y al cabo no es tan complicado. – La expresión de la abogada daba a entender que aún no sabía muy bien a qué se refería –. No soy ninguna pervertida ¿sabe? Sencillamente me enamoré de Dave y supongo que no he de aclarar que cuando surge el amor, el sexo también va implícito en este nuevo estado, ¿o sí he de aclararlo?, porque si es así lo repetiré hasta la saciedad, no le deseaba como objeto sexual, yo le quería. ¡Le quería!

– Creo que sé a qué se refiere, – La abogada deshizo inconscientemente su recogido dejando la abundante melena castaña suelta por completo. Aún no estaba muy segura de comprenderlo, pero al menos lo intentaba – continúe por favor.

Stella tardó aún unos segundos en proseguir, que Susan la conceptuase de ese modo la disgustaba:

– Además de mis sentimientos hacia él, también le explique cómo se relacionaban dos seres que se querían y qué necesitaban el uno del otro, lo hice asegurándole que sólo pretendía vivir una aproximación de todo aquello, con la esperanza de que pudiese adaptarlo todo a su pro... programación – hizo una pequeña pausa, su expresión se tornó lúgubre –. Pero no pudo hacerlo, siguió sin comprender. Su cerebro electrónico sólo alcanzaba a ver la lógica de todo aquello, y ésta le decía que aunque lo intentara jamás llegaría a darme lo que cualquier ser humano, dando por descontado que tampoco obtendría lo que se supone debía obtener a cambio de una relación así, dado que él no tenía capacidad para sentir. Se lo tomó todo al pie de la letra... el pobre me había escuchado atentamente pero no lo entendió.

– ¿Qué sucedió entonces?

– Supongo que todo lo contrario a lo que usted piensa. Aunque podía hacerlo no le ordené que se comportara como si se tratase de mi esposo – contempló su regazo momentáneamente – ¡no podía, el amor que sentía hacia él me impedía verle claramente como lo que era, una máquina que sencillamente estaba a mi merced!, Así que, desesperada, intenté dejarlo estar... pero entonces Dave, ¡Dave hizo algo increíble! – Su mirada se perdió por la sala, sus pequeños ojos habían recibido una nueva luz y a través de ella parecía estar viendo la imaginaria figura de su antiguo amante, erguida frente a ella –. Sin contar conmigo examinó toda la información insertada en su cerebro positrónico sobre mi vida anterior, mi pasado, mis... mis trastornos psicológicos – su atención volvió precipitadamente a la sala – después debió compararlo con todo lo que yo le había contado, con los sentimientos que despertaba en mí ¡ya le he dicho que él intentaba a toda costa cumplir con su programación, con su principal objetivo que era hacer que yo me sintiese bien...!, y supongo que de este modo sí debió aglomerar todo el asunto hasta llegar a la conclusión de que podría actuar como le había pedido, siempre siguiendo un proceso lógico e incluyendo todas sus limitaciones... y a partir de ese momento cumplió perfectamente con su cometido comportándose casi como un verdadero esposo.

– Supongo que fue únicamente de puertas para adentro ¿no es así?

– Así fue. ¡Sé que resulta difícil de creer, y es posible que no entienda cómo pude llegar a enamorarme de él hasta ese punto, pero es todo más sencillo de lo que parece! Simplemente nunca en mi vida llegué a congeniar con ningún hombre como lo hice con él, para mí todos resultaban iguales después de mi última experiencia... – Al llegar a este punto Hallen comenzó a temblar manifiestamente –. Dave nunca me hizo daño, él me trataba bien sin pedirme nada a cambio, me escuchaba... me respetaba e intentaba hacer que me sintiese cómoda prestándome sus servicios con toda la ternura de que él era capaz, siempre estaba pendiente de mí. Me ayudó a superar todos mis temores, a relacionarme poco a poco con los demás, me hizo sentir como nunca... ¿¡Tan difícil es de entender entonces, dígame Susan!?

– Mirándolo así desde luego que no.

Pero Susan Tallie había estado a punto de perder el hilo de la conversación. Las últimas declaraciones de su cliente la habían dejado pensativa, tanto que no pudo evitar dejarse arrastrar por ellas y ponerle mentalmente un principio a toda esa historia, el principio que Stella había esquivado deliberadamente.

Dave Hallen, o mejor dicho el androide de compañía denominado como AC120 se le había asignado por una causa muy concreta; su estado psicológico.

Stella Urnikov nunca llegó a ser una afamada escultora, pero amantes de este arte siempre aseguraron que podría haberlo sido, y todo fue gracias a la influencia y malas artes del que creía era el amor de su vida, su marido, un simple inspector de hacienda del cual Susan no quería ni recordar el nombre, éste se había encargado de impedir que Stella continuase con su trabajo y a cambio de este enorme sacrificio, estuvo a punto de hacerla perder la vida...

Dieter Khinner, doctor privado de la familia, fue quien decidió poner fin a esa situación después del último suceso. Sin pedir permiso a su marido llevó a Stella a su hospital y tras curarle las heridas físicas, la encomendó al equipo psicológico. Al equipo psicológico femenino...

Tras un exhaustivo examen se descubrió que Stella además de una fuerte depresión, sufría de androfobia, y contrariamente a lo esperado no respondió a ninguna de las terapias preestablecidas. Habían intentado por todos los medios que la desdichada mujer aceptase la presencia masculina sin agredir a los demás y agredirse a sí misma, pero resultó inútil, todos los intentos resultaron fallidos.

Buscaron entonces otras alternativas y llegó la que parecía ser la única solución viable, el tratamiento definitivo. Stella iba a recibir un fuerte shock sin saberlo, viviría tan aislada como quería, sí, pero en compañía de un androide masculino trasladado a su hogar previamente a su alta. La presencia de éste la haría enfrentase irremediablemente a la realidad: Estaría en todo momento con ella, llegando a convertirse en su sombra, su presencia humanoide la recordaría inconscientemente a la de un hombre en todo momento, pero en este caso el androide tendría toda la paciencia que un humano no podría tener y soportaría los malos tratos que los demás no soportaban. No podría evitarle aunque quisiera.

De este modo y asistida en todo momento por la misma máquina, no tendría más remedio que acabar aceptándolo primero a él y más tarde al resto del mundo. Dave se encargaría de convencerla de que nadie más la iba a hacer daño...

Susan había vuelto apenada a la conversación:

– ¿Adónde pretendía llegar con aquella relación, Stella? Sabía perfectamente que Dave, como todos los AC tenía una fecha de caducidad a pesar del trabajo que realizaba, y sabe muy bien por qué... Usted no es el primer ser humano que se enamora de una máquina. ¿Acaso no recuerda lo ocurrido hace aproximadamente un siglo, el revuelo que se montó en torno al caso TN3?

– Eso fue hace mucho tiempo y se trataba de un simple experimento. Estudiaron el comportamiento de una pobre mujer para precisar de antemano cómo reaccionaría la gente cuando androides extraordinariamente humanizados conviviesen entre nuestra sociedad. – Stella demostró estar muy bien documentada.

– Así es, pero también ella se enamoró de ese androide, y sabe perfectamente que después de este primer caso fueron sucediéndose aún muchos más. ¿Acaso no recuerda que incluso ciertos individuos intentaron legalizar el matrimonio entre el hombre y la máquina? ¡Aquello fue una locura! Por este motivo ¡porque las cosas se estaban saliendo de madre!, se privó a todos los AC de sus supuestos órganos reproductores dado que no podían negarse a seguir las órdenes impuestas por sus amos cuando éstos les ordenaban mantener relaciones con ellos, además, para reforzar esta medida, se impuso esa especie de fecha de caducidad que no era otra cosa que la remodelación exterior de la máquina y la reprogramación de su cerebro, se borró todo vestigio de su anterior... personalidad, así su antiguo arrendador no podría intentar seguirle la pista. Y ahora dígame, desde entonces ¿cuantos casos de enamoramiento se han dado?

– Sólo el mío.

– Eso es – suavizó su tono – ¿y por qué Stella? Porque asimismo la ley estipuló que ningún ser humano, ni siquiera la propia máquina, debía conocer la fatídica fecha. Sólo así se pudo impedir esa antigua locura colectiva. Y con todo esto ¿intuye adónde quiero ir a parar? , ¡a que sabía lo que sucedería tarde o temprano!, Dave sería sustituido cuando cumpliese con su cometido, tal vez un tiempo después, pero sólo era cuestión de tiempo... sabía que se estaba condenando y sin embargo, ¡sin embargo no lo impidió!

– No pude.

–¿¡Pero por qué!?

– Ya se lo he dicho, le amaba, y he de añadir algo, volvería a pasar por todo lo que pasé. No sabe hasta qué punto para mí mereció la pena.

La abogada percibió cómo el vello se le erizaba:

– Gracias por la aclaración, Stella, de veras. – Cogió su maletín hasta el momento olvidado extrayendo de él el expediente de su cliente, lo repasó sin poder concentrarse en él. Lo cierto es que las últimas palabras de aquella mujer la habían descolocado por completo –. Supongo que desde fuera se ve todo de distinta forma...

Intentó volver a repasar algunas de sus notas y llegó al meollo de la cuestión. Según los apuntes, cuando Stella fue consciente de que no podría vivir sin Dave, ésta se dirigió a La Diseño y División de Androides Terrestres para pedir que hicieran algo, necesitaba que estuviera con ella para siempre, si no era así, aquello acabaría con su salud mental definitivamente... Pero había llegado demasiado tarde. Su ex marido se le había adelantado, nadie sabía cómo había conseguido la información sobre la vida actual de su ex esposa y mucho menos su paradero, puesto que la vida de aquella mujer fue finalmente vetada para él, pero según el informe consiguió todo lo que buscaba y los vigiló tan de cerca, tanto, que llegó a descubrir el inusual romance.

... E inmediatamente actuó. Ninguno de sus compañeros o superiores sabía a ciencia cierta cuál había sido el final, la verdadera historia de su ruptura matrimonial, el inspector se cuidó bien de ocultar ciertos aspectos adversos de su personalidad, de este modo fue imposible que sospecharan de él cuando manipuló las computadoras de su departamento destinándose a sí mismo la inspección de la empresa “La División”, sus compañeros sólo fueron conscientes de que ésta llevaba demasiado tiempo sin ser controlada como él muy bien había demostrado, y eso era inadmisible...

... El antiguo equipo médico había advertido a la DDAT de que aquel tipo podría merodear algún día por allí si llegaba a sus oídos que Stella convivía con un AC, pero para cuando el sujeto llegó solicitando la fatídica inspección, a nadie se le ocurrió comprobar su identidad comparándola con la de la ficha de su cliente. Si lo hubiesen hecho – pensó Susan – podrían haber alegado cualquier cosa, cualquier excusa para ganar algún tiempo y haber informado a la perjudicada.

De cualquier forma los datos de los últimos años de actividad de la DDAT pasaron a formar parte de la información computerizada del ministerio, todo, fechas de fabricación, desactivación, prestaciones desempeñadas por cada modelo, fechas de alquiler de los mismos, ganancias por parte de La División gracias a estos arrendamientos, en fin un largo etc... y todo aquel montón de datos únicamente significaban una cosa; a partir de ese momento Dave estaba más fichado que nunca, ahora debería ser desactivado irrebatiblemente cuando llegase su momento, cumpliendo así con las normas establecidas.

Pero ahí no acabó todo, cuando llegó a los oídos del inspector que Stella había sido informada por la propia DDAT, que había ido corriendo en pos de la salvación de su amado, hizo público aquel romance y la desaparición de Dave se hizo aún más inminente. Conociendo su antiguo estado anímico y temiendo una nueva recaída, la ley dio entonces a la mujer el tiempo suficiente para despedirse de él y hacerse a la idea de perderle... Este tiempo fue aprovechado por la DDAT para llevar a cabo sus propósitos ya que Stella Urnikov, les había obligado a actuar amenazándoles con suicidarse e imputándoles posteriormente el suceso. Injustamente se había cometido negligencia, ¡y precisamente con ella!

Cuando terminó su revisión, Tallie comenzó a escribir algo en un trozo de papel:

– ¿Cómo se llegó a pensar en dar vida al bebé? – Continuó sin visualizar a Stella.

– Se aprovechó la sentencia del juez para poder llevar a cabo el proyecto. La justicia me concedía, digamos que más que el derecho el privilegio de llevar una vida en paz, aislada de la gente y sobre todo de... de él, a cambio sólo debía jurar no volver a infringir la ley y cumplir con mi juramento.

– Pero... – Susan levantó la vista paulatinamente – es absurdo que la hiciesen jurar tal cosa, ¿quién no sabía que ya no tenía derecho a alquilar a ningún androide más?, ¿que incluso la DDAT fue amenazada?

– Tiene razón pero supongo que me obligaron a hacerlo para poder advertirme de que si volvía a infringir la ley sería seriamente castigada para dar con ello ejemplo, la pena de cárcel pendería sobre mi cabeza como de hecho ahora pende.– Cerró sus ojos oprimiendo sus lagrimales, continuó hablando de este modo, como si lo hiciese para sí –. Bien, como decía, dejaron que yo misma escogiese el lugar donde vivir apartada, pero con una única condición – levantó su vista – debía estar siempre localizada puesto que en cualquier momento podría recibir la visita de un asistente social, éste o ésta controlarían cada poco tiempo el transcurso de mi vida asegurándose de que todo seguía en orden...

Susan contempló a la mujer de pelo plateado mientras ésta permanecía en silencio. La abogada esperó un tiempo prudencial intentando adivinar si estaba buscando cómo expresar lo que tenía que decir, o simplemente ya no estaba allí. Por último no la quedó más remedio que intervenir:

– Stella, aún no ha contestado a mi pregunta.

– Eh... bueno, sí... – tardó aún en reaccionar. Susan no entendió qué sucedía ahora –. En primer lugar he de aclarar que sólo existía una forma de conservar a Dave y ésta era copiar toda la información contenida en su cerebro a un nuevo cerebro positrónico, Dave sería desmantelado íntegramente y así constaría en la computadora y a los ojos de cualquier insensible justiciero, pero su esencia, o al menos una copia exacta, seguiría viva dentro de un cuerpo jamás configurado hasta el momento, pero creado especialmente para la ocasión, un diseño ilícito del que nadie podría sospechar – se volvió a detener, pero esta vez Susan no hubo de amonestarla – ¿cómo sospechar si todo el proceso se realizó en riguroso secreto, sin que absolutamente nada constase en lugar alguno?

– Pero ¿por qué no trasladaron toda la información al cuerpo de un androide adulto... también ilícito?

La acusada sonrió tristemente pensando que la edad de su joven abogada impedía una comprensión total y absoluta del asunto, sí, sencillamente sus todavía jóvenes hormonas no la debían dejar pensar con claridad. Su sonrisa se disolvió, un violento ataque de tos la sobrevino sin más ni más.

Susan se incorporó en su asiento pero ella hizo señas de que todo iba bien, aunque aún mostraba algunos síntomas de asfixia cuando decidió continuar:

– Su obcecación por el sexo resulta increíble... ¡la única forma de hacer que Dave continuase conmigo aprovechando las imposiciones de la justicia, era configurarlo como a un niño, créame! De otro modo podríamos haber levantado sospechas... Y bien, como me disponía a explicar, al principio su apariencia exterior no varió, antes debían desarrollarse los acontecimientos de tal modo que todo se volviese poco a poco verosímil.

– ¿A qué se refiere?

– A eso que no consta en su expediente, a lo que sé a ciencia cierta que no le han contado, a que primero debía desarrollarse una supuesta historia de amor entre uno de los habitantes del pueblo fantasma y yo para que de este modo nadie pudiera poner en duda más tarde que ambos habíamos concebido a Dave. Mi amante, lógicamente no era más que alguien pagado por... esa empresa, y después, también supuestamente me abandonó... Verá, es todo más sencillo de lo que parece, como de costumbre... únicamente hube de ocultar a Dave hasta que toda esta historia se desarrolló, siendo por último completamente creíble romance, embarazo etc., después, sencillamente el niño apareció en el momento adecuado, nada más.

– ¡Pero entre tanto recibió visitas de los asistentes!

Un nuevo ataque de tos. Esta vez se puso del color de la grana, pero volvió a pedir a su abogada que por favor tomase asiento:

– Así fue. Y como le dije lo oculté cada vez que vinieron, ¡no es tan complicado!, no es lo mismo intentar ocultar a un niño que en cualquier momento puede hablar, gritar o incluso estornudar que... que ocultar a mi hijo – su respiración se había acelerado considerablemente, y ahora su frente resplandecía por el sudor.

– Entiendo. Stella ¿se encuentra bien? – La otra afirmó cabeceando, reprimiendo los últimos espasmos de la tos –. Bien, continuemos entonces... vivieron durante nueve años aproximadamente en una pequeña aldea canadiense donde apenas había quince habitantes, este era uno de los pocos lugares donde no habían llegado sino escasos rumores sobre su atípico romance debido a su inusual aislamiento... – Su voz se había tornado ominosa, el nuevo estado de su cliente ciertamente la preocupaba. Aun así continuó con su trabajo mientras volvía a garabatear –. Ahora dígame ¿cómo hicieron para simular que Dave se desarrollaba normalmente?

– A partir del momento en que se suponía que el niño tenía que empezar a crecer, el grupo de personas encargado de efectuar las transformaciones simuló pertenecer a mi familia, traía consigo el equipo necesario para realizar las nuevas modificaciones físicas como si se tratase de víveres dado que no había tiendas, ni escuela ¡ni nada! Cada aldeano se las ingeniaba como podía y gracias a esta razón pudimos hacerlo todo de una forma aún más natural, todo lo que necesitábamos nos lo traía la gente de la, la sociedad – no podía evitar su obstinación, aún continuaba hablando de La División como si de una sociedad médica se tratase. –... y del resto me encargaba yo, me refiero a otros aspectos como el de la presunta enseñanza del pequeño, supuestamente yo misma le impartía sus clases.

– Pero ¿no sospecharon del comportamiento del niño, aunque Dave tenía apariencia humana debemos recordar que... que... bueno ya me entiende?

– La verdad es que no resulta tan extraño. Mi vecino más próximo vivía a un kilómetro aproximadamente de mí, asimismo, tanto mi hijo como yo siempre nos comportábamos de forma similar, lo cierto es que me acostumbré de tal modo a su comportamiento que yo... acabé actuando casi como él. Aun así, ¿no es cierto que existe gente extraordinariamente introvertida? ¿Por qué entonces mi hijo y yo no podíamos pertenecer a esa clase de personas? – Susan observó que Stella había pasado en un santiamén de ser esposa fiel a madre increíblemente protectora ¡y todo ello lo había promovido la misma persona! – Sencillamente no nos relacionábamos con los demás porque no queríamos, así de fácil, y así transcurrieron los años hasta que...

– Llegó por última vez aquella visita ¿no es así?

– Así fue. – Su respiración se volvió una vez más dificultosa.

– ¿Qué ocurrió exactamente? – La abogada observó a través del cristal que Stella había palidecido notoriamente, el tono de su tez ahora se había vuelto blanco-azulada.

– Bueno, todo transcurría normalmente, la asistente social, Lucy, tomaba su té sentada en el sillón como de costumbre, – los ojos de la acusada se llenaron de lágrimas, pero no por ello dejó de hablar – ambas charlábamos tranquilamente calentándonos al lado de la chimenea... No sé, charlábamos sobre cosas inconcretas, experiencias pasadas, opiniones ¡qué sé yo! – Agarró fuertemente su pecho, pero enseguida sonrió a Susan tranquilizándola –. Dave estaba en su cuarto, lo cierto es que intentaba no presenciar durante demasiado tiempo aquellas visitas utilizando la excusa de siempre... los chiquillos prefieren jugar en su habitación antes de escuchar las nimiedades que tienen que decir sus mayores ¡aquello siempre funcionó! Pero Lucy, aún no entiendo por qué, de repente le llamó. – Volvió a estrujar su pecho abriendo la boca para poder respirar. En su cara se alternaban diversos colores. Susan se había levantado de su silla, contemplándola impotente mientras la otra continuaba medio inconsciente.

–... Empezó a hacerle un montón de estúpidas e inconexas preguntas, él las evadía como podía dado que yo le sugerí hacerlo si llegaba el momento, pero entonces ella... – un nuevo ataque de tos estuvo esta vez a punto de asfixiarla – ella se debió molestar por sus continuas evasivas y ¡Oh Dios! ¿Puede creerlo? ¡Precisamente... precisamente le ordenó comportarse adecuadamente!

Susan permaneció por unos momentos sin saber qué hacer cuando ya el cuerpo de la acusada se había desplomado sobre el suelo produciendo aquel extraño sonido. Stella acababa de sufrir un ataque al corazón...

... Decidió salir a dar una vuelta, sus ojos estaban demasiado hinchados a pesar de que habían pasado un par de semanas. Pero antes leyó sus notas por última vez.

«Antes de llevar a cabo la segunda fase del experimento... llamémosle Dave... la DDAT realizó algunos exámenes psicológicos a mi cliente para determinar si soportaría la nueva carga, su nueva vida en completa soledad, la zozobra que suponía recibir en cualquier momento la visita de un asistente social... »

«Bien, y yo me pregunto ¿Por qué los de la DDAT no pensaron en hacerla esos mismos exámenes psicológicos cuando el equipo médico del hospital les pasó su informe y con él a su futuro cliente? ¿Cuando recomendaron como terapia un simple androide? ¿Por qué escogieron precisamente al AC120? Supongo que para cumplir con su cometido cualquier otro androide de aspecto un tanto más vulgar hubiese servido... Estoy mirando algunas fotos adjuntas al expediente de Stella y debo reconocer que Dave era realmente increíble, pero, no puedo llegar a entender cómo volvió a cometerse el mismo error que con el TN3 aunque en aquella ocasión se tratase de la U.S. Robots. ¿¡Pero en qué pensaban!? ¡Cualquier persona en su sano juicio sería capaz de intuir que un enfermo mental amante del arte, y en general de la belleza, se enamoraría irremediablemente de su medicamento!»

Susan rasgó el papel, sus ojos se habían vuelto a llenar de lágrimas.

 

 



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