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PLAN "LA LECHE"

Luis Miguel García de Amézaga
mickel35artista@wanadoo.es
http://perso.wanadoo.es/kismi
España

 

El presidente de la asociación de vecinos ha decidido convocar un referéndum para que nos constituyamos en “República independiente Vecinal”. El Alcalde de la ciudad ha declarado que eso es una locura, que él no es quién para convocar nada. Pero los hechos van consumándose. El presidente de mi barrio dice que somos el distrito más antiguo y con más solera de la ciudad, que somos un barrio con señas propias de identidad: nuestra parroquia, nuestros comercios, nuestras aceras, nuestra gente, nuestra forma de ser, nuestra propia orografía urbana... Dice que debemos asociarnos en un estatus de cosoberanía, de igual a igual con el resto de la villa. El alcalde alega que no podemos separarnos del resto de la ciudad, y que sin separación no puede hablarse de alianza. Dice también que una parte no es el todo, ni se puede igualar al todo. Una parte necesita de las otras para completar la ciudad. ¿Pero quién va a impedir que nosotros de forma democrática, a través de unas votaciones digamos lo que queremos ser? Nuestro presidente, con buen criterio, afirma que los habitantes del barrio decidiremos nuestro destino libremente. Tenemos derecho a tomar las riendas de nuestro futuro sin depender del Ayuntamiento. El Alcalde, un poco nervioso, replica que es ilegal y absurda esta pretensión. Que para hablar de derechos primero hay que tener muy presentes las obligaciones con los demás. Sólo los niños, o los jetas, hablan de derechos sin cumplir con ninguna responsabilidad. Y tampoco se puede permitir, dice, el llevar a cabo durante años una “limpieza” censal de barrio. Nuestro presidente le ha tachado de fascista imperialista, y de sostenerse en el pensamiento único. Nos sentimos invadidos, y no sé por qué los de otros sectores van a coartar nuestras legítimas aspiraciones. ¿Van a impedir los suburbios o el centro de la ciudad que seamos república asociada con soberanía plena? ¡A ellos qué les importa! ¡Qué hablen los vecinos de nuestro barrio!

Hoy Domingo, después de la misa y la ración de perretxicos en el bar de la esquina, hemos votado. El recuento ha dado 300 papeletas para el SÍ y, 200 papeletas para el NO. ¡Ya somos la república independiente Vecinal! El Alcalde nos pregunta qué vamos a hacer con esos doscientos que no están de acuerdo. Que se integren. Sospechamos que son inmigrantes de los alrededores y es legítimo que hayan venido aquí a prosperar, pero han de respetar nuestra idiosincrasia y nuestras reglas.

El Lunes, al día siguiente de las elecciones, nos mirábamos los unos a los otros algo desconcertados. La República independiente presentaba el mismo aspecto de siempre. La gente sacaba dinero de los cajeros y hacía sus compras en el mercado. Otros tomaban sus coches e iban a trabajar, incluso a otras zonas de la urbe. Algo había que hacer para remarcar las diferencias entre nosotros y el resto, o esto parecería simplemente un capricho megalómano del presidente de la asociación de vecinos por subirse el rango a Presidente de la República Independiente. Nos pusimos a ello. Primero tomamos nuestra propia enseña, con dos colores: blanco y verde, y un dibujo en el centro que representaba una hermosa corona sobre un monte. Colgamos banderas en todos los balcones de la República. También teníamos que hablar diferente para que no nos entendieran los de fuera. Así que añadimos fonemas a todas nuestras palabras y acabábamos siempre las frases con una zeta prolongada. También quitamos carriles para los coches, y les hicimos circular a todos por el centro de la calzada, y así evitar adelantamientos peligrosos y excesos de velocidad. El peluquero de mi calle nos hizo a todos los vecinos de la República un corte de pelo ideado por él, que nos distinguiría también físicamente. Escribimos unos estatutos propios, y establecimos unas tasas para la recaudación de fondos con los que crear nuestras infraestructuras diferenciales. Incluso creamos un equipo nacional de fútbol. Ya lo teníamos casi todo y nadie de fuera vendría a decirnos cómo hacer las cosas. Quien mejor conoce la vida económica y social de la “República” son nuestros tenderos y vecinos de los patios. Cuando nos trasladamos a otros barrios ya nos señalan con el dedo, pero nosotros erguimos la cabeza y mostramos con orgullo nuestra identidad; incluso cojeamos un poco al andar para que se sepa quiénes somos. En el Ayuntamiento siguen sin reconocernos, pero no nos importa. Romperemos el aislamiento internacional por las bravas. Muchos son los que se rebelan contra el mundo globalizado que no respeta a las minorías. Mantendremos relaciones, si hace falta, con barrios independientes de La Habana, Caracas, o Gibraltar. Y si hemos de defender nuestros derechos, lo haremos hasta con la sangre (de los demás a ser posible). Porque nuestra Historia – sobre la que ya hemos escrito varios libros – nos avala. ¡Viva la República independiente Vecinal!

Los problemas comenzaron cuando los habitantes de la calle “Revoltosa”, una de las calles más grandes a las afueras de la República, se organizaron para independizarse. Argumentaban que el centralismo de la República Independiente del Barrio no les representaba. Que los vecinos de esa calle tenían una problemática distinta y una sensibilidad diferenciada. Para demostrar estas palabras, el peluquero de esa calle había ideado un corte de pelo novedoso para sus convecinos. Al parecer, se le ocurrió en algún viaje a África (y es que viajar tiene estos problemas...). Ahora están los de la calle “Revoltosa” revisando los archivos para encontrar datos irrefutables acerca de su trayectoria emancipada. Consideran que antiguamente el barrio los anexionó con maneras invasoras y sin atender a la identidad propia de los vecinos de esa calle.

Dejo en manos de los ideólogos del Plan “LA LECHE” la solución a estas disputas que de tan verídicas no sabe uno si llorar o reír.

 

 



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