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LA GRAN IMPOSTURA: NINGÚN AVIÓN SE ESTRELLÓ EN EL PENTÁGONO.

Alejandro Ángel
Estudio a partir del libro del mismo título.

 

"LA GRAN IMPOSTURA: Ningún avión se estrelló en el Pentágono"

Thierry Meyssan
La Esfera de los Libros,
Madrid, mayo del 2002.

 

 Introducción

"En este período en que Estados Unidos separa el Bien del Mal, nos esforzaremos por recordarle que la libertad no es creer en una visión simplista del mundo, sino comprender, ampliar las opciones y multiplicar los matices." (p. 14)

 
PRIMERA PARTE: Una escenificación sangrienta

CAP. I: El avión fantasma del Pentágono "Para causar los mayores estragos, el Boeing debería haberse estrellado contra el techo del Pentágono. A fin de cuentas era la solución más simple: la superficie del edificio es de 229 acres. En cambio, los terroristas prefirieron estrellarse contra una fachada, aunque su altura fuese sólo de 24 metros. El avión se acercó repentinamente al suelo, como para aterrizar. Manteniéndose en posición horizontal, descendió casi a la vertical, sin dañar las farolas de la autopista que bordea el aparcamiento del Pentágono, ni siquiera rozándolas con el soplo de su desplazamiento. Sólo una luz del aparcamiento quedó seccionada. El Boeing chocó contra la fachada del edificio a la altura de la planta baja y la primera planta. Todo sin dañar el magnífico césped del primer plano, ni el muro, ni el aparcamiento, ni el helipuerto. En efecto, en ese lugar hay un área de aterrizaje para pequeños helicópteros.
A pesar de su peso (un centenar de toneladas) y de su velocidad (entre 700 y 400 km./hora), el avión sólo destruyó el primer anillo de la construcción." (pp. 23-24)

"La versión oficial no es más que propaganda. Lo que queda de ella es que 125 personas murieron en el Pentágono y que un avión que transportaba a 64 pasajeros desapareció. ¿Cuál es la causa de la explosión que afectó al Pentágono? ¿Qué sucedió con el vuelo 77 de American Airlines? ¿Sus pasajeros murieron? Si es así, ¿Quién los mató y por qué? Si no, ¿dónde están? Muchas preguntas a las que la Administración norteamericana debe responder." (p. 29)

"En resumen, sólo un misil del ejército de Estados Unidos de América que emita un código amigo puede entrar en el espacio aéreo del Pentágono sin que se desencadene la descarga de contramisiles. Este atentado sólo puede haber sido cometido por militares norteamericanos. Si la administración Bush falsificó el atentado del Pentágono para enmascarar problemas internos, ¿no pudo también ocultar algunos elementos de los atentados ocurridos en el World Trade Center?" (pp. 32-33)
 
CAP. II: Cómplices en tierra

"Pilotos entrevistados confirman que entre ellos pocos son capaces de planear una operación así y para pilotos aficionados la excluyen formalmente. En cambio, existe un medio infalible para lograr ese objetivo: utilizar balizas. Una señal emitida desde el blanco atrae al avión, que es guiado automáticamente. Por otra parte, la existencia de una baliza en el World Trade Center es atestiguada por radioaficionados que registraron su señal. Fue detectada porque interfería las emisiones de las antenas de televisión situadas en las torres." (pp. 39-40)
 
"Sea como sea, el choque de los aviones no permite explicar la caída de un tercer edificio, la Torre 7. La hipótesis de una desestabilización de los cimientos fue descartada por la Sociedad Norteamericana de Ingenieros Civiles: en efecto, la Torre 7 no se inclinó, sino que se desmoronó sobre sí misma. La pregunta ya no es '¿fue dinamitada?', sino '¿qué otra hipótesis puede formularse?'

Aquí es donde interviene una exclusiva del New York Times. El World Trade Center, que se creía era un blanco civil, escondía un blanco militar secreto. Quizá miles de personas perecieron porque servían, sin saberlo, de escudos humanos. La Torre 7 -aunque quizá también otros edificios y los sótanos- escondía una base de la CIA. En los años cincuenta, cuando era una simple oficina de espionaje de las delegaciones extranjeras en la ONU. Esta base, con Bill Clinton, había extendido ilegalmente sus actividades al espionaje económico de Manhattan. Los principales recursos del aparato de información norteamericano habían sido desplazados del espionaje antisoviético a la guerra económica. La base de la CIA en Nueva York se había convertido en el centro mundial de la inteligencia económica más importante." (pp. 41-42)
 
"... según el balance oficial del 9 de febrero de 2002, los atentados de Nueva York habrían provocado un total de 1843 muertos (...) Este balance es muy inferior a las estimaciones iniciales y deja pensar que, a pesar de las apariencias, los atentados no buscaban provocar pérdidas humanas a la máxima escala." (...) el periódico israelita Ha'aretz desveló que Odigo, una empresa líder en materia de mensajería electrónica, recibió mensajes de miento de Continuidad del Gobierno y refugió a los principales dirigentes políticos. El presidente Bush negoció con los atacantes por la tarde y al atardecer volvió la tranquilidad. Así pues, los atentados no fueron dirigidos por un fanático que creía impartir un castigo divino, sino por un grupo presente en el seno del aparato del Estado norteamericano que logró dictar su política al presidente Bush. Más que un golpe de estado que pretendía derrocar las instituciones, ¿no se trataría de una toma de poder por parte de un grupo determinado oculto en el seno de las instituciones?" (p. 54)
 
CAP. IV: El FBI hace aspavientos

"... la teoría de los kamikazes ha sido confirmada por documentos manuscritos en árabe de los que el FBI publicó una traducción inglesa (...) empiezan con la exhortación 'en nombre de Dios, de mí mismo y de mi familia' (sic), mientras que los musulmanes -a diferencia de muchas sectas puritanas norteamericanas- no oran jamás en su propio nombre, ni en el de su familia. Asimismo, el texto incluye en un recoveco de una frase un tic del lenguaje yanqui que no tiene lugar en el vocabulario coránico: 'debes afrontarlo y entenderlo al 100%' (sic)." (pp. 58-59)
 
"El FBI presenta a Mohammed Atta como el líder de la operación. En diez años, este egipcio de 33 años habría vivido en Salou (España), luego en Zurich (Suiza) -donde, según los investigadores, habría comprado, claro está, con tarjeta de crédito, los cuchillos suizos para poder desviar los aviones- y por último en Hamburgo (Alemania).
 
Junto con otros dos terroristas cursó estudios de electrónica, sin dar nunca de qué hablar, sin dejar entrever nunca sus convicciones extremistas. Supuestamente, al llegar a Estados Unidos se reunió con sus cómplices en Florida, siguió cursos de pilotaje en Venice e incluso se pagó algunas horas en un simulador de vuelo en Miami. Preocupado por ocultar su integrismo, Mohamed Atta se esmeró en frecuentar el Olympic Garden de Las Vegas, el mayor cabaret de topless del mundo. Este agente sin igual se dirigió a Boston el 11 de septiembre, en un vuelo interno. Teniendo en cuenta el poco tiempo de enlace entre ambos vuelos, perdió las maletas durante el tránsito. Al indagar en éstas, el FBI descubrió vídeos de entrenamiento para el pilotaje de Boeing, un libro de plegarias islámicas y una vieja carta en la que anunciaba su intención de morir como un mártir. Atta fue identificado como el jefe del comando por un miembro de la tripulación que telefoneó desde su móvil durante el desvío del avión y que indicó su número de asiento: 8D.

¿Debemos tomar en serio estas informaciones? Habría que admitir que Mohamed Atta procuró durante 10 años ocultar cuidadosamente sus intenciones y que se comunicó con sus cómplices siguiendo procedimientos estrictos para escapar a los servicios de información. Con todo, en el último momento dejó multitud de indicios tras de sí. Aunque era el líder de la operación, se arriesgó a perder su enlace aéreo el 11 de septiembre y finalmente logró tomar el vuelo de American Airlines 11, pero sin recuperar las maletas. De hecho, ¿quién iría cargado con maletas para suicidarse?
¡Más ridículo aún! ¡El FBI afirma haber descubierto el pasaporte intacto de Mohamed Atta entre las humeantes ruinas del World Trade Center! Se trata de un verdadero milagro: todavía nos preguntamos como ese documento pudo 'sobrevivir' a tales peripecias..." (pp. 59-60)
 
"Ahora bien, como hemos señalado, el lejos de realizar una investigación criminal, el FBI se esmeró en hacer desaparecer las pruebas y amordazar a los testigos. Apoyó la versión del ataque externo e intentó darle credibilidad divulgando una lista improvisada de piratas aéreos y fabricando pistas falsas a su conveniencia (pasaporte de Mohamed Atta, instrucciones de los kamikazes, etc.). Esta operación de manipulación fue orquestada por su director. Robert Mueller III. Este hombre indispensable fue nombrado por George W. Bush y había empezado sus funciones precisamente la semana anterior al 11 de septiembre. ¿Esta pseudoinvestigación se realizó para instruir un proceso justo o para ocultar las responsabilidades norteamericanas y justificar las operaciones militares venideras?" (p. 66)
 
El libro se completa con una segunda parte (MUERTE DE LA DEMOCRACIA EN ESTADOS UNIDOS) y una tercera (EL IMPERIO ATACA).

En ellas, respectivamente, se analiza el proceso de construcción de un enemigo que alimenta el pánico en los Estados Unidos y que inmediatamente se ha exportado a buena parte del mundo, justificando así los "plenos poderes" de Bush y el consiguiente recorte a las libertades individuales; y luego, respondiendo al interrogante de quiénes se benefician con esta "Cruzada" antiterrorista, nos presenta a un lobby del petróleo, próximo a la familia Bush, fortalecido y en condiciones de continuar con sus negocios multimillonarios en la zona del conflicto y a un lobby militar e industrial, responsable de multiplicar hasta límites absurdos el poderío bélico de Estados Unidos, consolidando así su hegemonía planetaria y haciendo válida la siguiente afirmación de Meyssan:
"... en un mundo ahora unipolar desde la disolución de la Unión Soviética, el terrorismo parece definirse como toda forma violenta de contestación al liderazgo norteamericano." (p. 143)
 
EPÍLOGO
 
"Si el lobby energético es el primer beneficiario de la guerra de Afganistán, el lobby militar e industrial es el gran vencedor del 11 de septiembre. De ahora en adelante se colmarán sus esperanzas más desorbitadas. Ante todo, el tratado ABM, que establece los límites al desarrollo de armamento, ha sido unilateralmente denunciado por George W. Bush.
Por otra parte, no sólo el director de la CIA no fue el destituido ante el aparente fracaso del 11 de septiembre, sino que de inmediato se aumentaron los créditos de la agencia en un 42% para llevar a cabo la 'Matriz del ataque mundial'. El presupuesto militar de Estados Unidos, que no había dejado de disminuir desde la disolución de la Unión Soviética, conoce un incremento tan repentino como vertiginoso. Si se acumulan los créditos suplementarios entregados con urgencia después de los atentados y los aumentos presupuestarios previstos, en los dos primeros años de la presidencia de Bush se traducirán en un aumento del 24% de los gastos militares. En cinco años, el presupuesto del ejército de Estados Unidos será de más de dos mil millones de dólares, cuando la carrera armamentística ha terminado y no tienen a ningún enemigo importante. El presupuesto militar de Estados Unidos es a partir de ahora igual al total de los presupuestos de los 25 mayores ejércitos del mundo después de Estados Unidos. Las partidas mejor dotadas son las que afectan al espacio y las operaciones secretas, lo que demuestra la nueva predominancia en el aparato de Estado norteamericano de la alianza entre los responsables de las operaciones secretas (reunidos en torno a George Tenet) y los partidarios del Ejército Espacial. Estos últimos están agrupados en torno a Donald Rumsfeld y el General Ralph E. Eberhart, actual comandante en jefe del NORAD y principal oficial superior que dirigió las operaciones de control aéreo del 11 de septiembre de 2001.
La evolución que ha tomado la administración norteamericana tras los acontecimientos del 11 de septiembre parece anunciar mucha 'sangre, sudor y lágrimas', de acuerdo con las palabras de Winston Churchill. Queda por saber ahora quién cargará con los gastos en el planeta." (pp. 169-170)

 

 



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