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¿ES POSIBLE HABLAR DE UNA CIENCIA DE LA POLÍTICA?

Marco Amaury Fierro González
amaury@lujuria.com
Toluca, México
Marzo de 2002

Las pláticas de café son algo delicioso, porque además de resultar amenas pueden resultar muy constructivas; nunca se sabe en que momento alguien pueda aportar un comentario que conduzca a la reflexión. Y esto viene a colación ya que fue, precisamente, una cafetería la testigo de una apasionante plática sobre política que un amigo y yo animadamente entablábamos. La discusión se había generado en torno a una tesis digna de ser analizada: La Política no puede ser concebida como ciencia, sino como arte.

Mi amigo no podía digerir la idea. simple y sencillamente no la asimilaba y no concebía a la política como tal. Yo apoyaba la tesis. Al escuchar la palabra política mi mente inmediatamente formaba la imagen de Mirabeu dando uno de sus apasionados discursos en la Asamblea Nacional o a Maquiavelo escribiendo a la luz de una vela El Príncipe, ya ambos, el francés y el italiano, pueden ser considerados como artistas, entendido éste como toda manifestación estética que realiza el hombre a través de la imagen, el sonido o la forma.[1]

Pero entonces mi interlocutor sentenció: “El arte no se corrompe, la política sí”. Lo demás es simple silogismo. La Política no es arte, luego, sólo puede ser ciencia. Y fue entonces cuando decidí sumergirme en una investigación en torno al asunto para poder dar respuesta a la cuestión con la que éste texto da inicio.

Por lo tanto, sería prudente comenzar definiendo al objeto de análisis.

¿Qué es, o qué se entiende por Política?

La pregunta por sí misma deja abierto un gran margen de respuestas. Bien puede ser el arte de conseguir, mantener y acrecentar el poder, a la manera de Maquiavelo; o bien, la dirección o influencia sobre la trayectoria de una entidad a la que se le conoce como Estado.[2]

Pero la Política abarca un concepto menos escueto. Las anteriores definiciones equivalen a decir que la pintura es la manifestación artística que, a través de la forma y el color, representa personas o cosas. Punto. No decir nada más, cuando en realidad existen tratados enteros sobre pintura. La Política, comparada con el arte de Picasso y Dalí, tiene en el político su pincel y en las masas que ha de dirigir, el lienzo.

El pintor retoca cada uno de sus cuadros, suelta pinceladas para ir dándole vida, observa, profundiza, siente el color. El político profesional, el político por vocación, como lo define Weber, tiene que afinar constantemente todas sus cualidades. La pintura se vale de los trazos más delicados, el político de su facultad de gracia, del carisma; la pintura nos permite ver el sentir del autor, mientras que la habilidad de palabra, propia del político, nos muestra sus intenciones; la pintura emociona, el político líder motiva; en fin, la Política puede ser vista desde todos los ángulos, puede ser escuchada, vista, leída, sentida.

La historia misma de la Política es una obra de arte por sí sola. Comprender y estudiar todo el trabao mental y práctico de hombres como Maquiavelo, Mirabeau, Danton, o el mismo prototipo del antipolítico, Robespierre, nos lleva a formular hipótesis en torno al significado del concepto arte político, que se puede resumir en tres palabras: parcialidad, lucha y pasión, que son los elementos del político, del caudillo político.[3] Parcialidad necesaria para poder dar preferencia, cuando llegue el momento, para saber elegir entre el político por necesidad y el político por vocación; lucha, por todo el trabajo que implica llegar y mantener el poder; y finalmente, pasión, que unida a una causa, transforma al ser humano común en político.

Más no por todo lo anterior se puede afirmar que la Política carece de una base ontológica clara. Utilizando el sistema de controles plásticos,[4] concepto que define de una mejor manera la realidad política, obtenemos que esta última consta de ideas -decisiones, metas y propósitos humanos- en constante e intensa interacción con otras ideas, así como con el comportamiento humano y el mundo físico.[5] Y no por eso, la Política pierde su categoría de arte.

Ahora, existen varios especialistas sobre el tema que se han inclinado por la idea de aplicar el método científico al estudio de la política, y en este afán la Política ha tendido, en las últimas décadas, a perder el contacto con su base ontológica. Por esto último, filósofos de la ciencia han puesto en duda la posibilidad y conveniencia de aplicar a asuntos humanos la estrategia de las ciencias exactas.[6]

Pero continuemos con el juego de las definiciones. A continuación hace acto de presencia un término que nos ha de acompañar en lo que resta de este escrito: ciencia. Entendida como el conjunto sistemático de métodos y técnicas utilizados por el ser humano para comprender los fenómenos que le rodean;[7] la ciencia ha sido protagonista clave en la historia del desarrollo humano. Para una mejor comprensión, hagamos de cirujano y usemos el bisturí para analizar cada uno de los componentes del concepto.

Es sistemática, es decir, se vale de un método de investigación riguroso para conseguir una serie de resultados. Dentro de las divisiones de la ciencia que se comportan de un modo similar a este, podemos encontrar a la Física, la Química y las Matemáticas. cada una de éstas ramas del saber, aplica determinadas técnicas y, además, trabaja en la mejora de estas, pero no sería factible para los resultados que se desea obtener, que se cambiara del clásico método (observación, elaboración de hipótesis, experimentación, comprobación, formulación de teoría o ley), a algún otro más empírico.

En resumen, podemos observar que existen claras diferencias entre la ciencia y la política, y que a simple vista son irreconciliables por el mero hecho de aplicar técnicas de investigación disímiles; pero en este espacio no cabe el necio que diga, y se cierre, que la Política sólo es arte y nada más. Mucho menos la posición contraria.

La Política si es arte, aunque no todo su estudio es artístico.

Ejemplo al canto.

La investigación científica es un acto eminentemente racional respecto de un fin que es la verdad.[8] La ciencia es, por lo tanto, un aspecto del proceso de racionalización característico de las sociedades occidentales modernas.[9] Por su parte las ciencias de la historia y la sociedad, si bien responden a la misma inspíración racional que las ciencias de la naturaleza, continúan manteniendo importantes diferencias entre sí.

Las ciencias sociales, incluidas la política y la historia, se caracterizan por ser comprensivas, históricas y referentes a la cultura.[10] Respecto a las dos últimas, no podemos afirmar que son lo suficientemente regulares como para plantear hipótesis específicas sobre todos los fenómenos que conllevan.

Comprendamos otra cosa: la ciencia se orienta hacia la validez universal, hacia la posibilidad de dar forma a una verdad común que de la respuesta a la cuestión que dio comienzo a la inevestigación. En los casos particulares (nacionales o regionales) no se puede afirmar de manera total lo mismo.

En el libro de Raymond Arond,[11] el autor realiza una pregunta muy interesante en torno al asunto ¿cómo puede existir una ciencia objetiva -es decir, no falseada por nuestros juicios de valor- de las obras cargadas de valores?. La finalidad de la pregunta es demostrar que no se puede aplicar el método científico de Galileo a las Ciencias Políticas, porque los fenómenos que estas estudian no tienen características similares con los estudiados por las ciencias de la naturaleza.

Pero Aron no es tajante. Eduardo Guerrero, investigador del ITAM y el CIDE, y doctor en Filosofía Política por la Universidad de Chicago, hace patente el hecho de que la Matemáticas, por ejemplo, son una excelente herramienta de ayuda para la Política y propone un esquema que explica el proceso de onvestigación de las ciencias sociales, y que deriva del concepto de Elección Racional.[12]

En dicho esquema, donde se plantean los supuestos niveles de investigación social, surge el estudio de las variables, para posteriormente validar o invalidar el tema objeto de estudio. El Dr. Guerrero comenta también sobre la importancia de la Estadística en las Ciencias Políticas. Argumenta que el análisis y recopilación de datos son herramientas básicas que permiten sustentar mejor cualquier tesis; de igual modo, permiten conocer ciertos indicadores que a corto o largo plazo, habrán de generar algún movimiento en las estructuras sociales.

Pero puntualicemos, tanto la elección racional, como la estadística, pueden ser vistas como herramientas externas a los procesos políticos reales, y que, indudablemente, darán una mejora a cualquier investigación de carácter social existente.

Por lo tanto, a manera de conclusión general, puedo afirmar que la política es un arte, al cual se le puede definir de muchos modos dependiendo la óptica desde la cual se le observe. No he querido meterme en cuestiones éticas por todo lo que implica, pero me permitiré mostrar un fragmento de Weber en torno a esto último: “Los profesionales de la Política, o los aspirantes a serlo, necesitan obligadamente tomar conciencia de las paradojas morales que implica la profesión, así como de su responsabilidad (…) Insisto en que quién se dedica a la Política establece un pacto táctico con los poderes satánicos que rodean a los poderosos”.[13] Y esta afirmación la hace después de dar cuenta del hecho relativo a que los valores de los gobernados no pueden ser los mismos que los del gobernante; son códigos moralmente distanciados y que no se pueden medir con la misma vara.

Retomando, la Política es arte, pero necesita de la ciencia para desarrollarse mucho mejor y para avanzar desde el punto de vista científico. Las disciplinas sociales requieren de una filosofía de la ciencia propia que posibilite un auténtico acercamiento a la realidad humana.

El enunciado anterior me lleva a la conclusión de que si se puede hablar de una ciencia de la política, pero no aplicando el concepto común de ciencia que todos conocemos, sino forjando uno más particular.

Más allá de eso, me atrevo a hacer una segunda afirmación. La Política es arte, es ciencia, pero también es praxis, y aquí aparece el punto neurálgico de todo el ensayo. Discutir si es ciencia o arte, carece de sentido cuando ninguna de las dos es aplicada correctamente a la realidad; y en éste mundo cada vez más complejo (y acomplejado), hacen falta auténticos políticos, héroes modernos capaces de conjuntar la técnica artística con el conocimiento científico - social, para derivar en naciones donde exista un auténtico orden y un real estado de bienestar.

Así sea.



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[1] Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

[2] Weber, Max. El político y el científico. p.7

[3] Weber, Max Op. Cit. p. 25

[4] Sistema de controles plásticos: Concepto originado de las metáforas que el politólogo alemán Karl popper utilizaba para definir los tipos de fenómeno que puede estudiar la Política, y que se refiere a una conceptualización de la realidad social, También indica el hecho de que a los integrantes de los grupos sociales no los dominan las ideas, sino que existe una especie de retroalimentación entre éstas y el hombre. (Vease A Discipline divided de Gabriel Almond y Raymond Aron)

[5] Almond, Gabriel. Clouds, Clocks and the Study of Politics p. 67

[6] Ibid. p. 63

[7] Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

[8] Denominamos comportamiento racional por finalidad, a aquel que se orienta exclusivamente, según los medios que uno representa (subjetivamente) como adecuados a fines aprehendidos, de manera equívoca. (Vease Essais sur la théorie de la science, Plon. p. 328)

[9] Aron, Raymond. Las etapas del pensamiento sociológico. p. 226

[10] Ibid. p. 229

[11] Op. Cit.

[12] Elección Racional o Rational Choice. Corriente de estudio de las Ciencias políticas que defiende la idea de la aplicación del método científico, con el fin de maximizar las ganancias y reducir los costos y riesgos de los actores políticos.

[13] Weber, Max. El político y el científico p. 57

 

 



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