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LA VENGANZA DE MIRABEAU, O LOS JÓVENES Y LA POLÍTICA DE HOY.

Marco Amaury Fierro González
amaury@lujuria.com
Escrito ganador del Primer Lugar Nacional en el Concurso de Ensayo Político 2002, convocado por el Instituto Mexicano de la Juventud.
Toluca, México

 


"En una democracia,
todos los habitantes son políticos,
directamente o a través de la representación"
Fernando Savater

"Homo sum, nihil humani a me alienum puto." Pareciera que la frase de Terencio ya no es actual, que ya no aplica a los tiempos modernos. En las sociedades actuales cunde un sorprende y cada vez más creciente indiferentismo por los fenómenos que nos atañen como conjunto de entes en comunidad. Dicho indiferentismo puede abarcar varios niveles: desde ignorar los programas y medios de carácter informativo o cambiarlos por emisiones más relacionadas con el ocio, hasta tomar el periódico, leer sobre el genocidio en Kosovo o la dramática situación del campo mexicano y seguir desayunando sin perder el apetito. Pero también existen aquellas personas que ni siquiera le echan un vistazo a los noticieros o al periódico, mejor dicho, que ignoran el acontecer del mundo que les rodea y que no se preocupan por conocerlo.

La Política y la Economía, así como otras ciencias de la sociedad sufren del mismo mal, son ignoradas por la gente común, la base social, por aquellos que son fuerza trabajadora, campesinos, obreros, comerciantes informales y demás. Por supuesto, son ignoradas con justa razón, ya que la prioridad es llevar el pan y después lo demás. Quizá sea una buena excusa para aquellos responsables del sustento de una familia, pero existe un sector social que sin justificación alguna se desentiende olímpicamente de las cuestiones de gobierno. Me refiero, pues, a los jóvenes. Aclaro, esto no es proselitismo ni comercial del IFE, pero es necesario hacer énfasis en el papel que la juventud jugará en el nuevo y aun amorfo escenario político.
Dicha motivación por el tema se gesta al observar el modo en el que se maneja el poder en nuestro país. Una veterana oligarquía mueve los hilos del destino nacional, haciendo caso omiso o mínimo de las protestas que se generan a su alrededor; pero, por lo menos, existen los que protestan. La mayoría de los jóvenes, por desgracia, sólo se queda mirando y, peor aun, existen aquellos que ni siquiera se atreven a mirar.

Con el fin de analizar el tópico y como un necesario ejercicio de reflexión, presento en éste escrito una opinión acerca de la participación política de los jóvenes, de algunos avances, de los muchos tropiezos y, finalmente, un horizonte sobre lo que se debe y lo que se tiene que esperar de la juventud en el panorama político de mañana.

I. Zoon politikon.


La pregunta inicial sería ¿A qué se debe el interés del hombre hacia los modos de organización social y de gobierno?. Los grupos humanos de la antigüedad ya se cuestionaban acerca de las mejores formas de gobernarse, para así poder modelar el aparato que habría de designar las acciones del grupo en cuestión. No es parte del presente análisis ahondar en los tipos de gobierno, sino comprender el papel de los sectores sociales, la juventud principalmente, en la elección de una u otra forma.

Valgámonos de un silogismo para ir desmenuzando este complicado entramado de ideas e historia. Por un lado Zenón de Elea, el primer anarquista, que convencido de las bondades natas del hombre pugnaba por la no existencia de instituciones rectoras, ya que sólo complicarían las relaciones que por naturaleza existen en el ser humano; por el otro lado aparece un Aristóteles que, tajantemente, cataloga al hombre como un animal político, dicho de otra manera, el hombre es un ente social. Convive con otros hombres. Pero al no ser todos sus semejantes bondadosos, honestos e imparciales, surge la necesidad de una ciencia, disciplina o arte que permita regular los modos de convivencia social y que además permitiera un estudio de los mismos. A esta disciplina se le llamó "Politikéi", que más allá de complicadas teorías y definiciones, debe entenderse como el arte de la sana convivencia, a base del respeto recíproco. A ésta definición, que quizá se le pueda tildar de romántica, cabría agregarle algunas características particulares derivadas del "modus vivendi" de las sociedades actuales, el cual es producto de los acelerados cambios demográficos y económicos que se han venido dando en los últimos años.

Posterior a Grecia, vinieron todas las ideas políticas de Hobbes, Maquiavelo, Montesquieu y principalmente, Rosseau, que con su teoría del contrato social establecía las reglas del juego entre gobernante y gobernados. Pero en vista de que ya no son muchos los que creen y respetan el Contrato Social y de que la convivencia ya no es un acto libre y voluntario, sino una casualidad impostergable, a la Política la podemos entender hoy como el arte de manejar razonablemente los intereses creados.

Ahora, no se trata de abundar demasiado en la cuestión de definiciones, pero es necesario entender nuestro campo de estudio para así poder darnos una idea de lo que es el animal político aristotélico, categoría de la taxonomía social a la cual pertenecemos todos los que -dudosamente- nos hacemos llamar Homo Sapiens, quienes convivimos con otros seres del mismo género.

II. Maquiavelo no lo es todo en Política.


Una vez definido el objeto, sería correcto repasar brevemente los fines que persigue el mismo para redondear el marco teórico en el que se desarrollará el tema central.

Que el objetivo principal del Príncipe sea, a la manera de Maquiavelo, conseguir y mantener el poder dentro del Estado nadie lo niega; pero la Política también tiene otros fines que, no necesariamente, van de la mano de los intereses particulares de los que gobiernan.

Afirma Ortega y Gasset en su ensayo "Mirabeau o el Político" que uno de los fines más importantes del arte político debe ser concebir un arquetipo de sociedad, para posteriormente encaminar a la misma hacia ese modelo. Por su parte, el también filósofo español, Fernando Savater apunta que la comunidad política que en realidad desee brindar bienestar a sus integrantes debe estar basada en la libertad, la justicia y la asistencia.

Libertad, justicia y asistencia. En una especie de traducción podríamos decir que libertad es el respeto a la independencia individual, es decir, no supeditar ésta a las libertades y derechos de una colectividad, además de la insistencia en la responsabilidad social de cada individuo. Justicia no sólo como la facultación de leyes, sino también la aplicación igualitaria de las mismas pensando siempre en la dignidad humana. Asistencia entendida como la lucha contra la realidad del sufrimiento, principalmente de aquellos grupos más desprotegidos.

Considero que estos tres conceptos son los que Ortega y Gasset hubiera deseado incluir como exigencias mínimas en su definición de arquetipo social; arquetipo en el cual se deben de basar los trabajos del hombre político, Maquiavelo incluso, quien a pesar de que su obra estuviera enfocada hacia el estudio del poder, nunca anulaba en su teoría las libertades individuales, ni negó el papel de la justicia, sólo les dio un enfoque diferente. Incluso, si somos capaces de leer entre líneas podemos darnos cuenta de que el concepto maquiavélico de Política va más enfocado hacia la integración social, concepto que más adelante retomaré.

Con lo anterior concluyo la parte definitoria, que si bien es muy teórica, es importante para la comprensión de las ideas que en el transcurso del escrito, iré desarrollando.

III. ¡Oh juventud, divino tesoro...


Complejidad, diferenciación, pluralidad, rebeldía, pasión, vida.

Eso son los jóvenes. Máquinas de huesos, músculos y mucho sentimiento, que representan hoy en día una importante parte de la población mundial. Son caldo de cultivo para ideas, ideas frescas que pretendan revolucionar nuestra sociedad.

Las y los jóvenes actuales son la generación que trae sobre sus espaldas el peso de un cien años de cambios y la obligación de aligerar el dolor del parto al nuevo siglo y milenio. Pero nada tiene que ver la juventud de hoy con aquellos muchachos de principios del siglo XX que influenciados por la angustiosa desesperanza de Kierkegaard, el nihilismo de Nietzsche y por la inminente guerra entre naciones, no se podían dar el lujo de pensar en un futuro feliz. En cambio, los jóvenes modernos tienen más recursos y oportunidades para corregir los errores del pasado; los jóvenes modernos si podemos aspirar a un Edén en la Tierra, porque hay toda una serie de cimientos de luchas y trabajos atrás de nosotros que nos permiten vislumbrar el edificio de un mañana mejor para las generaciones venideras.

Quizá pueda parecer canción de Chabelo, quizá pueda pecar de optimista, pero yo soy de las personas que creen en la juventud actual como la herramienta para transformar las estructuras sociales erróneas y para redefinir el mundo como lugar para vivir humanamente.

Ya lo dice el verso de Ruben Darío que está al inicio de esta parte, juventud, divino tesoro. Y como tal, dentro de nuestra generación se encuentran las joyas que darán luz y belleza a la opacidad que guerras y pobreza han generado en nuestro planeta.

IV. ...Ya te vas para no volver!


Desafortunadamente, el verso del poeta nicaragüense no concluye con el divino tesoro. La juventud se esta escapando y no sólo desde el punto de vista cronológico.

Además de poseer poca información, la generación juvenil actual se interesa poco por la política, no le atraen los asuntos públicos, es más egoísta y sus actitudes morales son cercanas al cinismo. "Aparentemente estos jóvenes no quieren cambiar al mundo, como los sesentayocheros, tampoco buscan la satisfacción de sus deseos, como los hippies, ni les llama la atención el poder, como a los yuppies", refiero Gilberto Guevara

El párrafo anterior es sólo una parte de la triste realidad en la que viven los jóvenes. La otra, la constituyen las drogas, la cultura del estar bien, el culto de lo individual, Big Brother, la deformada percepción de que el progreso se basa en la constante competencia, las fiestas, la apatía como modo de vida y Adal Ramones, sacerdote del culto a la Santa Madre Televisión, como cabeza e icono representativo juvenil.

Por supuesto, existen excepciones a tan patética realidad, como aquellos jóvenes que desde su escuela se preparan a fondo para entender las realidades sociopolíticas de nuestro país y que piensan como mejorarlas; pero por lo regular, sólo confirman la regla.

Pensar, por lo tanto, en una juventud interesada en las tareas de política parece una utopía, una falacia lejana que nunca llegará a verdad.
No lo creo.

V. Los motivos del joven.


En primer lugar, he apuntado que los jóvenes se desinteresan de las ciencias de la sociedad, Política principalmente, como si no fueran importantes. Entonces yo cuestionaría ¿son los jóvenes los que vuelven la espalda a la Política o es la Política la que les vuelve la espalda a los jóvenes? ¿Quién excluye a quién?.

Que todos los partidos políticos y las instituciones de gobierno tengan contemplados dentro de sus planes de acción y de campaña un apartado para jóvenes, no significa que en realidad se este prestando atención a sus necesidades. Ahí tenemos el actual Plan Nacional de Desarrollo, que nos dedica siete renglones a la juventud mexicana. Pero lo importante aquí no es la queja contra los gobernantes, sino el modo tan lógico de reacción de los jóvenes, que al no ver respuesta o mejora en su alrededor, terminan por concluir que la Política no es ni interesante, ni útil y que en realidad no beneficia a la sociedad. Más bien, es una pantalla, una serie de medios a través de los cuales unos cuantos quieren asegurar su permanencia en el poder.

Continuando con la respuesta a la pregunta, sería interesante realizar una encuesta en profundidad entre las bases de todos los partidos e instituciones políticas, para determinar el porcentaje de jóvenes inmiscuidos, tanto en la militancia como en puestos de trabajo, ver que tanta influencia pueden ejercer o si simplemente son lugares de relleno para hacer parecer que a la juventud se le toma en cuenta. Cabe mencionar, además de lo anterior, que las opiniones de los jóvenes en torno a Política son las menos escuchadas al grado de que cuando un joven hace una argumentación pública por escrito, obtiene una mención, un agradecimiento y adiós. Se olvida que alguien escribió eso o acaba por no dársele la difusión necesaria.
También debemos estar conscientes del papel que juegan los medios de comunicación, que dejan de lado la misión educativa y operan cada vez más en función del mercado y del rating, contribuyendo poco o nada en la difusión de la Política como arte.

Pero aun existe otro motivo más importante...

VI. ¿A qué carajos voy a meterme en esa onda?


Esta es una de las respuestas más usuales entre jóvenes cuando se les pregunta si quisieran inmiscuirse con alguna cuestión política y esto se debe a que no existe un lenguaje adecuado. Me explico. Los jóvenes, entre muchas otras particularidades, compartimos un lenguaje común, propio de cada generación, y durante un tiempo no entendemos muchas cosas si no se nos explican en nuestro idioma (que no son precisamente las groserías y los albures). Al hablar de que no existe un idioma o lenguaje adecuado, me refiero al hecho de que los discursos políticos son tediosos, en la mayoría de los casos, además de indigestantes para inteligencias ávidas de nuevas y frescas propuestas, mentes que no están dispuestas a mantener su atención en el mismo sujeto de la tribuna por más de ocho o nueve minutos; son complicados, porque nos sueltan una sarta de datos, estadísticas y porcentajes que no entendemos porque seamos tontos, sino porque a nuestra edad, un número no significa mucho para nuestra vida. Finalmente, se ha creado todo un protocolo alrededor de presentaciones de líderes, gobernantes y candidatos, que aunque se quieran presentar de modo natural y como hermanos de la comunidad, no dejan ese aire de político de principios de siglo, el cual se refleja en el modo de decir los discursos y de hacer proselitismo y por supuesto, al momento de llevar a cabo las acciones prometidas a la población.

Juicio final de una mente joven: Política igual a aburrimiento.

Y el aburrimiento se vuelve una barrera que impide la correcta comunicación, lo que deriva en generaciones poco interesadas en cuestiones de gobierno y administración pública, faltas de cultura política y que veinte años después estarán reclamando mil injusticias, pero sin los fundamentos adecuados, viéndose entonces en la necesidad de caer en manifestaciones poco civilizadas, lo que a su vez produce más incomunicación y todo porque de jóvenes no hubo el contacto adecuado.

Conclusión: Los políticos no hablan ni comprenden ni tratan de comprender el lenguaje de la juventud y la falta de interés en la Política podemos
juzgarla como una respuesta racional a un orden político que no toma en cuenta a los jóvenes.

VII. Política para jóvenes.


¿Cómo lograr dicho contacto, tan necesario para estimular la participación política de la juventud? Creando Política orientada a los jóvenes.

No quiero decir que se cree un partido político que sólo acepte a personas menores de treinta años. Mas bien, me refiero a la elaboración de un programa, por parte de las autoridades que promueva la importancia de la participación política de los jóvenes, pero que no sea sólo como los comerciales del Instituto Federal Electoral, en los cuales se promueve uno de los más importantes derechos que otorga el modo de gobierno en nuestro país: el voto; también se habla de pluralidad y honestidad y el resto de los valores democráticos, pero esto no es suficiente.

Si en verdad las autoridades gubernamentales desean estimular la participación política de la juventud en nuestro país, sus esfuerzos deben de ir más allá de los spots televisivos (que desde mi punto de vista son malísimos y nada convincentes). Las acciones que se debieran de tomar en este hipotético programa, que bien podría ser denominado Juventud Política o algo por el estilo, debe comprender el incluir dentro de los programas de estudio de las escuelas, bachilleratos principalmente, algún curso de Cultura Política. Reitero, Cultura Política, no historia, no civismo, no ética, no aprenderse todos los artículos de la Constitución.

Cultura Política es comprender las definiciones esenciales de la misma, ya mencionadas al principio del escrito; leer a Maquiavelo, a Gramsci, a Hobbes y a Rosseau, en versiones modernas si es necesario, para entenderlos, para asimilar el modo en el que se gestaron los diversos gobiernos que hoy rigen a los habitantes de todo el planeta; es entender, analizar y reflexionar los objetivos de la Política y distinguir entre el fin justifica los medios y los derechos humanos; es análisis de discurso, lectura entre líneas, inferir significados e intenciones. Cultura política es saber el ¿por qué? del voto y del respeto de los valores democráticos son importantes para mí como persona, ya que si yo no entiendo porque lo hago, menos voy a comprender los beneficios que puede obtener el país.

Todo lo anterior traducido al dialecto de los jóvenes, más digerido, con muchos ejemplos, que son, más allá de libros y escuelas, los mejores maestros.

Dichos cursos deben ser implementados, reitero, en los planes de estudio porque es el modo más sencillo de hacerlos llegar a ellos.

El resto le toca a los medios de comunicación. Es a través de ellos como nos enteramos de los aconteceres y a partir de esto podemos generar críticas y proponer soluciones, y, estoy convencido de ello, los jóvenes son una inmensa fuente de ideas y propuestas, pero en muchos casos no salen a flote porque no se estimula el cerebro.

¿Hay noticieros para jóvenes?

Muy pocos. Los noticieros existentes en televisión han sido criticados por deficientes, pero además son diseñados para adultos, son solemnes, aburridos y no respetan la verdad. Esto puede ayudar a entender la visión juvenil con respecto de la Política. Yo no me intereso en la política porque la política no se interesa en mi.

Además de estos cursos de Cultura Política, es necesario se haga énfasis en campañas dirigidas a jóvenes, no en las que el público sean jóvenes, sino en las que los jóvenes sean parte activa.

Y finalmente promover, a través de medios, cursos, talleres, etc. a la Política como un arte, como una ciencia, incluso, que nos permite entender una buena parte de nuestra realidad. Hay que desmitificarla y bajarla de esa columna cada vez más vieja y roída por el tiempo.

Y por supuesto, hay que redefinirla. José Muñoz Cota nos auxilia un poco cuando dice la política, en este periodo democrático, no es sólo una práctica de orden político e institucional, sino la sangre que sustenta a la misma conducta democrática.

VIII. Epílogo.


Los jóvenes de todo el mundo han sido agentes de cambio en muchas ocasiones, algunas a través de movimientos que regaron mucha sangre, otras a través de revoluciones ideológicas. Su papel histórico puede ser determinante si ellos así lo desean. Pueden ser los creadores de un nuevo pacto social cada vez más incluyente, los reformadores de muchas instituciones que cada vez son más obsoletas. Son los jóvenes quienes pueden cortar el mal ejemplo del Viejo Régimen, o sea, la inercia de la política pragmática e introducir la política de los valores compartidos de la que hablaba Maquiavelo, quien al ver que la unificación de su patria estaba ahogada en conflictos internos que no podían ser resueltos entre otras cosas por la ausencia de un proyecto político de gran envergadura. Eso es, en esencia, lo que le esta faltando a México y es también la bandera que los jóvenes pueden enarbolar para el cambio.

Y a nuestro país le conviene que sean los jóvenes de hoy los que tomen la rienda mañana, pero ese mañana se verá muy lejano sí aquellos responsables de regresar a la política a su verdadero sitio dentro de las artes y las ciencias sociales no realizan las acciones correctas. Se trata de estimular a los jóvenes, no de darles recompensas si entrar en tal o cual partido o si votan por el candidato. De hacerlos ver de otro modo la Política. De entender y retomar el concepto de Max Weber: La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de resistencias tenaces, para la que se requiere al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez

Sólo así podremos aprender mutuamente las diversas generaciones, porque también los adultos tienen mucho que aprender de los jóvenes, y aun no sabemos que pueden hacer una vez que le tomen el amor a la política, un amor sincero como se le tiene a la música o a la pintura.

Mirabeau, el prototipo de político por excelencia, siempre defendió a la Política no porque le hubiera permitido ser un hombre poderoso y reconocido, sino porque cada vez que se paraba en la tribuna, lo invadía la pasión, un sentimiento por cambiar, por crear revoluciones, por dar nuevas esperanzas a la gente que ya no veía ninguna luz. Ese es el amor por la Política, sentimiento que se extravió en alguna guerra o dictadura de los siglos XIX y XX.

Quizá Mirabeau cobre venganza y regrese con su ímpetu a impregnar con ese sentimiento de cambio a todos, sin respetar edades. Ojalá y las generaciones de inicio de milenio tengan la oportunidad de estar bañadas por el espíritu vengador del político francés y que entonces seamos nosotros, los jóvenes, los que hagamos revoluciones ideológicas y demos nueva esperanza a quienes lo requieren.

En el vulgo popular se dice que el amor hace milagros. Quizá.

Pero, como en todos los casos, será la Historia la que juzgue y la que le dé su papel a los jóvenes de hoy y los reivindique como motores de cambio...

...o los recuerde como la generación sin ideales, la generación que dejo ir el verdadero cambio social y democrático de México.

Bibliografía.


Guevara Niebla, Gilberto. Juventud, política y medios. Excélsior. Diciembre 7 de 2000

Muñoz Cota, José. De la malhadada política. Ensayo acotado en Tianguis de letras.

Ortega y Gasset, José y Silva Herzog, Jesús. Dos ensayos sobre Mirabeau FCE. México

Savater, Fernando. Ética para Amador. Editorial Diana. México

Weber, Max. El político y el científico. Editorial Alianza. Madrid

 

 



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